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“Este predio no se vende”

La ampliación de la vía a Tunja, que pasa por la mitad del pueblo, ha generado el rechazo de los lugareños. Los vecinos de la carretera dicen que no van a vender sus casas.

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Son unas 1.500 las personas que están unidas a la voz de protesta. “Este predio no se vende”. Ni el de la tienda ni el de la ferretería ni el del supermercado. Ninguno de los que están al lado de la carretera, que pertenecen al municipio de Gachancipá, y que está en los planes del Gobierno de ser ampliada a cuatro carriles (carretera Briceño-Tunja-Sogamoso). “Este predio no se vende”, repiten una y otra vez los dueños cuando se les habla del tema. “Este predio no se vende”, reza en los carteles pegados en las puertas de las 200 casas que desaparecerían si esos planes se hicieran realidad.

El pueblo ya está dividido en dos. Una autopista lo atraviesa, “bañando de muerte el municipio”, suelen decir sus habitantes, porque religiosamente cada semana hay un accidente de tránsito que, cuando no deja un muerto, ocasiona daños irreparables en las viviendas vecinas.

Al lado oriental de Gachancipá está la iglesia, donde el pasado 6 de septiembre se celebró la misa de defunción de don José Mira Estupiñán: la última víctima fatal que dejó la combinación de velocidad, imprudencia y un sólo paso peatonal subterráneo que nadie utiliza porque apesta a basuras y aguas negras. En el costado occidental está el cementerio, donde fue enterrado el señor Mira. Y en la mitad, la carretera. Por allí desfilaron las personas que acompañaron el funeral de don José, por allí desfilan siempre los ataúdes y las flores y las señoras de luto, que van hasta el cementerio a despedir a sus muertos.  

Ya los habitantes de Gachancipá están acostumbrados a esa vía mortal, pero se resisten a que se amplíe, a que haya dos carriles más separando el municipio. “Nos estarían decretando la muerte. Si construyen esa paralela se llevarían casi la tercera parte del pueblo. Además, ésta es la zona comercial de Gachancipá, entonces dejaríamos de recibir muchos impuestos”, dice Luis Miguel Rodríguez, habitante del municipio, con tono airado, y remata con un: “Este predio no se vende”. Los vecinos que están a su alrededor responden a la arenga, lanzan gritos de protesta y agitan los brazos y ponen en alto las pancartas que siempre cargan y que rezan: “Gachancipá no está en venta”.

Otra vez la carretera

Ya don Pedro Ignacio Bernal Canchón fue desplazado por la carretera una vez. Era 1955. Estaba en la Presidencia el general  Gustavo Rojas Pinilla.  La casa de dos habitaciones, una cocina y un patio enorme fue derrumbada. “Don José, vamos a tumbar su casa porque por aquí va a pasar la primera autopista hacia Tunja”, le dijeron al papá de don Pedro en ese entonces. Fue la compañía Archila Briceño la encargada de hacer el trabajo.

Se tuvieron que desplazar unos 20 metros. Allí construyeron otra casa. Esta vez en una esquina. Una vivienda enorme, de casi una cuadra, de ventanales rojos y construida con ladrillos pequeños. Esa fue la herencia que dejó el señor José a don Pedro y sus hijos. Esa sería la casa que desaparecería si los planes del Gobierno de ampliar la carretera se cumplen.   

La lucha

“Queremos una variante en la parte occidental del pueblo. Esa es nuestra propuesta”, dice uno de los líderes, y las otras personas que lo rodean apoyan la moción. “¡La variante, la variante!”, gritan todos y otra vez agitan los brazos y otra vez levantan los carteles. Recitan las arengas con total coordinación. Cada uno de los 50 o 60 que lideran el movimiento contra la ampliación de la carretera —al que llamaron ‘Ciudadanos por el futuro’— se sabe de memoria cómo ha sido la lucha.

Cuentan que en un consejo comunitario el mismo presidente Uribe le dijo al ministro de Transporte, Andrés Uriel Gallego: “Hagamos la variante en Gachancipá”. Y que la respuesta de Gallego fue: “Presidente, no hay recursos, hay que ejecutar lo que está contratado, la ampliación de la carretera que hay ahora”.

 Y parece ser que esa es la realidad. Así lo explicó Álvaro José Soto, director del Instituto Nacional de Concesiones (Inco): “No hay plata para hacer una variante. Tenemos dos opciones. Una posibilidad es  hacer la doble calzada por etapas: primero se construye la segunda calzada y posteriormente, en un tiempo por determinar, se construye la variante. La otra opción es dejarlo así como está, pero con el tiempo se va a convertir en un cuello de botella y ese va a ser un problema grandísimo para la comunidad”.

Todavía no hay una decisión definitiva. Se han acordado varias reuniones entre la comunidad y el consorcio encargado de la obra, pero no se ha llegado a acuerdos. “No hay plata para hacer una variante”, lo dice Invías. “Este predio no se vende”, afirma la comunidad. Invías asegura que hay unas garantías: “Cuando pasamos por las poblaciones en doble calzadas, hacemos mejoramientos arquitectónicos del espacio urbanístico, construimos los puentes peatonales y los paraderos de buses, ampliamos los andenes”. “Este predio no se vende”, insisten los gachancipeños con tono decidido.

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