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A las tres de la mañana del sábado pasado José Paco Herrera sintió que su casa estaba a punto de caer. “Todo temblaba, las camas se movían, los ganchos de la ropa y las lámparas iban de un lado al otro”, recuerda este hombre de 54 años, quien desde hace una semana tuvo que trasladarse a un estrecho apartamento. Desde enero de este año, cuando iniciaron las obras de la canalización del río Fucha en el barrio Misión de Colombia, en la localidad de Kennedy, la familia Herrera ha tenido que soportar las retroexcavadoras, y la última semana fue testigo de cómo su casa, en la que han vivido durante los últimos 12 años, quedó al borde de un abismo.
Los vecinos se compadecen de don Paco, como le dicen en el barrio. Nadie puede creer que él y su familia hubieran tenido que soportar el terror de sentir cómo casi su casa se desbarata. “Nosotros entendemos que esta obra es para el bien de la ciudad. Lo que pedimos es que nos paguen por nuestras casas lo que valen. Acá llegaban funcionarios diciendo que si no les vendíamos nuestros predios al Acueducto, en la expropiación nos iban a tirar las cosas por las ventanas. El susto fue tal, que doña Isabel, la de la casa junto al parque, se murió de un ataque cardiaco”, dice Blanca Inés Ovalle, mientras mira las máquinas que remueven la tierra.
Desde 2003 la Empresa del Acueducto de Bogotá comenzó con el proceso tanto social, como técnico y jurídico, de la obra de canalización del río Fucha. “Desde hace cinco años hemos realizado un trabajo de acompañamiento con la comunidad. Les notificamos que nos debían vender sus viviendas y les explicamos que la obra que se iba a hacer ahí buscaba separar las aguas negras del río”, explicó Jimena Martínez, de la Empresa de Acueducto.
Las mayores molestias de los vecinos de Misión Colombia son los bajos precios a los que les están comprando sus viviendas. De las 50 familias que deben abandonar el barrio, tan sólo nueve no han aceptado las condiciones que el Acueducto les ha dado. “A mí me están comprando el metro cuadrado a 150 mil pesos y con eso quieren que deje mi casa y me vaya a vivir a otro barrio”, dice uno de los vecinos.
Otros aseguran que aceptaron las propuestas por miedo a que llegaran a sacarles sus cosas de la casa. “Ya nos dieron el 71% de la plata, pero es que con los 50 millones que me dieron a mí, yo no he podido conseguir nada similar a lo que tengo”, dice Ovalle. El Acueducto asegura que ellos no son responsables del avalúo de las casas y que este proceso está en manos de la Lonja.
José Paco Herrera es uno de los pocos que no han aceptado las propuestas del Acueducto y que espera a que se levante el paro judicial para que salga el fallo sobre su proceso de expropiación. El jueves la Policía pidió que se pararan las obras porque consideraban que los habitantes estaban en riesgo.
Sin embargo, al día siguiente los contratistas siguieron trabajando. En este momento los habitantes del barrio están confundidos, algunos no entienden porqué unos recibieron más dinero y tampoco por qué tienen que dejar sus hogares. Por lo pronto, Herrera espera que le solucionen su situación y que el lugar en donde todavía están sus pertenencias, no se desplome con las constantes excavaciones.