
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En realidad, a lo largo de estos siete meses el alcalde Gustavo Petro ha tenido más de un hombre fuerte a su lado.
En esa silla privilegiada, a ondear las banderas del progresismo, se han sentado Antonio Navarro Wolff, Daniel García-Peña, Eduardo Noriega y Guillermo Asprilla. Todos, por una u otra razón, han tenido que dar pasos al costado, así sea de manera temporal, como en el caso de Asprilla, quien está incapacitado.
Bajo ese panorama, con paciencia y rigurosidad, ha ido emergiendo de a poco el nombre de Guillermo Alfonso Jaramillo como nueva mano derecha, defensor a ultranza de una de las administraciones más controversiales y cuestionadas en la historia de la ciudad.
Ahora es el nuevo alcalde encargado y tendrá en sus manos las riendas del Palacio de Liévano al menos unos 20 días, mientras Petro se recupera de su reciente operación.
Pero ha sido sin duda mucho más que eso. Desde que fue nombrado secretario de Salud, en enero pasado, ha sido el mejor ejecutor de la orden perentoria del alcalde, quien les pidió a sus secretarios denunciar públicamente la corrupción en sus respectivas entidades.
Desde que llegó, llegó frenteando. No habían pasado sino unas pocas semanas de su posesión cuando ya estaba casando peleas. Ha denunciado despilfarro en hospitales públicos como el de Meissen y el Simón Bolívar y se ha referido incluso a un carrusel de la salud. Un comportamiento que le ha valido las críticas de algunos opositores que lo señalan de estar actuando como una suerte de contralor.
Su gestión ha sacudido fibras hasta en el Gobierno Nacional, pues la crisis de la salud se ha vuelto tema de primera línea en parte por Jaramillo.
Dicen en voz baja quienes lo conocen que de esa manera aspira a preparar el terreno para su campaña en 2015 a la Alcaldía de Ibagué.
Precisamente allá, en el Tolima, fue donde se empezó a formar políticamente este médico cirujano, hijo de un barón liberal turbayista llamado como él y de una matriarca (exconcejal y excongresista) de nombre Hilda.
Se matriculó joven en el Partido Liberal y, dicen algunos conocidos, arrancó a hacer política con Alberto Santofimio, con quien posteriormente terminó enfrentado.
Liberal del ala radical, fue gobernador del Tolima y representante a la Cámara por las toldas rojas, pero, por diferencias irreconciliables, a fines de los 80 renunció públicamente a esa colectividad y armó un grupo político alternativo en el Tolima.
En eso se parece a su jefe. También en que ambos se atrevieron a denunciar públicamente la presencia de los paramilitares en el país. Jaramillo alzó la voz para advertir que estaban en su departamento.
En 2005 fue uno de los cofundadores del Polo Democrático Independiente y desde entonces su militancia política ha estado fuertemente ligada y respaldada por Gustavo Petro.
Hoy su nombre se vislumbra como uno de los más prometedores de la actual administración, capaz de haberle dado más protagonismo mediático a una cartera tradicionalmente de bajo perfil y de llegar, por unos días, al mismísimo Palacio de Liévano a gobernar.
Mejoría en la salud del alcalde
De acuerdo con la Fundación Santa Fe, Gustavo Petro, alcalde mayor de Bogotá, “ha tenido una evolución clínica satisfactoria posterior a la intervención quirúrgica” practicada el jueves en la tarde. En un comunicado expedido el viernes al mediodía, la fundación informó que “el alcalde se encuentra consciente y en buen estado general” y que, por obvias razones, “continuará bajo estricta observación y manejo médico hasta nueva orden”. El alcalde fue hospitalizado ayer en horas de la tarde después de sentir un fuerte dolor de cabeza. Cuando llegó a la fundación y le realizaron una evaluación médica, se le encontró un hematoma subdural.