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El pasado lunes el Concejo eligió a su presidente para 2014: el liberal Miguel Uribe Turbay. Inmediatamente, trascendió, el alcalde Gustavo Petro le pidió la renuncia a Néstor García Buitrago, secretario de Ambiente. El mandatario habría tomado la decisión tras conocerse que la bancada verde votó a favor de Uribe. Una movida que podría leerse como un reconocimiento tácito de que la administración distrital les entregó a varios concejales verdes puestos estratégicos en la Secretaría de Ambiente.
Desde 2013, cuando el gobierno de Petro necesitaba imperiosamente la aprobación del cupo de endeudamiento y la derogación de la valorización, se supo que el nombramiento de García se había dado para facilitar la entrada de ‘fichas’ de la bancada verde a la Secretaría de Ambiente. En su momento, la decisión no fue vista como un acto de ‘mermelada’ pues, si bien el recién nombrado secretario era el padre de Néstor García Colorado — por entonces secretario del Partido Verde— también era ex M-19, es decir, ‘propias tropas’ del petrismo.
Según progresistas en el Concejo, no es cierto que, como trataron de decir fuentes de la administración, García haya pretendido renunciar desde diciembre. Lo que ocurrió fue que Petro reaccionó, pues sus órdenes no se cumplieron. Desde hace semanas, el alcalde tenía previsto romper los acuerdos entre las bancadas para que los liberales asumieran la presidencia en 2014. Creía que era posible formar una coalición mayoritaria en el cabildo, pero fue derrotado.
Los cálculos de Petro y de su secretario de Gobierno, Guillermo Jaramillo, eran que las bancadas del Polo, verdes, progresistas, la mitad de la U y dos concejales ‘robados’ a Cambio Radical o a los conservadores, se convirtieran en mayorías para poner una mesa directiva favorable a la administración. Los de la U ya estaban asegurados, pues obtuvieron cuotas en Movilidad desde que se votó el cupo, en 2013, y con los ‘godos’ y Cambio Radical, “había que conversar”.
Pero el alcalde estaba advertido. Concejales de su confianza les dijeron a él y a Jaramillo que era improbable romper el acuerdo de bancadas y que, si el objetivo era pasar los proyectos del gobierno, lo mejor era convencer políticamente o negociar individualmente en cada votación (método al que Petro es “alérgico”, según Jaramillo). “Nadie de la U o de Cambio Radical iba a aceptar públicamente que entraba a la coalición de gobierno. Así funcionan esas relaciones”, le dijo un progresista a este diario.
“Desde que salió elegido, Petro les propuso a las bancadas que entraran al gobierno y que, si asumían una cartera, se hicieran responsables públicamente de sus logros y fracasos. Pero eso no les gusta a los concejales. A ellos les encantan los puestos y no las responsabilidades políticas. El alcalde se pudo equivocar en pedir esa renuncia (la de García), porque era reconocer que los verdes estaban ahí. Pero hay que entender que está cansado de los extorsionistas”, dice un cabildante cercano al alcalde.
De todas formas, no habría sido fácil negociar. El año pasado, como no había Ley de Garantías, los puestos que se podían ‘repartir’ eran muchos y ‘jugosos’. Este año no. “Un concejal es como una anaconda. Si se come una vaca (los puestos importantes), no va a querer ir por un ratón o por la promesa de una vaca. Este era un momento imposible para negociar”, dice una concejala progresista.
Para los opositores del alcalde, pidiéndole la renuncia a García, Petro terminó aceptando que en su administración sí había ocurrido lo que ‘le produce alergia’, la negociación de puestos a cambio de favores políticos. Una práctica casi que ‘inherente’ a la política criolla, pero que en el gobierno ‘antimafias’ nunca se había reconocido.