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Mónica Villegas, directora de la fundación Bogotá Cómo Vamos, es quizás una de las voces independientes más autorizadas para hablar de la situación de la ciudad sin ningún tipo de apasionamiento ni sesgo político. El Espectador habla con ella sobre cuál es la realidad que afronta Bogotá, cuáles fueron los logros y desaciertos de la administración Petro, y así adelantarnos al estudio general que presentará en el mes de mayo la organización que preside.
¿La percepción de la gente es que Bogotá va tan mal como decimos en los medios de comunicación?
Es muy difícil decir que la gente piensa que todo va mal o que todo va bien. Lo que sí es cierto es que la ciudad no está bien calificada, la satisfacción de vivir en Bogotá es del 40%, pero lo que sí se puede ver es que esa satisfacción viene subiendo frente a los años anteriores. En la administración Petro, si bien no se presentaron los resultados más optimistas, sí se visibilizó una tendencia hacia el optimismo.
¿En qué aspectos está más optimista la gente ahora que antes?
La gente califica bien algo que va mal y viceversa. No siempre la percepción de la gente es acorde con la realidad de la ciudad.
¿Cuáles son los aspectos en que la percepción va en contra de lo que realmente está sucediendo?
En educación y seguridad. En la primera, la gente califica bien el sector, mientras la calidad tiene problemas. En la segunda sucede al revés: sólo 4 de 10 ciudadanos se sienten seguros; sin embargo Bogotá alcanzó en 2013 la tasa más baja de homicidios en los últimos 30 años. Hubo una disminución de 22,5 homicidios por cien mil habitantes en 2012 a 16 por cien mil habitantes en 2013. Si se compara con otras ciudades de A. Latina se tiene un gran desempeño, pero los ciudadanos la califican mal.
¿Por qué si esos logros son importantes no se perciben?
Los estudios demuestran que la gente se siente insegura no porque haya sido víctima de un delito o haya estado cercana a uno, sino por la falta de confianza en las instituciones. La gente no cree en la policía y el manejo mediático en contra de Petro hizo que la gente sintiera una alta desconfianza, pese a que en seguridad nunca habíamos tenido un logro tan importante como el de 2013.
¿Hay algo en lo que la gente de Bogotá se sienta optimista?
La educación siempre ha sido bien calificada, siendo mejor calificado el sector privado que el público. Sin embargo, este año esa tendencia empieza a cambiar. La satisfacción en la educación privada cae y la satisfacción en la educación publica sube.
¿Eso qué significa?
Puede ser que la inversión que se le está haciendo para mejorar la calidad del sector educativo ya está teniendo un efecto sobre la gente. De hecho, nuestro estudio este año nos reveló que ya un mayor porcentaje de personas dice asistir a la educación publica que lo que decían en años anteriores. Aparentemente aumenta el número de gente que empieza a asistir a la educación pública y la satisfacción así mismo aumenta. La administración Petro tuvo un intento de mejora en la calidad de la educación con la jornada única, el grado 12, construcción de colegios y jardines infantiles haciendo énfasis en la primera infancia, pero hubo un problema de gestión que no permitió ver avances cuantificables.
Políticamente hay una polarización frente a Bogotá. ¿Eso mismo pasa con los sectores y su percepción sobre la administración?
Nuestra encuesta divide a Bogotá en seis zonas que agrupan las veinte localidades. La zona más optimista es la suroccidental. Uno sí puede focalizar algunas zonas donde seguramente la administración ha hecho mayor énfasis en sus políticas públicas y que puede tener un impacto más significativo. Sin embargo, Chapinero muchas veces tiene similitudes con lo que se reporta en la zona suroccidental. Por ejemplo en el tema de basuras, que era uno que nos interesaba analizar por la coyuntura, fue en donde mayor satisfacción se reportó.
Ya que habla de las basuras, sobre el servicio de aseo, aspecto que tiene hoy fuera al alcalde Petro, ¿fue tan catastrófico el cambio de modelo?
Para nada catastrófico. Inclusive, la percepción de la calificación del servicio aumenta tres puntos porcentuales, que puede estar dentro del margen de error. No obstante, se registra un aumento y hoy está por encima del 60%.
Según resultados del DANE, Bogotá fue una de las que más redujeron la pobreza. ¿Eso se debe a políticas nacionales o distritales?
A ambas cosas. No se le puede atribuir la mejora económica de la ciudad únicamente a una política publica local o a una nacional. Cuando uno mira la disminución en la tasa de desempleo y de la línea de pobreza en general, hay una tendencia nacional. No se le puede atribuir a una administración como la de Petro, que duró dos años, que pueda tener un impacto tan contundente en un indicador tan complejo. Eso viene de atrás, de políticas publicas de largo aliento pero que evidentemente Bogotá por su cultura económica permitió que bajaran más.
¿Hubo algún logro en materia económica?
Un tema muy importante es la disminución en la desigualdad. El coeficiente de Gini en Colombia es de 0,56, pero Bogotá por su lado logró ubicarse por debajo del 0,5. Ese resultado es muy importante y se debe a políticas que han estado encaminadas a disminuir la desigualdad y la inequidad.
¿Eso fue sólo de esta administración o cómo se logró?
Con la cobertura en servicios públicos, que no fue un tema exclusivo de Petro, pero sí obedece a una continuidad de políticas de varias administraciones que han procurado llevarle 100% de cobertura a toda la ciudad. Pero de la administración saliente vale la pena resaltar un tema puntual: el mínimo vital, que si bien lo inició Clara López, Petro lo expandió. Muy seguramente eso también influye en la disminución de la pobreza y la desigualdad en la ciudad.