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En un establecimiento comercial de la localidad de Bosa, Apolinar León fue detenido sin alguna justificación mientras departía con sus amigos. Creyendo que todo se aclararía pronto, accedió y acompañó a las autoridades. Esa tarde de marzo empezó su calvario.
"Un policía le dijo a otro: póngale los ganchos que este tiene orden de captura. Yo me puse a llorar desesperado, todos los compañeros gritaban: ayúdenlo, él no es ningún criminal", señala Apolinar al recordar el día en que la vida le dio un giro total.
Un Apolinar León Munévar, también de 44 años, con su mismo número de cédula, tenía orden de captura por hurto agravado y calificado. Nombre y cédula concordaban; así es que, sin más ni más, Apolinar fue condenado a 5 años y 6 meses de prisión.
"Ahí empezó mi sufrimiento, en la cárcel una noche me dio taquicardia, me iba a dar un infarto. De no ser por mis compañeros que me auxiliaron, me muero. Me daba tembladera en todo el cuerpo y no podía tranquilizarme", recuerda Apolinar.
En el barrio en el que vivía nadie podía creer cómo un humilde zapatero de oficio, trabajador, noble y alegre pudiera haber cometido algún delito. Ni él mismo entendía lo que estaba pasando.
Cada día en la cárcel La Picota era peor que el anterior, pagando una condena por un delito que no cometió.
"Yo vine a saber por qué me estaban encarcelando cuando llegué a La Picota. Sólo me decían que estaba condenado, siempre pedía que me hicieran identificación plena de las huellas digitales, porque yo no había hecho nada malo", aseguró.
Le suplantaron la identidad y alguien con su cédula falsificada cometió hurto agravado. Pasó 8 meses encarcelado hasta que estudiantes de último año de Derecho, que hacen parte del Proyecto Inocencia, de la Universidad Manuela Beltrán (UMB), lograron demostrar que Apolinar era inocente.
En el expediente se conoció que el hombre que cometió el delito sufrió un accidente, por lo que fue internado en un hospital de Bogotá. La Universidad Manuela Beltrán, mediante su proyecto, solicitó el historial clínico y conoció que al delincuente le habían practicado una delicada cirugía en una pierna, que había dejado importantes cicatrices.
"Con esa información se comprobó que Apolinar León no era el hombre que había cometido el delito. Se solicitó a Medicina legal que corroborará que el hombre recluido en la Cárcel la Picota no tenía cicatriz alguna y que tampoco había sido sometido a ninguna cirugía. Una vez conocido el informe, Apolinar quedó libre", aseguró Francisco León, monitor de Proyecto Inocencia, de la Universidad Manuela Beltrán.
"Primero me entrevistaron sobre el caso, yo confiaba mucho, le pedí mucho a mi Dios, le pedía que me ayudara a que se aclararan las cosas y se hizo el milagrito, si no hubiera sido por ellos, yo estaría todavía allá", exclamó agradecido Apolinar.
Proyecto de Inocencia
Ese esfuerzo del grupo académico de la facultad de Derecho de la universidad Manuela Beltrán que le devolvió la libertad a Apolinar, nació en 2007 como Proyecto Inocencia, programa pionero en América Latina, que día a día lucha por la justicia en la sociedad.
El proyecto Inocencia de la UMB es impulsado por alumnos de la facultad de Derecho, que decidieron remplazar el tradicional Consultorio Jurídico, que generalmente atiende delitos menores, por casos de mayor complejidad y servicio social.
Ellos no actúan como los abogados tradicionales que atienden a sus defendidos a través de una ventanilla. Tienen la oportunidad de entrar a los patios y conversar con los acusados. Por eso, cada reunión se vuelve como una especie de procesión en la que los internos los persiguen para contarles sus historias.
"Lograr que le otorguen la libertad a un inocente provoca un sentimiento increíble, un sentimiento de orgullo, un sentimiento real, sincero, es saber que lo que estamos haciendo lo estamos haciendo bien", exclama con orgullo Francisco León, monitor de proyecto inocencia.
Con el caso de Apolinar, ya son 4 inocentes los que han conseguido la libertad gracias a esta labor social y académica de la Universidad Manuela Beltrán.
Un segundo caso fue el de un hombre de 36 años, quien había sido condenado a 6 años y medio de prisión por hurto agravado y calificado. Proyecto Inocencia logró demostrar que su medio hermano le había suplantado la identidad.
El tercer caso de éxito fue el de una señora de 60 años, sindicada de participar en una red de estafadores. Ya cumplía un año y medio en la cárcel femenina Buen Pastor. Proyecto Inocencia demostró que una de sus inquilinas le había suplantado la identidad.
Otro de los casos fue el de un hombre, vinculado a un proceso judicial por lavado de activos, luego de que accedió a que su mejor amigo recibiera un giro del exterior a través de su cuenta de ahorros. Proyecto Inocencia aclaró el caso.
En estos procesos se logró la libertad de los inocentes. En otros, tras revisar expedientes y realizar entrevistas se lograron rebaja de penas y otros beneficios. Porque el objetivo es que haya mayor justicia en este país Proyecto Inocencia seguirá en la búsqueda de inocentes en las cárceles del País.