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En apenas un año, los pacientes de un centro de atención de discapacidad intelectual ubicado en la variante Chía Teletón, en un terreno aledaño a la Universidad de la Sabana, han tenido que salir corriendo dos veces del lugar, huyendo de las aguas desbordadas del río Bogotá.
En noviembre de 2010, en menos de nueve horas, el agua casi alcanzaba un metro dentro del Centro de Habilitación Especial (Inteci). Entonces, el seminario San Gabriel de los padres pasionistas en Cajicá les sirvió como refugio a los 90 pacientes. Sólo el 19 de enero de este año pudieron regresar a la sede del centro.
No habían transcurrido tres meses, cuando el invierno volvió a desplazarlos. Las lluvias retornaron y el 15 de abril la casa empezó a cubrirse de agua una vez más. Entonces no corrieron con la misma suerte y las puertas del seminario no se abrieron de nuevo para los pacientes, muchos tuvieron que volver con sus familias y el futuro de los 35 empleados del centro se tornó incierto.
Desde el 8 de julio reabrieron la sede en las canchas de fútbol que el antiguo técnico de la selección Colombia Luis Augusto Chiqui García posee en la zona. Allí permanecen, como asegura preocupado Camilo Bernal, director y fundador del centro, mientras reciben luz verde para volver a la sede que se construyó especialmente para personas con discapacidad mental en 1991.
La preocupación de Bernal no es sólo la nueva temporada invernal. Además de que asegura que las obras de mitigación han sido bastante irregulares, advierte que en uno de los predios aledaños al centro, de propiedad del empresario Carlos Solarte (miembro del Consorcio Solarte, encargado de obras como la Ruta del Sol), hay una compuerta del río Bogotá en mal estado y los vallados del río no han tenido mantenimiento durante el último año.
Aunque la Corporación Autónoma Regional (CAR) ya le requirió a Solarte adelantar las obras necesarias, hasta el momento no se han iniciado los trabajos que mitigarían los efectos del río si se presenta una nueva creciente. El Espectador intentó comunicarse con Carlos Solarte, pero no obtuvo ninguna respuesta.
Lo preocupante es que, según el ingeniero Juan Carlos Coral, del Comité Local para la Prevención y Atención de Desastres (Clopad) en Chía, ese tipo de trabajos les corresponden a los propietarios de los predios y el comité sólo puede intervenir el lugar en momentos de emergencia. Por ahora, está en manos de Solarte que los terrenos vecinos, entre ellos el centro, puedan sacar las aguas lluvias y prevenir una nueva inundación que afectaría cerca de 300 hectáreas si no se repara la compuerta.
Bernal espera que la zona no tenga que vivir una nueva tragedia para que el Clopad pueda intervenir y se hagan los trabajos que aseguren que sus pacientes puedan seguir en recuperación.