Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Entre 1999 y 2000, Bogotá comenzó la elaboración de su primer Plan de Ordenamiento Territorial (POT). En los albores del siglo XXI, los mapas para entender esta ciudad desde la normatividad tuvieron que dibujarse a mano, como si se tratase de la época de la Expedición Botánica, más de 200 años atrás.
Desde marzo de 2008, el Departamento Administrativo de Catastro y la Secretaría de Planeación comenzaron una labor que demandó tres años de arduo trabajo: la integración de la información geográfica de la ciudad.
Como en toda buena burocracia, las instituciones emprendían labores idénticas por su cuenta, gastando el doble de los recursos. Ejemplo concreto: cada entidad compraba una foto satelital de Bogotá, la misma imagen de la misma ciudad, pero comprada dos veces. ¿Cómo afectaba este tipo de descoordinación al ciudadano? “Yo oí el caso de un empresario que llevaba siete años esperando la corrección de un plano topográfico porque cuando llegaba a Catastro le decían que ese plano no servía. Al ir a Planeación, con el documento elaborado por la primera entidad, le informaban que ese plano no era válido”, dice María Camila Uribe, secretaria de Planeación.
Hoy, por primera vez —sí, suena absurdo: por primera vez—, la ciudad cuenta con una única cartografía que, además, está disponible para el ciudadano a través del portal de Mapa Bogotá (http://mapas.bogota.gov.co). Ahora, no se trata sólo de un mapa actualizado de la capital, sino de 500 capas de información que van desde las redes de los servicios públicos (la red de acueducto está mapeada en un 95% de confiabilidad, la de alcantarillado en un 85% y la de gas en casi 100%), las rutas de buses públicos (es posible consultar, insertando dos direcciones, qué ruta de bus le puede servir), los usos del suelo (puede ahorrarse el viaje a Planeación para verificar si el negocio que tiene pensado es permitido en determinada zona) y un largo etcétera de datos para que el ciudadano tome una decisión, prácticamente sobre cualquier tema de ciudad.
En el proyecto, al que continuamente se le añaden datos (planean agregar el censo de árboles, el atlas de Bogotá, que contiene la información demográfica de la capital, y una maqueta en tres dimensiones de toda la ciudad), se han invertido cerca de US$2 millones, préstamos del Banco Mundial y acuerdos de cooperación con el gobierno francés.
“Tal vez lo más importante de todo esto es el enorme esfuerzo institucional que hay para integrar la información, con lo que reducimos la incertidumbre y tomamos las decisiones correctas, con los datos en las manos”, explica Uribe.
Recientemente, el prestigioso Instituto de Estudios en Sistemas Ambientales (ESRI, por sus siglas en inglés), líder mundial en tecnología de análisis geográfico, le otorgó al Distrito un premio latinoamericano por la labor de sistematización e integración de la información topográfica en esta plataforma.