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Se acercan las elecciones locales y, con ellas, la competencia por la Alcaldía en una gran ciudad como Bogotá, abriendo el debate sobre el tipo de ciudad que pueda surgir como respuesta a los desafíos de un mundo cada vez más interdependiente y como reacción a las necesidades que surgen del efecto de la concentración urbana, definida en espacios limitados, en un proceso colectivo que se prolonga de generación en generación.
Necesidades las hay de diverso orden y muy apremiantes, como las que plantea la comunicación con un mundo crecientemente integrado, la ocupación del territorio, el transporte y la infraestructura para la movilidad o el medio ambiente, sin dejar de lado los servicios sociales y la función de las empresas distritales.
Frente a estos retos, ¿cuáles serían las preferencias? ¿Un crecimiento endógeno o predominantemente exógeno? ¿Densificación o expansión? ¿Metro o Transmilenio? ¿La defensa a ultranza del ambiente natural o una vocación regida por la productividad y el urbanismo, sin miramientos por humedales, quebrabas o reservas?
En vez de polarizaciones, más inteligente sería la combinación, por ejemplo, de la globalización en los servicios financieros, tecnológicos, informáticos, educativos y medicinales con la afirmación de un mercado interno y de un aparato productivo suficiente; la configuración de un modelo que integre densificación y moderada expansión, y que diversifique las modalidades de transporte, pero que las articule. Además, que propugne por la urbanización, respetando los ecosistemas, al vincularlos a una infraestructura amable, y que suponga una red de servicios públicos creciendo en cobertura y calidad.
Todo esto exige sumar al trámite de las diferencias, tan pertinentes para hacer florecer el abanico de alternativas de solución, un cierto espíritu de cooperación entre las distintas fuerzas políticas y sociales, en beneficio de un proyecto consensuado de ciudad. Esta última es un agregado de experiencias en un espacio limitado, compartidas por una multitud de individuos, en medio de contactos fugaces o de rutinas en los comportamientos que se repiten bajo ciertas reglas tácitas o explícitamente aceptadas. Lo importante es que el universo urbano actúe como un distribuidor de experiencias enriquecedoras mediante una adecuada compensación de las expectativas personales, perspectiva esta en la que se debe situar el modelo de ciudad.
*Rector de la Universidad Distrital.