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Después de cinco años de licitaciones fallidas, prórrogas al operador y un sinfín de denuncias por posibles irregularidades por parte de la Unidad Administrativa Especial de Servicios Públicos (Uaesp), el relleno sanitario Doña Juana por fin tiene dueño en propiedad. Se trata del consorcio brasileño canadiense CGR, que ganó el contrato a 11 años por $230 mil millones en septiembre pasado, pero que no había podido firmarlo debido a una guerra de tutelas contra el proceso liderada por uno de sus competidores, la firma Proactiva, antigua operadora de la planta.
En diálogo con El Espectador, Marcio Natel, vocero de CGR, revela que recibieron el relleno “de una forma desastrosa”, con capacidad para disponer de las basuras de apenas 45 días, cuando el contrato obligaba a Proactiva a entregarlo con capacidad de seis meses. También, que la planta no se ha salvado de los embates del duro invierno y que se sigue vertiendo lixiviados —líquidos en descomposición— al río Tunjuelo, aunque en menor medida.
Asimismo, Natel da detalles del proyecto que CGR estructura para instalar un nuevo relleno, de carácter privado, en la ciudad.
Fue una ardua pelea jurídica, ¿cómo hicieron para ganarla?
Creíamos que no íbamos a tener necesidad de ninguna pelea jurídica, pues ganamos lícitamente. Por eso, todo esto fue una sorpresa que nos dejó muy molestos. Sin embargo, nos asesoramos con buenos abogados y siempre creímos en el Poder Judicial de Colombia que, a pesar de todas las mañas de la competencia, se impuso.
¿Qué les responde a quienes insisten en que no hubo transparencia en el proceso?
Nuestros dos competidores se juntaron para ir contra nosotros. La colusión (acuerdo para restringir la libre competencia de un tercero) la cometió Proactiva. Nosotros antes de la audiencia de adjudicación radicamos una carta ante la Uaesp en la cual nuestro socio Federincol, asociación de recicladores, narraba que esa firma trató de agrupar a todas las asociaciones de recicladores de segundo nivel para presentarse como una sola propuesta.
¿Cómo recibieron el relleno y qué planes tienen ahora con él?
Recibimos el relleno de una forma de verdad desastrosa. Estaba muy mal operado y tuvimos que sortear varias emergencias. El antiguo operador, por ejemplo, tenía que entregarnos la planta con capacidad de seis meses para disponer de las basuras y nos la dieron con apenas 45 días. Infelizmente, el invierno también nos ha pegado duro y eso ha sido un agravante. Hoy estamos tratando de poner la casa en orden, porque Doña Juana estaba como una persona enferma. Ahora bien: tendrán que pasar de cinco a siete meses para llegar a donde queremos.
¿Y la planta de tratamiento de lixiviados, cómo la encontraron?
También muy mal operada.
¿Se siguen vertiendo líquidos al río Tunjuelo?
Estamos vertiendo bastante menos. Lo que pasa es que la planta nos la entregaron con una capacidad específica de unos 16 litros por segundo, y por el invierno lo que se está produciendo ahora es mucho más, el pico más alto es de 20 litros por segundo. Como no queremos contaminar el río, lo que estamos haciendo es adecuando sectores en el relleno para hacer almacenamiento de lixiviados mientras generamos una solución a largo plazo.
¿Cómo va a ser el trabajo por las comunidades vecinas que tanto han padecido los impactos ambientales?
Mire, cuando llegamos encontramos una zona de disposición abierta que estaba generando gran impacto ambiental y lo primero que hicimos fue taparla. Queremos constituir una fundación para apoyar a las comunidades aledañas con recursos que vayan más allá de la tarifa. No queremos hacer como el antiguo operador que sólo los apoyaba con dos fiestas al año.
¿Creen que alguien debería responsabilizarse por todas esas irregularidades que mencionan?
Nosotros queremos ver es de aquí para adelante.
¿Qué va a pasar con los recicladores que no participaron con ustedes en su propuesta?
El relleno es la parte final de la cadena en el tema de aprovechamiento, entonces lo importante es que en Bogotá se pueda establecer la selección en la fuente. Si logramos eso, todos los recicladores van a tener cabida en un proyecto. El relleno como tal, solito, no puede hacer mucho frente a la comunidad de recicladores, porque allá ya llega toda la basura combinada.
¿De cuánto es la vida útil del relleno?
Son 500 hectáreas, de las cuales se han utilizado unas 40, pero no todas se pueden usar. Ya tenemos unos ingenieros estudiando el tema, pero se supone que por el contrato que firmamos nos debe alcanzar para 11 años.
Si la ciudad sigue creciendo a ritmo frenético, ¿qué pasaría con el relleno?
Nosotros ya tenemos una idea sobre eso y por eso ya hemos visto un lote bastante grande en Mondoñedo, muy cerca de donde quedó alguna vez un relleno, para la disposición de basuras. Sería dentro de dos o tres años. Entonces, habría dos rellenos para la ciudad. Ya tuvimos una conversación con el dueño del terreno, que es un reconocido empresario, y a él le gustó la idea.
¿Sería un relleno privado?
Sí, así es como hacemos en Brasil. Compramos el lote y somos el operador y la Alcaldía queda como cliente nuestro.
¿Entonces alternarían la disposición a dos rellenos? ¿Tendrían que crear una adenda para el contrato que firmaron?
Todo esto está en etapa de planeación. Una opción sería determinar bien la vida útil de Doña Juana y darle un stop, cerrarla de manera ambientalmente correcta y empezar a operar con el otro, pero la Alcaldía no tendría problemas porque así pasa en la mayor parte del mundo, donde los rellenos son privados.