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La guardiana de los cerros

Uno de los símbolos más representativos de la capital renovará su imagen. Después de casi medio siglo, la iglesia de Guadalupe será demolida para darle paso a una edificación moderna y sismorresistente.

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Corría el año 1538 cuando arribaron hasta el cerro “Pie de Abuela” —como lo llamaban los indígenas— un grupo de españoles, clavaron una cruz en la tierra y decidieron darle un nuevo nombre a la montaña: “Cerro de Guadalupe”. Así se llamaría desde ese momento la montaña, en honor a la Virgen patrona de México y de las Américas. Comenzó la conquista y con ésta la evangelización. Los indígenas empezaron a cambiar sus dioses por las imágenes del “hombre blanco”. Surgieron entonces generaciones de mestizos, como resultado de la mezcla entre indígenas y españoles.

Después de 118 años se construiría en ese mismo lugar la primera ermita que custodiaba los cerros de la sabana de Bogotá. Se llamaría  Nuestra Señora de Guadalupe.

Los sismos de 1743, 1917  y 1973 destruirían, por partes, una y otra vez el modesto santuario. Después del  último, y por varias décadas, los peregrinos no tendrían un templo de reunión seguro. En 1945 comenzó la construcción de una iglesia más grande al lado de la ermita, que todavía se mantiene en pie y que evidencia en sus grietas el paso de los años. En 2009 esta edificación estrenará una nueva imagen: será una estructura sismorresistente de acero y con vidrios de seguridad.

El santuario, que actualmente reúne a más de dos mil personas cada domingo, será demolido dentro de un mes. “Desde hace tres años se viene pensando en la reconstrucción del santuario. El cardenal Pedro Rubiano ha impulsado el proyecto”, dice el padre Rául Morales, quien desde hace año y medio está a cargo del templo.

El viernes pasado, en conmemoración al día de la Virgen de Guadalupe, se realizó una eucaristía especial presidida por el monseñor Rubiano —ese mismo día México celebró el día de su patrona—. Desde las diez de la mañana cientos de feligreses acudieron a la celebración que fue también escenario del anuncio oficial de la construcción del nuevo templo.

Los 62 vendedores, ubicados en casetas cercanas al templo, aprovecharon una de las fechas más rentables del año. Uno de ellos fue doña Herminia Garzón, quien con su caldo de papas y arepa recibe cada domingo a los devotos de la Virgen. Ella y su esposo, don Gustavo Pineda Garzón, trabajan hace 19 años a los pies de la protectora de los cerros. “Yo vivo feliz acá. Mi papá fue quien me trajo. Él duró 19 años trabajando en el templo hasta que se pensionó”, cuenta don Gustavo, mientras recuerda cómo un día de 1987 dejó, junto con su familia, la vereda el Verjón —cercana a Bogotá— para instalarse en el santuario.

Él estará hoy, como todos los fines de semana, acomodando los 50 carros que traen visitantes y creyentes al cerro. Desde las cinco de la mañana los vendedores harán una alborada y con juegos artificiales, mariachis y festejos, darán la bienvenida al amanecer católico de los fieles. Luego se celebrará la eucaristía habitual al primer domingo después de la fiesta oficial. Cantará el coro de los niños. Esta vez las voces serán más fuertes, más alegres, hay una razón de peso: se conmemora el cumpleaños de la guardiana de los cerros.

Una promesa convertida en canto

Un día, cuando el destino decidió que doña Zulma Martín debía hacerse cargo de sus tres hijos, como muchas madres cabeza de familia, le hizo una promesa a la Virgen de Guadalupe: le pidió proteger a sus pequeños y a cambio ella le serviría con su voz hasta el último día de su vida, sin importar las adversidades que pudiera encontrar.

Doña Zulma actualmente dirige el coro que canta en el templo del cerro. “En un tiempo llegué a tener 120 niños y junto con mi hermana, no importaba cómo, subíamos a la iglesia para cantar, aunque nos tocara transportarnos en camiones de cerveza”, dice doña Zulma, recordando esas maratónicas mañanas.

Desde hace nueve años, cada domingo, ella, junto con su coro, entona melodías a la Virgen que un día le cumplió la promesa de hacer de sus hijos unos profesionales. “Mi sueño es ver el nuevo templo terminado porque la virgencita se lo merece”, dice sin poder contener las lágrimas, de alegría, “pero de alegría”, aclara ella.

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