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“Tocotoc no siempre fue un cartero feliz. Hubo una época en la cual, a pesar de lo mucho que le gustaba repartir cartas, no podía evitar sentirse cada vez más triste. La causa de tanto pesar era que él, el propio cartero del pueblo de Cataplún, no tenía nadie que le escribiera una carta y no tenía tampoco a quien escribirle. Tocotoc no podía evitar un hondo suspiro cada vez que entregaba una carta, y a pesar de ser amigo de todos en el pueblo, se sentía des-cartado”.
Este fragmento hace parte del cuento Toctoc, el cartero enamorado. La autora es la actual secretaria de Cultura, Recreación y Deporte de Bogotá. Antes de hablar sonríe. Clarisa Ruiz Correal casi siempre sonríe. De su historia habla sin afanes. ¿Cómo conquistar el corazón de un niño? “Es casi como amaestrar una pulga…”, responde. Y se detiene. Y vuelve y sonríe: “Lo que se necesita es mucha sinceridad”.
No era todavía una promotora del arte, cuando pasaba tardes enteras escribiendo cuentos. Antes de ser subdirectora del Festival Iberomericano de Teatro, de trabajar por 10 años en el Ministerio de Cultura y de dirigir el teatro Colón, incluso antes de estudiar Comunicación Social en la Universidad Jorge Tadeo Lozano, y en sus épocas de colegiala, Ruiz llenaba las páginas de los cuadernos con cuentos para niños. “Entonces creía que escribir para niños era menos exigente”, pero con el tiempo se ha dado cuenta que no es tan sencillo: “Tengo una familia que tradicionalmente ha trabajado para los niños. Mi suegra, Silvia Moscovitz, marcó mucho mi vida. Tenía programas infantiles de televisión y yo fui libretista de sus programas”.
Palabras que me gustan y Traba la lengua lengua la traba, son algunos de los libros que llevan su nombre.
Pronto empezó a moverse por las callejuelas del arte, diseñó proyectos, trabajó en el sector público y conoció también el privado. Acompañó a Fanny Mickey por casi 10 años, impulsó transformaciones para la cultura en el país y sufrió cada vez que los políticos le cerraban la puerta a la literatura, a la música o al teatro. Sumando los años, ya eran 25, y hasta hace poco, Ruiz estaba convencida que era el tiempo justo para hacer una pausa, para volver a escribir sin reloj y gastarse tardes enteras creando mundos de colores, historias en las que lo mágico es lo más elemental.
“Realmente estaba cansada de la función pública, venía de trabajar casi 10 años en el Ministerio de Cultura y eso fatiga bastante. Quería volver a desarrollar los aspectos creativos de mi vida y dedicarme más a la familia”.
Fue entonces cuando recibió una propuesta del alcalde Gustavo Petro, a la que no pudo negarse. ¿Cómo terminó siendo la Secretaria de Cultura de Bogotá? Ruiz había trabajado en el proceso de empalme por invitación del actual director de relaciones internacionales de Bogotá, Daniel García-Peña, y aceptó trabajar en el equipo ya que Petro siempre le había despertado admiración desde su época de senador. “Estoy muy comprometida con mi sector, y me pareció es una gran oportunidad porque el alcalde Petro está interesado en promover la democracia cultural”. La primera polémica de su gestión la enfrentó hace un par de semanas, cuando un sector de la ciudad se opuso a que la cancha del Estadio El Campín se convirtiera, de nuevo, en un escenario para otro tipo de espectáculos como el concierto del exbeatle Paul McCartney el próximo 19 de abril. “En este caso actué como una madre frente a dos hijos. Tuve que convertirme en un testigo imparcial. Yo sé sentir el alma de los escenarios y sé que la cancha tiene unas características especiales que hay que cuidar, y vamos a cuidar”.
Está convencida de que el concierto no le va a traer problemas. Está más preocupada por aprender, estudiar y redescubrir la ciudad, y por lograr que la cultura llegue a los más pequeños: “Que los niños no digan que no saben bailar, dibujar o cantar. La idea es que lo puedan hacer como caminan o respiran, de la misma manera en la que comen zanahorias”.
Y aunque no quería volver a encontrarse con los conflictos comunes de un cargo público, hoy sentada en su despacho, en una de las esquinas de la Plaza de Bolívar, asegura: “Siento el peso de la responsabilidad, pero lo hago con mucho gusto porque sé qué puedo aportar con mi experiencia”.
¿Se imagina terminando el cuatrienio en el mismo despacho? No lo sabe. Sólo puede responder con una anécdota de sus años con Fanny Mickey: “Era enero, era viernes, llevaba una semana trabajando en el Teatro Nacional. Fanny se fue y me dejó las llaves. Ese día a un candidato presidencial le hicieron un atentado y la ciudad estaba realmente conmocionada. Yo pensé que había que cerrar el teatro, y cuando la llamé para consultarle, me dijo: ‘El espectáculo continúa’. Y así debe ser, el espectáculo siempre tiene que continuar”.