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Cuando comenzó la legislatura en 2012, todas las bancadas en el Concejo, a excepción de las de Progresistas, Polo y MIRA, llegaron a un acuerdo para repartir ‘equitativamente’ los puestos en la mesa directiva y en cada una de las comisiones del cabildo para los siguientes cuatro años. Sin embargo, ese acuerdo podría romperse. La administración de Gustavo Petro está a punto de consolidar unas mayorías que le permitirían quitarle la presidencia de la corporación a la oposición. Pero no lo tendrá fácil pues, aunque las cuentas cuadren, la actualidad política es su principal enemiga.
Al comenzar 2013 ya era evidente que la unidad de la coalición que se fundó en enero de 2012 pendía de un hilo. La bancada del Partido Verde, al que le correspondía la presidencia, se dividió. Antonio Sanguino y José Juan Rodríguez (ayer liberado por vencimiento de términos en medio del proceso que afronta por su supuesta participación en el cartel de contratos) querían la presidencia del Concejo. Después de mucho pujar, ambos resignaron sus candidaturas y dejaron que María Clara Name, la más joven e inexperta de la bancada, se convirtiera en presidenta. Al asumir el cargo, Name generó gran malestar: antes que reunirse con la coalición, tuvo un encuentro con la bancada gobiernista.
Su presidencia no será recordada como la más exitosa. Así como entabló un diálogo constructivo con la administración para resolver algunos temas trascendentales como el cobro de valorización y el cupo de endeudamiento, Name permitió que grandes ‘cacaos’ de la oposición dilataran el curso normal de los debates. La discusión sobre el otorgamiento, o no, de una licencia a José Juan Rodríguez, el mismo que cedió en sus aspiraciones políticas para ponerla como presidenta, se convirtió en un calvario para ella. Por seis meses, concejales de oposición y seriamente cuestionados por sus vínculos con el cartel de los contratos metieron el Concejo en un pantano jurídico del que Name no supo cómo salir.
Ahora, cuando es el Partido Liberal el encargado de darle continuidad a ese pacto, el panorama político es más complejo. Con la alianza a nivel nacional de Progresistas y el Partido Verde, más los concejales del Polo, el oficialismo cuenta con 17 de 45 concejales. Para lograr mayorías, entonces, el gobierno de Gustavo Petro debería conseguir tan solo seis votos que, según fuentes de la Secretaría de Gobierno, podría rasguñar en la U, el Partido Conservador o en Cambio Radical, sin necesidad de entrar en acuerdos con las bancadas en bloque.
La administración tiene dos opciones si es que logra romper el acuerdo: o pone un candidato que les compita a los liberales y los derrote en una votación, o respeta el acuerdo pero escoge entre la bancada del trapo rojo a quien más le convenga. Desde que comenzó el año está claro que el candidato del Partido Liberal es Miguel Uribe Turbay. Sin embargo, al oficialismo no le gusta el postulado, pues en los dos años que lleva de concejal, ha demostrado que es una piedra en el zapato para cualquier plan de la administración. Es un opositor ‘purasangre’. Por lo tanto, cada vez suena con más fuerza el nombre de Horacio José Serpa, que ha mostrado una postura menos radical.
Pero no todas las posiciones son favorables para la administración. En la bancada de Progresistas y Verdes cayó muy mal el discurso de Gustavo Petro del pasado miércoles. En plena Plaza de Bolívar, el alcalde dijo que él no era de ningún partido. Según algunos concejales consultados por este diario, Guillermo Jaramillo, el secretario de Gobierno, va a tener muy difícil la concreción de una bancada fuerte si esas declaraciones son algo más que producto del éxtasis y la adrenalina de la plaza pública. “Ahora resulta que el alcalde desconoce a los que les hemos puesto el pecho a todas las tormentas. Resultamos petristas a pesar del mismo Petro”, le dijo un concejal del oficialismo a este diario.
Por su parte, la oposición tiene una carta para evitar que los progresistas logren su cometido: el posible fin prematuro de la administración. “Si yo soy de un partido independiente, ¿para qué me voy a meter en la coalición de un gobierno moribundo? Eso lo terminan cobrando los votantes”, afirmó un concejal de la U que pidió la reserva de su nombre, pues aún no ha cerrado canales de comunicación con el oficialismo. La respuesta tal vez la tenga Jaramillo, quien, en diálogo reciente con este diario, dijo: “Así nos saquen del Palacio Liévano, queremos ser mayoría en el cabildo. Desde allí podemos impulsar el Plan de Desarrollo que trazó el alcalde”. Pero eso, si es el caso en política, es un interés exclusivo de Petro y sus escuderos. La decisión la tiene que tomar la plenaria antes del próximo 10 de febrero.
csegura@elespectador.com
@CamiloSeguraA