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Casi de inmediato, los niños del barrio, haciendo uso de la nueva atracción, se pusieron una pantaloneta y se lanzaron al agua. Entonces, la situación fue objeto de denuncia por parte del edil de la localidad, William Fernando Díaz, del partido Mira, quien argumentó que estas aguas estancadas representaban una amenaza para la salud de los niños. La solución, de acuerdo con Díaz, estaba en manos del Instituto de Desarrollo Urbano (IDU), que es el dueño del lote, ya que por ese lugar está trazada la futura Avenida Longitudinal de Occidente (ALO).
“El IDU, hace algún tiempo, se dio a la tarea de podar el terreno y nivelarlo. Lo que ocurrió fue que al Instituto se le fue la mano en la nivelación y lo que dejaron fue casi un hueco donde, con el invierno, se ha ido empozando el agua de la lluvia hasta llegar a la situación actual de lo que se podría llamar una piscina”, afirmó Díaz.
Por su parte, el IDU afirmó en un comunicado que, en efecto, hace cuatro meses se le hizo un mantenimiento al lote, en el cual se efectuó la poda y la reparación de los postes y el alambrado que cercan el terreno. Asimismo, la entidad aseguró que se cerrará completamente el lote para “prevenir posibles accidentes en el sector”.
Las denuncias de la comunidad fueron atendidas y el Instituto drenó el agua y, donde antes había, para delicia de los niños, una piscina de aguas empozadas, hoy sólo queda la vista menos divertida, pero tal vez más sana, de un lote baldío convertido en barrizal.