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En un escenario pandémico, contrarrestar el virus en los primeros 100 días es clave y prueba de que un territorio cuenta con cierta “soberanía biotecnológica”. Pero esto exige disponibilidad para avanzar en una investigación genómica rápida; tener laboratorios de bioseguridad; protocolos clínicos, y un operador capaz de trabajar en tiempos extraordinarios.
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Esto no lo tiene Colombia y solo se contempló tras las lecciones que dejó el COVID-19. Ahora, dando continuidad a un proyecto que se inició en la alcaldía de Claudia López, esa posibilidad está cerca: la actual administración avanzará con el ambicioso plan de poner al país a producir vacunas desde una planta en Tocancipá.

BogotáBio
En la pandemia, durante los primeros 100 días fallecieron 3.000 personas, pero la primera vacuna en Bogotá se aplicó 348 días después del primer contagio, cuando el virus ya había cobrado 55.000 vidas. Así lo destacó Leonardo Arregocés, gerente general de BogotáBio, la empresa mixta creada entre el Distrito y Sinovac (China), que tendrá la misión de reducir a 100 días el tiempo entre la detección de un nuevo patógeno y la aplicación de las primeras vacuna en el país.

Revertir “20 años de atrasos”, como mencionó Andrea Bedoya, directora científica de la empresa, implica retos que, incluso, a nivel científico imprimen presión en el objetivo de tener la planta en 2027. No obstante, el nuevo equipo asegura que tendrán dos años para configurar las alianzas e inversiones para echar a andar la fábrica, que ya cuenta con una inversión inicial de COP 800.000 millones, tras un esfuerzo balanceado entre los socios principales.
A partir de este punto lo que vienen son desafíos: construir la fábrica, consolidar el talento humano y, el mayor de todos, según el exsecretario de Salud Alejandro Gómez, que la Nación compre las vacunas producidas en el país. Sin esa demanda inicial “que da tracción a cualquier industria farmacéutica, el proyecto no alcanzaría sostenibilidad de largo plazo”.
Elección del gerente
Arregocés, quien lidera desde febrero BogotáBio, cuenta que para llegar al cargo participó en un largo proceso, en el que se tuvo que replantear el perfil inicial, que exigía “altísima experiencia internacional” y un salario anual de casi COP 1.000 millones al año, monto impensable para un proyecto en etapa temprana. “El cazatalentos encargado del proceso recomendó ajustar requisitos y buscar candidatos con capacidades sólidas, aunque no con décadas de trayectoria en manufactura biotecnológica”.
En ese nuevo escenario, Arregocés se convirtió en el primer gerente operativo de la compañía. Llegué a un proyecto en fase conceptual, centrado en comprar un lote y levantar una planta”, señaló y agregó: “Se debe tener en cuenta que la vinculación del socio se firmó el 18 de diciembre, así que la pasada administración tuvo 12 días para estructurar el proceso”.
La firma la pusieron la exalcaldesa y Weidong Yin, gerente de Sinovac Group, en presencia de Álvaro Leyva, entonces ministro de Relaciones Exteriores. “En esta administración”, agregó Arregoés, “entendemos que esto no es solo una fábrica de vacunas: son recursos públicos grandes que deben estar al servicio de la ciudad”.
El lote de 24.000 m2, donde se edificará la planta está en Tocancipá, municipio con más de 150 industrias, pero ninguna dedicada a servicios de salud. Se eligió tras analizar más de 100 terrenos en Bogotá y la Sabana. Finalmente lo escogieron por una combinación de factores clave para producir biotecnológicos: condiciones ambientales limpias, disponibilidad estable de agua y energía.

Además, es una zona con menor riesgo de inundación y un costo inferior al de un predio similar en la capital: COP 8.000 millones. El alcalde de Tocancipá, Walfrando Adolfo Forero, agregó que el municipio ofrece un entorno industrial consolidado y una ruta regulatoria ágil para construir infraestructura de alta complejidad.
Retos y cronograma
Los retos son grandes como su ambición. Construir una planta de biotecnología desde cero implica levantar la fábrica, montar líneas de producción, conseguir licencias y validar cada proceso bajo estándares internacionales. Arregocés insiste en que el país debe aprender de la pandemia, cuando “tener el dinero no bastó para conseguir vacunas”. No obstante, el mayor desafío será garantizar demanda real. “Necesitamos que la próxima administración del país les compre las vacunas para que el proyecto tenga el desarrollo requerido. Sin compras públicas es inviable”.
El cronograma es claro: en 2026 se debe construir la planta y adquirir los primeros equipos especializados para la producción; en 2027 se contratará y entrenará al personal, y para 2028, validar los procesos de producción de vacunas y generar las primeras dosis. En paralelo, se estructurará la apuesta estratégica de largo aliento: reducir a 100 días la respuesta ante una nueva emergencia.
La directora científica coincide en que el camino será largo y exige capacidades nuevas para Colombia. “Del dicho al hecho hay mucho trecho y en biotecnología ese trecho cuesta tiempo, talento y mucha inversión”, dijo al explicar que el país aún carece de infraestructura, experiencia industrial y financiamiento para estudios preclínicos y clínicos. “Lo que buscamos es acortar la distancia entre el paper y el paciente”, concluyó Bedoya.
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