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En un camino de incertidumbre jurídica se ha convertido la posible venta de la Empresa de Telecomunicaciones de Bogotá (ETB), en momentos en los que la ciudad pasa por una de sus peores crisis de gobernabilidad. Aunque no es la primera vez que se propone el negocio, el intento de hacerlo justo cuando Bogotá no tiene un alcalde en propiedad, ha desencadenado el rechazo en distintos sectores. Desde exalcaldes como el exconstituyente Jaime Castro, del Partido Liberal, hasta concejales como Jaime Caycedo, del Polo Democrático, han advertido que el decreto por medio del cual se convocaría a sesiones extraordinarias para analizar la venta no es legal. La razón, dicen, es que esta facultad es exclusiva del alcalde mayor.
A Cristina Plazas, alcaldesa ad hoc, sólo le correspondería presentar el proyecto y no convocar a sesiones desde el 10 de junio hasta el 29 de julio como lo informó el jueves.
Pese a los señalamientos, la abogada María Victoria Vargas, presidenta del Concejo Distrital, dice que el decreto es legal y por eso procederá a convocar a los cabildantes para que analicen la propuesta.
Pero más allá del limbo jurídico desencadenado con la propuesta de la venta y de la incertidumbre por la decisión que tomará el alcalde que reemplace al suspendido Samuel Moreno, quien podrá revocar el decreto, vale la pena hacer un recorrido por las decisiones que ha tomado la ETB en los últimos años y que hasta la Red de Veedurías considera son el motivo principal para que hoy la empresa amenace con dejar de ser competitiva y, por tanto, el Distrito busque su venta (ver gráfico).
La historia de los pasos en falso, según el exalcalde Jaime Castro, comenzó con la falta de capitalización de la ETB en Comcel, lo que la llevó a vender sus acciones en 2002 sin ningún estudio riguroso que lo justificara, de acuerdo con un informe de la época de la Contraloría Distrital.
Pero las “equivocaciones estratégicas”. como las define Castro, no pararon ahí. En 2003, después de perder el potencial en la primera empresa de telefonía celular del país, ETB vendió el 10,87% de sus acciones para invertir al lado de Empresas Públicas de Medellín (EPM) en la creación de Colombia Móvil-Ola, un negocio que por poco significa la quiebra de la entidad y que hoy le representa muy pocos dividendos. Otro de los golpes lo recibió en 2010 cuando fracasó en la búsqueda de un socio estratégico y gastó $2.400 millones en ese propósito.
La tardía llegada al mercado de internet y al mismo tiempo la caída de la telefonía fija llevaron al declive de la que fuera la joya de la corona del Distrito por varias décadas, y que según los impulsores de su venta, como la alcaldesa ad hoc Cristina Plazas, no pudo seguir el vertiginoso ritmo de las grandes empresas de las telecomunicaciones, que hoy amenazan con derrotarla.
Para el secretario de Salud, Héctor Zambrano, hoy presidente de la Junta Directiva de la ETB (debido a la suspensión del alcalde Samuel Moreno), al contrario de lo que asegura Castro, la entidad —que hoy apenas cuenta con 2 millones de usuarios, mientras que Comcel tiene más de 30 millones de líneas— ha tomado decisiones oportunas, pero los recursos del Distrito no permiten que siga el ritmo de los grandes operadores, que obligaría a hacer una inversión cercana a $1 billón en los próximos años.
Por eso está convencido de que la única salida para que la ETB logre una capacidad competitiva es la inyección de capital, que sólo será posible con la venta parcial o total de sus acciones (el Distrito tiene el 89%). Entre los principales compradores suenan Comcel (Telmex) y Movistar (Telefónica), pero Zambrano reitera que la empresa no está quebrada como se ha creído: “La ETB no ha está dando pérdidas, pero el Distrito no se puede dar el lujo de mantenerla porque no cuenta con los recursos”. Concejales como Felipe Ríos y Clara Sandoval insisten en que hay que agilizar la venta.
Por ahora, la venta de la tradicional empresa —impulsada por exalcaldes como Mockus, Peñalosa y el mismo Samuel Moreno, que en un principio se comprometió a no venderla—, está en veremos al menos mientras llega un nuevo alcalde a Bogotá.