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La temporada decembrina no solo atrae alegría y esparcimiento en comunidad, sino excesos y riesgos, entre ellos, la venta de licor adulterado que es, quizás, uno de los peligros más frecuente y que causa mayores afectaciones a la salud pública. Por ello, en esta época, el Laboratorio de Salud Pública de Bogotá refuerza medidas y, con tecnología, realiza análisis de metanol y grado alcohólico en varias muestras de bebidas, para evitar que lleguen a manos de los consumidores.
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La preocupación no es menor: cada año en Bogotá se registran cientos de casos de intoxicación por sustancias químicas, categoría en la que se clasifican los efectos por el consumo de licor adulterado con metanol. En la última década, la ciudad ha mantenido una tendencia estable, con tasas anuales que oscilan entre 18 y 22 casos por cada 100.000 habitantes (alrededor de 1.500 casos), aunque con picos altos en temporadas como fin de año.
Así opera
Mary Luz Gómez, subdirectora del Laboratorio de Salud Pública, explica cómo opera la entidad. Allí llegan todas las bebidas alcohólicas incautadas en inspecciones que generan sospecha. “Cada muestra se recibe con información sobre dónde y cómo fue tomada, y pasa primero por una revisión física minuciosa: etiqueta, tapa, banda de seguridad, integridad del envase y presencia de partículas extrañas”.
Luego se realizan pruebas químicas para verificar el grado alcohólico y detectar la presencia de metanol, sustancia tóxica que, por ejemplo, causa pérdida de visión, daño neurológico y, en los casos más graves, la muerte. La funcionaria insistió en que la adulteración no siempre es evidente y que incluso botellas con estampillas o QR pueden ser fraudulentas, por lo que el consumidor debe comprar solo en sitios autorizados y desconfiar de precios demasiado bajos.
Por su parte, Mauricio Alarcón, referente técnico de la línea de Alimentos Sanos y Seguros, explicó que, en temporadas como Halloween, fin de año y Semana Santa aumentan las visitas a bares, tiendas y depósitos para verificar la trazabilidad, el almacenamiento, el rotulado y el cumplimiento de los decretos que regulan la fabricación y el expendio de licor. “Las bebidas artesanales y sin control industrial tienen mayor riesgo de generar metanol. Por ejemplo, entre 2022 y 2023 Bogotá registró intoxicaciones y muertes asociadas a licor adulterado, en algunos casos con indicios de adición intencional a esta sustancia”, indicó.
Del 15 al 25 de noviembre la Secretaría de Salud realizó 3.244 visitas de inspección, vigilancia y control a establecimientos en Bogotá, en el marco de la estrategia de Alimentos Sanos y Seguros. La operación se concentró en bares, discotecas, tiendas, depósitos y expendios de bebidas, así como panaderías, restaurantes y supermercados, donde se comercializan productos claves para esta temporada.
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En general, se visitaron 937 restaurante (28,88 %), 763 panaderías (23,52 %), 360 expendios minoristas (11,1 %) y 349 expendios de bebidas alcohólicas (10,76 %). Como resultado, la entidad impuso 81 medidas sanitarias, entre clausuras temporales de los establecimientos y suspensiones parciales de actividad, lo que equivale al 2,49 % de los lugares que visitaron durante la jornada.
En el recorrido por el laboratorio, el químico Álex Vergara detalla el proceso con el que se analiza cada botella que ingresa: a la revisión de cada detalle de sus características físicas se suma la verificación del sello, el registro sanitario, lote, contenido y grado alcohólico. Luego se escanea el código QR de la estampilla, para verificar si la información coincide con la registrada por el fabricante.
“Luego viene el análisis químico, que se hace con un cromatógrafo de gases, capaz de separar y detectar metanol en la bebida”, señala. Según el experto, una gráfica plana indica autenticidad, mientras que un pico representa presencia de metanol en niveles peligrosos. Explica también que los falsificadores no pueden replicar los grados alcohólicos precisos que exige la industria, lo cual facilita identificar inconsistencias.
Para esta fecha los equipos de la Secretaría de Salud ya han inspeccionado 5.197 kilos de alimentos y destruyeron 71 kilos (1,4 %) por incumplimientos como alteraciones, vencimiento o por estar mal almacenados. También revisaron 1.464 litros de bebidas no alcohólicas, de las cuales 29 litros (2 %) fueron desechados por irregularidades.
Pero el foco más sensible de los operativos son las bebidas alcohólicas, que exige reforzar el control en esta temporada. Solo en el último mes se han revisado 18.639 litros de alcohol y destruido 21 litros (0,1 %). Según el informe, el 75 % de las medidas sanitarias por licor correspondieron a productos fraudulentos.
La Secretaría insiste en que la primera barrera contra el licor adulterado es la ciudadanía. “Comprar únicamente en establecimientos autorizados, exigir factura, revisar que las botellas tengan sellos íntegros y códigos QR, que coincidan con la información del fabricante y pedir que destapen la botella frente al consumidor son pasos básicos para evitar riesgos”, informó Gómez.
Ante cualquier síntoma como visión borrosa, desorientación o malestar inusual después de ingerir alcohol, la recomendación es llamar al 123 o acudir a un centro de salud. En una temporada, donde aumenta el consumo y también la circulación de productos adulterados, el Distrito recuerda que una decisión de compra consciente puede marcar la diferencia entre una celebración segura y una emergencia.
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