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Vencieron el destierro y hoy protegen un bosque que calma la sed de Bogotá

En la construcción del sistema Chingaza, desplazaron dos veces a la familia Avellaneda, pero su arraigo los impulsó a regresar y convertir el territorio en un santuario ecológico.

Jaime y Janeth Avellaneda, en la finca El Palmar.
Jaime y Janeth Avellaneda, en la finca El Palmar.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
Miguel Ángel Vivas Tróchez

Por Miguel Ángel Vivas Tróchez

Periodista egresado de la Universidad Externado de Colombia interesado en Economía, política y coyuntura internacional. juvenalurbino97 mvivas@elespectador.com
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