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Freinando Jaramillo sintió que iba a llorar cuando, después de doce horas de viaje en las que atravesó el Océano Atlántico, pasando por los aeropuertos de Isla Margarita y Madrid, se encontró con los frondosos paisajes de los campos catalanes. Jamás había oído hablar sobre ellos. El impresionante panorama que veía desde la ventana del autobús que lo llevaría hasta Torres de Segre, un pueblo frutero cercano a la Costa Brava, desbordó sus sentidos. Fue en ese momento cuando supo que comenzaba para él una vida nueva, lejos de aquellas calles despavimentadas del barrio Caminos de Esperanza, localidad de Suba, en donde había logrado construir un humilde hogar con su esposa y sus dos pequeños. Ese día recordó cómo, junto a su mujer, Gladys Ardila, tomó la decisión de renunciar a un trabajo de vigilante, empacar las maletas y embarcarse en el programa de migración laboral de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM) con 11 bogotanos más, procedentes de las localidades de Usaquén y Suba.
Todo comenzó porque su esposa, una mujer emprendedora y de la que había quedado perdidamente enamorado desde el día que la vio caminar por las calles del barrio San Francisco, oyó que los vecinos de una amiga se habían ido para Canadá a trabajar y ahora le mandaban dólares a sus familiares. “Solamente hay que ir a unas reuniones, llenar papeles y esperar a que lo escojan a uno. Son seis meses, mínimo, y uno se puede ahorrar hasta 10 millones de pesos”, repetía una y otra vez.
Meses después los miembros de la OIM llegaron al barrio. Gladys Ardila no perdió la oportunidad para documentarse sobre el proyecto. Se puso en contacto con el edil William Moreno, encargado de promover la iniciativa en el barrio, investigó por internet la legitimidad de la organización y hasta sacó mapas para saber dónde quedaba Cataluña. En las noches, junto a su esposo, soñaba con viajar en avión, conocer Europa, ver gente distinta y oír hablar catalán. No le importaba que la pusieran a recoger frutas, lavar baños o empacar bultos. Desde que era una intrépida jovencita anhelaba abrir una biblioteca comunitaria y conocer el Viejo Continente.
Al poco tiempo comenzaron las reuniones en el barrio para oficializar los candidatos. Con un video institucional, los miembros de la alcaldía local y la OIM les explicaron a la comunidad de qué se trataba el programa de migración y desarrollo temporal. Dijeron que aquellos quienes decidieran inscribirse debían ser líderes locales, dispuestos a volver para replicar los conocimientos que recibirían allá y convertirlos en proyectos productivos para su comodidad. “A nosotros nos interesa que la migración laboral sirva para el desarrollo local”, dice Josué Gastelbondo, coordinador de proyectos de vivienda, trabajo y crédito. Básicamente, Gastelbondo explicó que los españoles necesitaban trabajadores por seis u ocho mese para la temporada de cosechas, y que los hombres se desempeñarían como recolectores de fruta y las mujeres como empacadoras.
“Les hicimos una introducción de lo que la OIM lleva haciendo desde hace nueve años en Colombia. Les explicamos que antes habíamos vinculado población colombiana a este tipo de trabajos y que ellos eran un caso particular porque eran los primeros que no pertenecían a la comunidad campesina. Finalmente les mostramos los resguardos en los que se hospedarían y les informamos que tendrían que compartir con los demás trabajadores, procedentes de Mauritania, Senegal y Rumania”, añadió Gatelbondo.
Entusiasmados con la idea de alcanzar este sueño, Freinando Jaramillo y Gladys Ardila se fueron para su hogar. Esa noche, entre susurros, analizaron los pro y contra de realizar el viaje y finalmente decidieron que lo más conveniente era que Freinando se fuera y Gladys se quedara con los niños. Eso sí, hicieron la promesa de que él le describiría a ella todo lo que
viera y que el dinero que lograra ahorrar lo utilizarían para ampliar la casa que en este momento solamente tiene un cuarto en donde duermen los cuatro.
A los pocos días de tomada la decisión llegó el momento de la despedida. Gladys Ardila y sus dos hijos prometieron no llorar, le empacaron la Biblia a Jaramillo para que lo acompañara y Laura le pidió al oído a su padre que le trajera una muñeca de allá para saber cómo eran. Lleno de expectativas, Freinando Jaramillo tomó su única maleta y el viernes 16 de mayo a las siete y 45 de la noche se dirigió a la zona de emigración del aeropuerto El Dorado de Bogotá para unirse a sus otros diez compañeros de viaje.
De los 27 que resultaron seleccionados en la localidad de Suba, solamente viajaron cinco. Según la OIM, el resto del grupo, al que se sumarán 143 personas más de las localidades de Usaquén y Sumapaz, partirá en grupos de diez entre junio y julio para que esté el equipo completo cuando llegue el momento de las cosechas.
Por ahora, quienes ya viajaron están a cargo de preparar las cosechas. Gladys Adila y Freinando Jaramillo ya han hablado siete veces. Él la llama a las cuatro de la mañana, hora colombiana, y en pocos minutos le hace un resumen de lo poco que ha podido ver. “Me contó que tiene un jefe francés y que fue al único que no lo pusieron a trabajar en el cultivo, sino que está manejándole el carro al señor”.
Aunque los días sin la presencia de Freinando Jaramillo han sido difíciles para esta mujer y sus dos hijos, todos saben que este sacrifico es por el bienestar de todos. Andrés Felipe, el pequeño de la familia, dice: “Yo quiero que vuelva mi papá con la plata para ampliar la casa, porque mi mami me prometió que cuando arreglaran eso me podían comprar todo lo que yo quisiera”.
La OIM en Colombia
Fue creada en 1951 tras el caos y los desplazamientos que generó la Segunda Guerra Mundial. Para 1956 comenzó sus actividades en Colombia, y cumplió con el papel de darles asistencia a los refugiados europeos que llegaban al país. Desde el 2000 la OIM comenzó a laborar para mitigar el impacto del desplazamiento forzado y brindarles una mejor calidad de vida a los colombianos.
El año pasado vinculó a 1.519 personas laboralmente en su programa de migración y desarrollo temporal. Este año se beneficiarán del mismo plan 170 bogotanos.