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Es un motivo de celebración para Bogotá el cumpleaños número 10 de Transmilenio, un sistema que ha demostrado la importancia de la continuidad de las políticas públicas y de una visión estratégica de ciudad; que ha permitido construir ciudadanía alrededor de un espacio de convivencia; que devolvió no solo a la ciudad sino al país, la credibilidad en lo nuestro; que, desde el punto de vista técnico, superó las expectativas sobre la capacidad para dar soluciones de transporte público basadas en buses; que ha generado conocimiento a partir del desarrollo de un proyecto con las características del aprender haciendo y que ha demostrado ser un modelo de gestión pública eficiente.
No se debe desconocer también que el sistema ha sobrevivido al reto de la autosostenibilidad en su operación; ha tenido que soportar algunas deficiencias en los resultados de la ingeniería y sin duda, ha aguantado los embates del debate político. Estos planteamientos me convencen de que hay más de mil razones para creer en Transmilenio.
Me limito a citar algunas de esas mil razones: reducción en tiempos de desplazamiento, integración de servicios urbanos y reducción de la exclusión social; reducción de la contaminación ambiental y generación de recursos por la venta de bonos en el mercado internacional; ordenamiento del tráfico de la ciudad disminuyendo los índices de accidentalidad. También, mejoras en materia de cultura ciudadana.
Estamos orgullosos de las múltiples bondades de Transmilenio, pero también somos conscientes de las dificultades que debemos afrontar, al operar cerca de dos millones de viajes, pero queremos reiterar a la ciudad que tal como lo hemos demostrado, los obstáculos nos exigen y nos ponen a la altura de los retos.
* Gerente de Transmilenio S.A.