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No están pintados en la pared

La muerte de Diego Becerra a manos de un policía agitó el debate sobre el arte callejero en la ciudad. Andrés Montoya, líder del colectivo Toxicómano, narra la experiencia que el mayor grupo de grafiteros de Bogotá ha tenido con policías, vigilantes y dueños de los muros.

26 de agosto de 2011 – 05:08 p. m.

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Andrés Montoya, de 31 años, es el líder de Toxicómano, un colectivo de arte callejero dedicado a “combatir la ignorancia y la moral (sencilla y doble)”, y que se ha ganado muros de la ciudad como el de la calle 70 con Circunvalar, donde concedió esta entrevista. Sus puntos de vista cobran interés en tiempos en que se discute el papel de la autoridad frente a los artistas callejeros.

¿Desde cuándo existe Toxicómano?
Hace ocho o nueve años, pero los primeros años se hacen vainas mal hechas, con mensajes muy obvios, como “Policía asesino”, “No vote”, etc. Con el tiempo nos dimos cuenta de que había que hacer algo más bacano, para no pasar desapercibidos.

¿Cómo se ve el cambio?
La idea es tratar de hacer un mensaje claro, contundente, y si hay que competir con la publicidad callejera, pues toca hacer algo bonito, que capture la atención. Ese ha sido el proceso: tratar de que los mensajes le lleguen a la gente y que sean bacanos.

¿Cómo es esa relación del paso del tiempo con la permanencia?
El tiempo deteriora y embellece el arte callejero. A veces es bacano pasar, ver y pensar: “Uy, esto es reviejo, casi no se entiende”. Es un pedacito de memoria del tipo: “Hace mucho tiempo yo venía acá, cuando tenía 16 años…”.

¿Existe algún apego con murales estéticamente bien logrados?
No, porque si uno se apega, ‘paila’. Esa es la gracia: tomar la foto en el instante y esperar que dure. Pero mañana pueden llegar los dueños del muro y decir: “Voy a taparlo”. Este arte es efímero, de eso se trata. ‘Chimba’ que dure, pero hay muchos que no.

¿Cómo eligen los lugares?
Uno escoge lugares que sean visibles, cómodos. Tú vas en la buseta y miras a todas partes: “Uy, abandonaron esa casa, ¡ahí fue! ¿Acá hay celador o no? ¿La Policía llega o no?”. Es más bacano utilizar espacios viejos.

¿Por qué?
No incomodo a nadie y doy nueva vida a algo olvidado. Al muro nadie le ponía atención mientras pasaba en el carro, porque no tenía nada. Tal vez ahora que lo tenga lo van a ‘pillar’, genera otras reacciones, se crea otro espacio.

¿Mejor pintar de día o de noche?
Al principio yo pintaba mucho de noche, pero me pregunté: “¿Por qué pinto de noche si no estoy haciendo nada malo?”, una vez un policía me agarró y me dijo: “¿Qué está haciendo?”. Y yo: “No, nada” y me dijo: “Entonces, ¿por qué viene a hacerlo por la noche si no está haciendo nada?”. Entonces, prefiero pintar en el día y ‘frentearlo’; aquí no llegó nadie, pero alguien podría llegar. Y pienso responderle: “El muro ha estado abandonado y ahora usted viene a reclamarlo…”.

¿Cómo los tratan los dueños de los espacios?
Es un diálogo de tú a tú con quien está a cargo. Los policías son un poco laxos, a algunos hasta les gusta lo que hacemos. A otros no, esos llaman al camión y directo para la UPJ , mientras otros dicen: “Bueno, pues voy a aprovechar y voy a sacarle a este man algo de ‘luca’ y tal”. Me ha tocado darles plata. O el agente asume que con tanta gente delinquiendo, “¿Para qué voy a perder el tiempo con un chino que está pintando un muro?”.

¿Quiénes deciden sobre lo que se pinta en los muros?
Es chistoso. La Policía se convierte en la curadora de la calle. Si al agente no le gustó lo que estás haciendo, te tienes que ir. Si le gustó, genial. En Medellín, una vez estábamos pintando y llegaron dos motos y pensamos: “¡Uy, no! Nos levantaron”. Pero nos dijeron: “Muchachos, no ven nada, ahí les dejamos las motos con las luces prendidas que vamos a ir a tomarnos una gaseosa”. ¿Eso cuándo pasa? Hay de todo.

Que la policía sea la curadora marca una diferencia con el artista de academia…
Sí, con lo formal. Si uno no se mueve, está perdido. A menos que desde la universidad ya tenga trabajo, o sea hijo de alguien importante. Pero así también es bacano. Se demora uno más pero da más satisfacción venir de cero y lograrla, sin educación. Una vez vino un polaco a pintar con nosotros y llegó la Policía. Les dijimos: “Este man es de Polonia, es famoso y tiene página web”. El policía miró en el computador y dijo: “¡Pero si este man es un putas!”. Los policías se quedaron ahí, se tomaron fotos con él y dejaron una patrulla cuidándonos. El polaco decía: “En Polonia la Policía nos odia. Este es el único sitio en el que uno se toma fotos con la ‘tomba’”. Y eso pasa cuando ven que es alguien que le pone empeño, que no llega a dañar el muro, sino a arreglarlo antes de que lleguen otros carteles y lo vuelvan nada. O antes de que llegue Tigo y pinte todo de azul, como en los pueblos, donde sólo hay caritas de Tigo en las paredes y está todo invadido por la publicidad.

* Cortesía de la Revista Directo Bogotá

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