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«No queremos ‘chichiguas’ de Coninsa»

La constructora busca negociar con cuatro familias la compra de sus predios, después de que la demolición de un edificio provocara grietas y los obligara a desalojar.

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Antes de que Ramón H. Coninsa comenzara las labores de demolición previas a la contrucción de un edificio de 150 apartamentos en un sector residencial y patrimonio del centro de la ciudad, los habitantes de Bosque Izquierdo vivían en plena tranquilidad. Por lo menos es lo que aseguran cuatro familias que se han declarado «desplazadas» de sus casas y que insisten en que no permitirán que sus predios sean comprados por cualquier valor.

Aunque aseguran que la constructora ha respondido con eficacia a los requerimientos que han tenido, quienes tuvieron que irse porque sus casas fueron declaradas en estado de emergencia, afirman que no permitirán que, además de tener que vivir en un lugar que no es el suyo, les vayan a pagar cualquier peso por sus casas.

Como lo relató este diario, en febrero, los vecinos del Bosque Izquierdo se oponían desde el principio a que esa construcción se realizara, en gran parte, porque implicaba la tala de 27 árboles y el traslado de otros tantos, que además ellos mismos habían sembrado.

No obstante, la población ya había advertido que el ruido de las máquinas cada vez se hacía menos soportable y, como si se tratara de un temblor, cuando se encendían los motores, las paredes empezaban a moverse. El edificio, pocos meses después de que se realizaran esas labores, empezó a agrietarse y a las cuatro familias que vivían allí, entre ellas un adulto mayor de 95 años, les tocó irse, sin más.

Según el urbanista Fernando Cortés, «la estrategia de la constructora estaba fraguada y es su modus operandi: El Fondo de Prevención y Atención de Emergencias (Fopae) declaró el predio en estado de riesgo y, bajo esa condición, es inevitable que el edificio se desvalorice», asegura Cortés.

Ramón H. Coninsa, sin embargo, ha sido enfática en afirmar que para ellos lo más importante es que la población esté cómoda y por eso, rápidamente, actuaron: «A cada una de las familias las ubicamos en lugares, incluso, más cómodos que donde estaban».

Coinciden los «desplazados» del edificio en afirmar que el más afectado en todo este asunto fue don Gabriel Rincón, un señor de 95 años que, en varias oportunidades, se rehusó a salir. No obstante, al encontrarse en tan deplorable estado el predio, tenían que desalojar, pues sus vidas corrían peligro.

Ramón H. Coninsa no ha empezado a construir. Aunque hay una sala de ventas que está activa, no se pueden iniciar labores hasta que los líos con los habitantes afectados sean solucionados. Mientras tanto, los vecinos de ese sector se siguen preguntando qué pasará con su barrio y si se tienen que ir aunque no sea su deseo.

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