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Durante los últimos tres fines de semana, después de las 11 de la noche los menores de edad que sean sorprendidos en la Zona Roza y algunos sectores de Suba, Ciudad Bolívar y Usme, entre otras localidades, serán detenidos por la Policía. La medida, que generó conmoción entre los jóvenes y algunos dueños de la llamada industria de la noche, pero alivio entre los padres de familia, comenzó a arrojar los primeros resultados con la disminución en los índices de criminalidad.
Sin embargo, un grupo de pedagogos y expertos en comportamiento infantil y adolescente, insiste en que la ciudad debe ofrecerles a los jóvenes alternativas de diversión, diferentes a la rumba. Andrés Restrepo, subsecretario de Seguridad y Convivencia, analizó con El Espectador el impacto que ha tenido la medida en los sectores más críticos de Bogotá.
¿Cómo surge la medida del toque de queda?
El Decreto 013 aparece en un momento de desbarajuste. Se trata de una medida transitoria, porque nos preocupa que genere, como respuesta, situaciones de ilegalidad. Además noto que se empezó a generar un clima de opinión alrededor de cuál debe ser el contenido de la rumba. Por eso, hemos dicho que no se trata de satanizar la rumba, sino de recuperar las condiciones normales en zonas críticas.
¿Por qué se pensó en la restricción a los menores para solucionar el problema de inseguridad y violencia ?
En la calle ellos están sometidos a riesgos muy altos. En ese escenario comenzamos a buscar soluciones y nos encontramos una norma vieja que posibilitaba la restricción a la circulación de menores. En unas zonas difíciles de Suba comenzamos a aplicarla y, para sorpresa nuestra, se redujo en 22% el total de los delitos y en un porcentaje mayor la vinculación de niños y adolescentes a estas actividades. Después de tres meses pensamos en aplicarla en Ciudad Bolívar y la medida se difundió.
¿Qué alternativas de diversión tienen ahora los adolescentes?
Hay varios programas. Por ejemplo, “Jóvenes conviven por Bogotá”, de la Secretaría de Gobierno, pretende identificar y apoyar expresiones juveniles artísticas. Hemos querido aprovechar la oferta musical gratuita de la ciudad, que es la más grande de Latinoamérica, para llenar los espacios públicos de una programación alusiva a las demandas juveniles. Pero el problema no es sólo llenar de contenido el espacio público para los jóvenes, sino de interés el espacio familiar.
¿Cómo percibe la rumba en Bogotá?
Teniendo en cuenta la cantidad de gente que sale a divertirse de viernes a domingo, cerca de dos millones de personas, realmente hay más convivencia que violencia.
¿Qué tan preocupante es el consumo de alcohol?
Las prácticas de socialización, en unos sitios del país más que en otros, están ligadas al consumo de alcohol. En Bogotá nuestra preocupación tiene que ver con un mayor número de jóvenes consumiendo desde edades más tempranas y con el hecho de que la práctica de consumo tiende a ser excesiva, se ha vendido la idea de que tienen que tomar hasta emborracharse.