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Un nuevo movimiento vuelve a sacudir la asociación público-privada de uno de los proyectos más ambiciosos de Bogotá de los últimos años (al lado del metro y la PTAR Canoas), con una inversión que asciende a los COP 2,4 billones, y comprometió la operación del estadio más importante del país por 30 años. De CDEC a Sencia, la participación mayoritaria ahora está en manos de Corficolombiana para asegurar la construcción de un estadio para 50.000 personas que será más que deporte, un ambicioso “hub” de entretenimiento en Bogotá.
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De estadio a “hub”
Durante décadas, y hasta mediados de 2024, El Campín fue un activo público administrado por el IDRD, que le dejó al Distrito más de COP 10.000 millones anuales por boletería y eventos. Estos recursos eran destinados al mantenimiento de parques y escenarios deportivos. Sin embargo, a partir de 2018, en la alcaldía de Enrique Peñalosa, comenzó a tomar forma un proyecto de renovación que con el paso de las administraciones transformó la naturaleza del estadio: de un escenario deportivo público a una asociación público-privada (APP) concebida como un complejo de gran escala, con participación mayoritaria del sector privado y más de 68 % de áreas para entretenimiento y solo 31 % destinado a deporte.
Aunque inicialmente la adjudicación se hizo a la APP Complejo Deportivo El Campín (CDEC), estructuradora del proyecto durante seis años, el contrato fue finalmente firmado en 2024 con Sencia S.A.S., una empresa creada como “vehículo concesionario” que está conformada por nueve firmas, entre ellas tres de origen español y una colombo-panameña. Si bien el cambio abrió cuestionamientos, pues el Distrito reconoció más de COP 20.000 millones por costos de estructuración a una firma ligada al mismo grupo que terminó operando el contrato, el corazón del debate sigue siendo financiero: el Distrito dejó de recibir utilidades netas y pasó a una contraprestación del 1 % de los ingresos por boletería durante los primeros 15 años, de los cuales solo el 0,2 % sería de libre destinación.

Nuevo jugador
En agosto de 2025, Sencia y el alcalde Carlos Fernando Galán anunciaron un ajuste clave al proyecto: la construcción de un nuevo estadio en otro predio del complejo, lo que permitiría mantener en operación El Campín mientras avanzan las obras. En ese mismo tiempo se cocinaba la compra del 51 % de las acciones de Sencia por parte de Corficolombiana, uno de los principales holdings de inversión del país y brazo financiero del Grupo Aval. ¿La razón?
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Alejandro Sánchez, vicepresidente de la Banca de Inversión de Corficolombiana, relató a este diario que la entrada del grupo al proyecto se dio tras identificar “una oportunidad de complementariedad con los promotores de la APP”. Según reconoció, aunque Sencia y los demás accionistas del proyecto tenían experiencia en entretenimiento, logística y construcción de estadios, no contaban con los recursos ni con la trayectoria necesaria para ejecutar un proyecto de gran escala, lo que abrió la puerta a la llegada de un socio con mayor músculo financiero.
En contraste, la concejal Heidy Sánchez cuestionó la adquisición del 51 % de Sencia por parte de Corficolombiana, al señalar que el movimiento confirma debilidades estructurales del concesionario en la APP de El Campín. Según explicó, Sencia recibió una ampliación de plazos para demostrar su capacidad financiera, lo que a su juicio evidencia que “no tenía toda esa plata para cumplir con lo que se comprometió en el principio”.
Este diario contactó a Sencia para conocer su posición frente a la entrada de Corficolombiana y los cuestionamientos que rodean el proyecto, pero desde el concesionario indicaron que por ahora no se pronunciarán sobre el tema.
El directivo de Corficolombiana confirmó, además, que el grupo aportará capital, acceso a financiamiento y buenas prácticas en gobierno corporativo. “No vamos a operar directamente el estadio, pero sí se ejercerá el control como accionista principal para reforzar el cumplimiento del contrato y aumentar las probabilidades de que el proyecto se ejecute conforme a lo pactado”.
Sobre el alcance del proyecto, Sánchez aseguró que las características de la APP no cambiarán con la llegada de Corficolombiana, pues se trata de un contrato con hitos y obligaciones ya definidos. Por ejemplo, la fase de construcción de aproximadamente tres años y medio estaba prevista para iniciar en noviembre de 2025, lo cual aún no ha ocurrido, en parte, mientras se acababa de definir la entrada del nuevo jugador.
“Actualmente estamos en la fase en la que se afinan los diseños, se someten a aprobación del Distrito y se cierran los recursos de deuda necesarios para ejecutar el proyecto. En los próximos tres o cuatro meses ya debe empezar la fase de construcción”, añadió.
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Sin duda, la llegada de Corficolombiana al proyecto de El Campín asegura, al menos financieramente, una APP que desde su adjudicación ha estado marcada por ajustes. Eso sí, persisten las dudas sobre los tiempos, el impacto en las finanzas públicas y el equilibrio entre el interés privado y el público del principal escenario deportivo de Bogotá.
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