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Desde los años 90, varias comunidades de Bogotá han luchado sin descanso por la protección de sus humedales. Aunque cada generación ha tenido un papel distinto, todas tienen algo en común: la defensa de los 17 ecosistemas que hay en la capital. Según Jorge Escobar, director de la Fundación Humedales Bogotá, en estos 30 años estuvieron en riesgo de desaparecer e, incluso, solo desde 2010 los ciudadanos comenzaron a interesarse por el valor de un humedal.
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Sin embargo, el panorama para cada ecosistema hoy es diferente. “Uno se da cuenta de que no hay una constante. Hay humedales que mejoran, otros se mantienen y algunos van en retroceso”, señaló Escobar, a quien estos 12 años con la Fundación le han permitido identificado lo difícil que es mantener un proceso de mejora, en especial cuando se atraviesan obras, cambio de políticas o las formas de hacer las cosas de cada administración de Bogotá.
Panorama de los humedales
La Secretaría de Ambiente, entidad que administra estos ecosistemas, resalta que en los últimos años la ciudad pasó de tener 724 hectáreas (ha) de humedales a 901 y de 15 a 17 ecosistemas, siendo la Tingua Azul (entre Kennedy y Bosa) y el Hyntiba-Escritorio (Fontibón) los más recientes, y que El Tunjo fue el que más creció, al pasar de 33,21 ha a 86,04 (159 %). Además, los humedales fueron declarados reservas distritales, cumpliendo el nuevo POT, para evitar en el futuro “el desarrollo de obras como las que autorizó la pasada administración y la recreación activa”, dijo Carolina Urrutia, secretaria de Ambiente.
Las obras que menciona Urrutia son las que hoy generan preocupación en la comunidad, las cuales, si bien comenzaron en la alcaldía de Enrique Peñalosa, las continuó la actual administración. Un ejemplo: el puente del humedal Juan Amarillo, que Peñalosa ofertó como opción para unir las localidades de Suba y Engativá, y para que habitantes de los barrios Lisboa, Berlín, Santa Cecilia, Tuna y San Pedro accedieran a servicios que no hay en su zona, pero sí en Ciudadela Colsubsidio, Cortijo, Bolivia y Bochica.
Sin embargo, la obra ha sido un dolor de cabeza, no solo para la comunidad inconforme por los daños al humedal, sino para el Distrito y los constructores. La obra ha sido sellada más de una vez, provocando retrasos, incrementos de presupuesto y demandas. “Hoy vemos obras inconclusas, que lastimaron el ecosistema”, agregó Jorge Escobar, quien advierte incertidumbre con el trabajo, así como un creciente detrimento patrimonial y ambiental con cada peso que autorizan para su desarrollo.
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“En la pasada administración, las instancias legales nos dieron la razón a quienes nos oponíamos a las obras, pero el Distrito cambió la política de humedales, para hacerlas. Si desde el comienzo nos hubieran oído, no se estarían preguntando si es mejor terminar o derribar lo que hay”, comentó Escobar.
Pero el Juan Amarillo no es el único afectado. Escobar resalta los cambios en el humedal Córdoba, en Suba. “Era uno de los que estaba en mejor estado, pero en pandemia comenzaron obras polémicas, que siguen sin terminar, como la construcción de senderos y una aula ambiental. Desde entonces, la ciudadanía no ha podido disfrutar el humedal”, agregó Escobar.
A este se suma La Conejera, cerrado desde noviembre de 2022, de manera preventiva. “El año pasado llovió bastante y los senderos estaban muy lastimados. Sin embargo, nos quedamos esperando a que lo abrieran. Ha sido difícil conocer qué está pasando allí. Su cierre, lamentablemente, lo aprovechan personas consumidoras, que se entran por otros puntos y terminan afectándolo”, dice Escobar.
La Empresa de Acueducto de Bogotá, encargada del mantenimiento de los humedales y de algunas de las obras, señala que “hay desafíos en la gestión y conservación de los humedales que implican mayor articulación institucional, planificación acorde con estos ecosistemas y mayor conciencia frente a derechos y responsabilidades de los ciudadanos para promover su conservación”.
Pero no todo es negativo. Según la empresa, también se ha visto un incremento en la diversidad biológica en los humedales, algo que se evidencia en sus reportes de monitoreo. La Secretaría de Ambiente informa que, en los últimos meses, se identificó la presencia de 98 especies de aves, 14 de mamíferos, 11 de reptiles y anfibios, y 116 familias de artrópodos en 15 humedales. Y en el ejercicio de mantener el bienestar de estas especies y del ecosistema en general, es cuando la labor de las comunidades y el Distrito juega un papel fundamental en la protección de estos espacios.
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La defensa de los humedales
Carolina Urrutia, secretaria de Ambiente, expone las acciones para defender los humedales, como los procesos sancionatorios por obras en corredores ambientales: dos en el humedal Córdoba, dos en el Jaboque y seis en Tibabuyes. Incluso, en este último, se impuso una multa de $7.200 millones al Acueducto, por incumplir los permisos de ocupación de cauce, autorizados en 2017 y 2019.
O la implementación en el último año del protocolo de monitoreo en aves, mamíferos, herpetofauna (reptiles y anfibios) y entomofauna (insectos) en 15 humedales. “El inventario, que se hace cada tres años, sirve para conocer la cantidad de especies exóticas e invasoras, así como para actualizar los planes de manejo ambiental. Además, con otras entidades, se realizó el control en más de 348.942 m² de cobertura vegetal (retamo, especies forestales, parásitas, enredaderas y pasto kikuyo), y se adelantaron 1.827 actividades de educación y gobernanza ambiental con 72.770 personas”, agregó la secretaria.
Por su parte, el Acueducto, además de cumplir con su obligación de llevar a cabo los Planes de Manejo Ambiental (PMA) en los humedales, asegura que ha realizado el diseño y la construcción de los interceptores y colectores, indispensables para evitar las descargas directas de aguas residuales sobre los humedales, así cómo la verificación, diseño y corrección de conexiones erradas, para mejorar las condiciones de calidad del agua de los afluentes que llegan a los humedales. Recalcan que desde el 2020 “se han intervenido ocho humedales y sus afluentes, eliminado 5.897 conexiones que afectan la calidad hídrica de esos cuerpos de agua”.
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Y la comunidad, a través de sus colectivos, ha llevado a cabo acciones para proteger estos ecosistemas. Un ejemplo de estos es Somos Uno, una organización que trabaja hace años por la protección del humedal Juan Amarillo. Uno de los esfuerzos que más los ha destacado ha sido la creación de huertas comunitarias en los barrios Ciudadela Colsubsidio y Cortijo, en donde reúnen a los habitantes y, mientras les enseñan a sembrar y otras labores de una huerta, los informan sobre todo lo que sucede con el humedal y su importancia.
La Fundación Humedales de Bogotá también se ha enfocado en difundir lo que sucede en estos espacios. Y han llevado a cabo la siembra de alrededor de 30.000 árboles, han realizado recorridos con colegios, talleres en universidades y empresas e, incluso, llevan un registro que indica cuántas y cuáles aves hay en cada humedal.
Estas dos organizaciones son ejemplo para sus comunidades. Sin embargo, en Bogotá hay más de estos colectivos, que se han dedicado a exigirle al Distrito que cumpla con el papel de vigilar, proteger y administrar de manera adecuada estos espacios. Y gracias a esas luchas es que se ha podido, en la medida de lo posible, difundir y hacer mediáticas las afectaciones que han sufrido los humedales por las obras mencionadas.
“La participación real, efectiva e incidente de las comunidades en los procesos de cuidado y protección de los humedales ha sido fundamental en los últimos años. La Mesa de Humedales es un ejemplo de una comunidad unida y organizada. Los defensores de los humedales comenzaron a trabajar por estos ecosistemas desde finales de los años 90 y fueron creando una red incidente, para la protección y defensa de estos espacios naturales”, reconoce la secretaria Urrutia.
Y precisamente, como parte de ese trabajo de informar lo que sucede con estos ecosistemas, entidades como la CAR, el Acueducto, la Secretaría de Ambiente, la Organización Somos Uno y ProBogotá se reúnen, este lunes 24 de abril, en un conversatorio que organiza El Espectador, en la Feria del Libro de Bogotá, para ahondar en los retos que implica proteger los humedales. No olvide que el encuentro se llevará a cabo en Corferias, a las 5:00 p.m., en el pabellón 17, stand 1409.
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