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La mortalidad materna es un problema de salud pública inaceptable teniendo en cuenta que la mayoría de sus causas son evitables. La OMS la define como “la muerte de una mujer durante su embarazo, parto o dentro de los 42 días después de su terminación por cualquier causa relacionada o agravada por el embarazo, parto, puerperio o su manejo, pero no por causas accidentales”.
En Bogotá las muertes maternas muestran un vertiginoso ascenso en los últimos dos años, revirtiéndose la tendencia descendente de la última década. En 2019 se presentaron en la ciudad 21 muertes maternas (24,7 por cien mil); en 2020 fueron 25 (31,5 por cien mil); y en 2021 casi se duplicaron al llegar a 41 (61,4 por cien mil), igual a la cifra de 2011.
Esta situación obliga a realizar un profundo análisis para saber exactamente sus causas y tomar medidas correctivas. Aunque este fenómeno se presentó en casi todo el país luego de la pandemia por Covid y en parte por la migración de población venezolana (en la que se refleja el 10% de estas muertes), el deterioro fue mayor en Bogotá comparado con el promedio nacional. Además de que esto no puede servir de disculpa ni mucho menos de consuelo.
Lo anterior, teniendo en cuenta la situación privilegiada de Bogotá donde el 85% de su población está afiliada al régimen contributivo y se dispone de la mejor y más completa red de servicios de salud y protección social del país, que deberían ser motivo suficiente para que no estuviera sucediendo este hecho, al menos en esas dimensiones.
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Bien se sabe que evitar estos fallecimientos depende de la cobertura, calidad y buen funcionamiento de la red de servicios de salud y protección social. Por esta razón es cuestionable que se presenten, afectando en mayor proporción a las mujeres con mayor vulnerabilidad social y económica, que son responsabilidad del sector público en Bogotá.
Afirma la OMS que el buen funcionamiento del sistema de salud y protección social depende de su capacidad para actuar como una red integrada, para identificar tempranamente estos casos en las comunidades, sin esperar a que busquen ayuda, ser atendidos oportunamente en los primeros niveles cerca de su lugar de residencia y remitidos para su manejo especializado.
Aunque Bogotá ha avanzado en contar con redes integradas de servicios, parecería que no están funcionando como debería. Hace falta profundizar en lo iniciado en 2016 con la creación de 4 subredes integradas de salud, de centros de atención especializada en todas las localidades de la ciudad y de la ampliación de la plataforma unificada de historia clínica electrónica. Igualmente, fortalecer la relación de coordinación con los sectores de Integración Social, Educación, ICBF y Policía de Infancia y Adolescencia.
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Los resultados observados en muertes maternas y en niños por desnutrición, que son fenómenos estrechamente relacionados, señalan que hay dificultades. Se requiere un esfuerzo conjunto, público y privado, para resolver estos problemas que garanticen retomar el camino de la integración y los buenos resultados, acordes con los recursos que sus ciudadanos invierten en estas prioridades.
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