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En un fin de semana al Parque Nacional pueden llegar entre siete mil y diez mil bogotanos, según cifras del Instituto Distrital de Recreación y Deporte (IDRD). Sin embargo, en este mismo parque, donde abundan los deportistas, los vendedores ambulantes y los transeúntes durante el día, atacaron brutalmente a Rosa Elvira Cely el pasado jueves en la madrugada, sin que ninguno de los vigilantes de la zona se percatara.
¿Qué tan seguros están los bogotanos en este espacio? El parque comienza en la carrera 7ª, pero buena parte de sus 65 hectáreas se extiende hacia los cerros orientales donde se convierte en reserva forestal. Allí abundan los eucaliptos, formando una cueva vegetal propicia para actos como el que terminó con la vida de Cely.
Expertos coinciden en que al caer la noche el Parque Nacional no es el mismo, que hacen falta mayores políticas de seguridad para espacios como este en la capital y que el caso de Cely no es aislado.
“El parque y los cerros orientales son un escenario para la inseguridad y esta zona, que debería ser el principal sitio de recreación para los bogotanos, no ofrece garantías, “así resume Jorge Restrepo, director del Centro de Recursos para el Análisis de Conflictos (Cerac) su dictamen de seguridad.
Su visión la comparte Andrés Lizarralde, vocero del movimiento la Séptima se Respeta y quien fue coordinador de seguridad de la localidad de Chapinero durante la pasada administración: “El caso de Rosa Elvira Cely no es un hecho continuo, pero tampoco es aislado, la situación del parque genera una condición de vulnerabilidad para sus visitantes porque se puede disfrutar de día, pero en la noche se convierte en tierra de nadie”.
Una fuente cercana a la administración le dijo a El Espectador que el parque se ha convertido en un espacio para los vendedores de droga de la zona, “que tienen tratos con la Policía para evitar su presencia en la noche”.
Otra cosa cree Ricardo Gómez, subdirector técnico de parques del IDRD, entidad encargada del Parque Nacional. Para Gómez, “el Distrito ha adelantado todas las medidas para que los bogotanos se sientan seguros”.
Según Gómez, hay un fuerte apoyo de la Policía que hace presencia en el parque con 40 uniformados de la Escuela de Carabineros que hacen rondas desde el río Arzobispo hacia los cerros y una patrulla que hace recorridos cada 40 minutos. “Además hay un servicio de vigilancia privada de nueve guardas con turnos de 24 horas acompañados de caninos”.
Sin embargo, también reconoce que el parque no cuenta con instrumentos como cámaras de seguridad, que hace falta mayor iluminación y que sólo cuentan con un teléfono del que se podría hacer una llamado de emergencia, ubicado en la administración del parque.
Aun así, la sensación de inseguridad persiste en el Parque Nacional y en los cerros, como lo insiste el director del Cerac: “No hay suficiente presencia de las autoridades, hay pandillas que roban ahí y no hay una respuesta para desarticular esas organizaciones”.
Percepción similar tienen los vecinos del Parque de La Independencia, a pocas cuadras del primero. Según Gloria Correa, vocera del movimiento Habitando el Territorio, “en la noche no es recomendable que nadie camine por ninguno de los dos parques”.
El caso de Rosa Cely no es el único. En 2006, Jaime Enrique Gómez, asesor de la congresista Piedad Córdoba, murió en extrañas circunstancias en el parque y en 2010 un escalador perdió la vida tras recibir un tiro en la cabeza por encapuchados que intentaban robarle.
El viernes, en el parque, eran varios los uniformados haciendo recorridos. Sin embargo, los vecinos esperan que las medidas vayan más allá y que el Parque Nacional no tenga hora de cierre por cuenta de la inseguridad. Así lo resume Lizarralde: “Siempre que ocurre algo similar hay presencia policial, pero en unos meses desaparece. Lo que necesitamos son políticas integrales que permitan que los bogotanos puedan aprovechar verdaderamente espacios como este”.