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Las doce mujeres que fueron agredidas con ácido este año en Bogotá comparten la misma incertidumbre: “¿Cómo adaptarse a la sociedad después de que te arruinan tu cara, tu cuerpo?”. Ellas acudieron al II Seminario Internacional “Salud en Cuerpo de Mujer”, organizado por el Distrito, para plantear sus dudas. Una de las personas que escucharon sus peticiones fue Jaf Shah, director ejecutivo de la organización Acid Survivors Trust International (ASTI) —Fondo Internacional para Sobrevivientes del Ácido—, que trabaja con víctimas de Bangladesh, Uganda, India, Pakistán y Nepal. Vacíos legales para una reparación, dificultad para encontrar trabajo después de la agresión y trabas para una cirugía estética fueron algunas de las quejas que llegaron a oídos de Shah, quien habló con El Espectador:
¿Qué piensa de los reclamos de las sobrevivientes en Colombia?
Son mujeres fuertes, que no se han dejado vencer después de los ataques. He notado semejanzas con las sobrevivientes que conocí en Bangladesh, Pakistán, India… Muchas tienen entre 20 y 30 años y fueron reprimidas por sus victimarios, que con acciones violentas buscaron tener control sobre ellas. La violencia con ácido no se trata de matar, sino de destruir su imagen. Es decirle: si no eres mía, nadie más podrá tenerte, ni se fijará en ti. El sentido de propiedad sobre la mujer es evidente en estos países.
¿Y la labor del Estado?
En estos países, como sucede aquí, existe una aplicación débil de la ley. Esto pasa en países con instituciones débiles y propensas a la corrupción. Otra característica que comparten es que existen altos niveles de discriminación por la sociedad civil. El conflicto interno de estos países ha agravado el problema de discriminación.
¿Qué ha logrado su fundación?
Desde Londres hemos recaudado fondos para las organizaciones que trabajan con mujeres sobrevivientes a los ataques con agentes químicos. En Pakistán, por ejemplo, implementamos un programa de reparación financiado con el gobierno británico. También ofrecemos acompañamiento legal y hemos firmado alianzas con organizaciones locales. Me encantaría trabajar en Colombia, creo que es necesario concretar una alianza con las organizaciones de víctimas, ya que la cifra de ataques con ácido per cápita es una de las más altas en el mundo.
¿Dialogan con los gobiernos?
Es necesario, para que las reformas legales sean implementadas. Puede que existan cambios legislativos, pero si los ataques se siguen incrementando es porque el Estado no se está esforzando por aplicar la ley. También nos preocupa que la sociedad esté relegando a las mujeres agredidas con ácido. Ellas no son ciudadanas de segunda clase: merecen oportunidades de trabajo, educación. También hemos recomendado que implementen, de verdad, una regulación para la venta de agentes químicos. Si en Inglaterra el índice de agresiones es bajo se debe, en parte, a que para comprar ácido necesitas una licencia.
¿Cuál es el perfil de los agresores?
Hombres entre 18 y 35 años. Muchas veces atacan porque tienen serios problemas familiares, porque han sido rechazados y a veces abusados. No es un problema sólo
psicológico. Creo que tiene que ver con el entorno inmediato, la misma sociedad que permite que estos comportamientos sean aceptados y en algunos casos validados.
¿Cómo cree que deben ser juzgados?
Cuando las penas son muy flexibles, quiere decir que existe cierto nivel de aceptación de la sociedad y el Estado. Como mínimo, deberían aplicarles penas por 20 o 30 años. Un punto crucial es que los medios y el Gobierno dejen de ver estos ataques como casos sensacionalistas. Se habla mucho de casos particulares, mientras otros pasan desapercibidos. La Policía también está fallando, no está brindando una atención eficiente. He visto casos que no llegan siquiera a los jueces. Eso genera impotencia.