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“Pensaron que esto iba a ser una rapiña por espacios burocráticos»

El alcalde lanza varios puyas: a quienes no creyeron en sus conocimientos de ciudad. A quienes han dicho que su administración será clientelista. Y a quienes aseguran que su familia y sus amigos lo dominan.

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Apenas lleva dos meses en la alcaldía y ya se ve que sufre un cambio. Despliega la amabilidad social que siempre lo ha caracterizado pero no puede ocultar el aire de quien tiene en sus manos el bastón de mando. Si en los debates televisados de la época de la campaña se le notaba tenso y hasta nervioso, ahora refleja una calma nacida de la certeza de un triunfo contundente.

La habilidad del político todavía joven pero toreado en varias plazas, le fue útil para evadir preguntas un poco incómodas de esta entrevista, o para responderlas con las frases que esperarían oír sus votantes. Sin embargo, estaba en actitud de guardia: prevenido y cauteloso. No se necesita ser un adivino para saber que Samuel Moreno es conciente de lo que se dice de él en los medios políticos y periodísticos, y de lo que se ha vaticinado que pasará en su administración.

Aunque el interrogante planteado no fuera directo, era obvio que, por si las moscas,  aprovechaba para desvirtuar versiones sobre el susurrado compromiso burocrático de su administración con unos miembros del Polo y de otros partidos; sobre su por ahora presunta tendencia a vencer resistencias políticas con cuotas de poder; sobre la influencia exagerada que se le atribuye a su familia en sus decisiones; pero especialmente, sobre lo que más parece que le duele: las dudas  en torno a la profundidad de sus conocimientos.

En efecto, mantuvo el control, pero en este último punto dejó escabullir un tris el sentimiento. Liberó unas palabras con carga emotiva, por lo que dijeron de él algunos columnistas. Parece comprensible pues incluso los vencedores, tienen derecho a resentirse.

Dígase lo que se diga, el alcalde Moreno estará de todos modos sometido a la mirada crítica de los bogotanos, esos volubles capitalinos que dan y quitan su apoyo, sin saber muy bien cuándo ni por qué. Si no, que lo digan quienes han sido sus ídolos y después sus víctimas. El nuevo mandatario local será un sabio, entonces, si en la práctica diaria de gobernante muestra que sus afirmaciones no son un recurso hábil sino una simple y llana realidad.

Cecilia Orozco.- A dos meses de haber llegado ¿Siente que se le fue la mano en la época electoral con alguna promesa?
Alcalde Samuel Moreno.- Es sencillo: En la campaña  me cuidé mucho de no hacer propuestas que no pudiera cumplir en la alcaldía.  He estado revisando mi programa de gobierno, letra por letra, y efectivamente ese programa fue muy responsable y se reflejará en el plan de desarrollo. 

C.O.- ¿No hay entonces ninguna afirmación que quiera rectificar?
S.M.- No.

C.O.- ¿Cuál aspecto de su propia campaña reconoce como negativo?
S.M.- Que mucha gente me criticó sin conocerme.

C.O.- ¿Le molestaron las críticas?
S.M.- No, pero fíjese que muchos de quienes escribieron contra mí, ahora me alaban. Seguramente hicieron ese tipo de comentarios por desconocimiento.

C.O.- O tal vez lo criticaban porque aún usted no tenía poder. Y ahora lo alaban porque sí lo tiene.
S.M.- Pienso que tenían información equivocada. Como estuve tantos años en el Congreso, concluyeron que no tenía idea de nada. Tengo una formación muy sólida y un conocimiento serio de Bogotá. No es por posar, pero en verdad, no hay una persona que conozca tanto esta ciudad en los últimos 20 años como yo. Hoy, la gente está gratamente sorprendida con mi independencia y con la selección que hice del gabinete. Pensaron que esto iba a ser una feria, una rapiña por espacios burocráticos. Y se equivocaron.

C.O.- Cuando finalmente se reunió con el Presidente ¿Por qué terminaron hablando del río Bogotá y no del metro?
S.M.- Sabíamos desde el principio que el tema iba  ser el río Bogotá y la reunión fue muy constructiva. Incluso, al final le pude explicar que la nación tenía una deuda de vigencias anteriores con la ciudad. Al día siguiente me llamó y me dijo que efectivamente hubo una falla y que iban a articular un crédito.  Aunque no trascendió, le cuento que además acordamos reunirnos de nuevo el 12 de marzo, precisamente para hablar de movilidad  e infraestructura.

C.O.- ¿Cómo cree que va a ser su relación con el Presidente de aquí en adelante?
S.M.- Va a ser franca y además eso ya está inventado: en Bogotá hay un alcalde del Polo y en la nación un presidente, que es Uribe. Con él, coincidimos en que a mí tampoco me gustan las relaciones sociales y en que cada vez se me vuelven más aburridas porque la gente me llega con memorial de agravios y con pliego de peticiones.

C.O.- Respondiendo a una pregunta sobre cuándo le entregará a Bogotá los dineros para el metro, el ministro de Hacienda contestó: “un momentico, primero que me muestren el estudio”. ¿Es una advertencia del gobierno nacional?
S.M.- No. Hay una ley que sacamos adelante hace unos años y que bautizamos como la “ley de metros”. Según ella, la Nación está en la obligación de financiar hasta el 70% de todas las inversiones de transporte masivo. Además hay un mandato absolutamente claro de la ciudadanía y yo tengo la obligación de hacerlo cumplir.

C.O.- Sin embargo ¿No cree que en la vida real, el gobierno nacional tiene  la sartén por el mango en la parte financiera? Ya se nota en la discusión sobre el aporte del 70% y hasta se dice que solo habrá aportes en 2016.
S.M.- No entraré en esa discusión. Aunque sea una decisión conjunta, Bogotá puede desarrollar una serie de alternativas en determinadas circunstancias. Sería un poco injusto con la ciudad que toda la nación  financie el metro de Medellín y que, en cambio, no participe en un proyecto de la envergadura del metro de Bogotá.

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C.O.-  Según unas declaraciones del presidente de Cemex Colombia, usted “condenó anticipadamente” a esa cementera, cuando declaró, reaccionando al embargo de una planta, que “habrá  con qué responder por el daño causado a la ciudad”, por las losas de Transmilenio ¿Condenó a Cemex?
S.M.- Claro que no. Soy abogado y cuando un juzgado determina medidas cautelares, es precisamente cuando quiere tener garantías de que se reparará un posible daño.

C.O.-  Pero no le falta razón al presidente de Cemex cuando dice que una organización que tiene 37 plantas y millones de dólares invertidos en el país, no se va a volar.
 S.M.-  Soy alcalde, no juez. Las decisiones judiciales son respetables y por consiguiente hay que acatarlas.

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C.O.- En la revista Semana le dedicaron una página a hablar del futuro del polo, con “p” minúscula. Sostiene que “es difícil entender la duda del alcalde de construir un parque en el antiguo campo de polo”del Country.
S.M.- Antes de la consulta interna y después como candidato dije cuál era mi posición frente a la construcción del parque del Country y no he cambiado de actitud. Existen dos temas pendientes: el de la expropiación, que está  demandada por los apoderados del club; y el de los costos. Si me cuesta  10 mil millones de pesos, hago el parque. Pero si cuesta 40 ó 50 mil millones, no lo voy a hacer.

C.O.- Supongo que usted no puede partir del valor que digan los socios interesados.
S.M.- Por supuesto que no. El avalúo es decisión de un tribunal. Pero reitero lo que he dicho: el parque no es una prioridad de mi administración.

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C.O.- Quedó en el aire una suspicacia cuando se dijo que se va a cumplir el vaticinio de quienes dijeron antes de las elecciones que ‘si quieren polo, voten por el Polo”. ¿Se siente comprometido con el Country?
S.M.- Para nada. La gente sabe que haré exactamente lo que dije en la campaña.

C.O.- ¿Por qué no ha nombrado gerente en la Empresa de Acueducto, ni  en el IDU?
S.M.- Le pedí a Liliana Pardo que me acompañara en el IDU durante un tiempo porque hubo muchas inconformidades e irresponsabilidad con algunos  sectores, en el tema de la valorización. En el Acueducto, estamos estudiando nombres.

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C.O.-  ¿Se puede pensar que se hizo un cobro inoportuno de valorización por razones electorales?
S.M..- Ni siquiera fue por eso sino por las fallas en la actualización catastral que se cayó el año pasado, después de que unas 40 mil personas habían pagado con los valores sugeridos. Como se volvió a los valores anteriores, estamos en el plan de reconocerles el dinero que pagaron de más.

C.O.- ¿Qué deben hacer quienes desean reclamar?
S.M.- Tramitar la solicitud de devolución. Tienen plazo hasta el 6 de julio de este año y el contribuyente debe elevar esa solicitud, acompañada de un proyecto de corrección que refleje el saldo a favor.

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SupraPolo
C.O.- Con usted ¿Quién ganó las elecciones: Garzón, el Polo, o la Anapo?
S.M.- (risas) Ganaron muchas personas. Empecemos por mí, en la consulta interna: algunos creyeron que María Emma era una mejor candidata para enfrentar a Peñalosa. Yo estaba seguro de que iba  subir  en la intención de voto y terminé ganando la consulta y la alcaldía. La gente subestimó mi conocimiento, incluyendo a un sector del Polo. Mi triunfo fue absolutamente inobjetable.

C.O.- Insisto: Fuera, desde luego, de usted ¿Quién ganó?
S.M.- Varios. Ganó Lucho porque al fin y al cabo su gestión fue importante para las elecciones. Ganó un sector del Polo, es decir la Anapo, que es el partido de mi sangre, el partido de mis mayores. Ganó el Polo en general, porque hizo una consulta y tuvo éxito en su resultado final. Ganó la ciudad porque la propuesta nuestra es futurista y ganó el voto de opinión.

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C.O.- El Polo le ha criticado ciertos nombramientos ¿Le preocupa?
S.M.- No porque me criticó un senador del Polo por un solo nombramiento.

C.O.-  Pero no es cualquier senador. Se trata de Jorge Robledo  y también oí a Carlos Gaviria criticar el nombramiento, sí, de un secretario pero importantísimo: el de Hacienda.
S.M.- ¿Quién puede desconocer que Juan Ricardo Ortega es una persona competente?

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C.O.- El argumento no es de competencia profesional sino de ideología. ¿Cómo se entiende que gane el Polo y la agenda económica la maneje quien representa la concepción  opuesta?
S.M.- Porque el alcalde soy yo. El alcalde da el énfasis que desee a la inversión en el programa del gobierno.

C.O.- La composición política de su gabinete es bastante variada.  ¿Trata de hacer equilibrio y coalición con todos?
S.M.- Aquí no va a haber representación política de puestos para nadie. Uno no puede ser esclavo de las pretensiones burocráticas de algunos, porque no se podría gobernar. Sería imposible pensar que hay una secretaria para cada concejal y el gabinete sería totalmente inmanejable.

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C.O.- Sin embargo, se puede identificar a ciertos funcionarios con grupos políticos.
S.M.- No lo creo. Escogí a estas personas por su capacidad y porque los conozco, no por su partido. Además, la mitad de ellos son del Polo.

Anapo y familia
C.O.- En cuanto a la Anapo ¿Qué tanto influirá ese grupo político y familiar en esta alcaldía?
S.M.- Nada. Recibí un mandato pero no lo recibí de la Anapo sino de la ciudadanía de Bogotá.

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C.O.- Se dice que su mamá va a manejar algunos temas. ¿Va a destinarle oficina?
S.M.- La única oficina nueva que hay es la de Cristina, mi señora. Va a desarrollar programas de primera infancia, de jóvenes, de embarazos de adolescentes y de población discapacitada.

C.O.- ¿Por qué decidió abrirle oficina a su esposa? No estamos acostumbrados a eso.
S.M.- Es verdad que hacía tiempo que no había primera dama. Cristina será una ayuda valiosa porque va a desarrollar los programas que ya mencioné. También será la madrina en un proyecto que se llama “morrales de sueños” y que contienen útiles escolares, cuadernos, libretas de notas, etc.

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C.O.- Eso se parece a lo que hacía la Anapo.
S.M.- Pero note que es con aportes del sector privado y del sector cooperativo.

C.O.- Vuelvo a María Eugenia Rojas ¿Ella va a manejar algún tipo de programa desde fuera de la alcaldía?
S.M.- No. Ella  ayudará en el tema de concepción de inversión social, y en programas de vivienda porque tiene mucha experiencia. No quiere decir que liderará un proyecto específico.

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C.O.-  No puede negar que su madre juega un rol importante. Entiendo que nunca ha perdido conexión con los anapistas.
S.M.- Mi mamá me ayudo muchísimo en la campaña y teníamos inclusive agendas paralelas. Es una persona  muy importante en este país, tiene trayectoria y un vínculo, una relación y una sensibilidad con lo social, impresionante. Pero que vaya a estar aquí, pues no.

C.O.- ¿Cuánta influencia tendrá su hermano Iván? Mucha gente comenta que usted lo consulta, o al revés, que él influye mucho en usted.
S.M.- No tendrá ninguna influencia. Iván ni siquiera vota en Bogotá.

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C.O.- Pero puede hablar lo que quiera con su hermano, el alcalde.
S.M.- Sí, claro, pero poco ¿Sabe? Mi hermano no vive aquí  y aunque viene a trabajar a escasos metros de este despacho, casi nunca nos comunicamos.

C.O.- ¿Qué impacto cree que tuvieron en su votación los anapistas de tradición?
S.M.- Hay una población votante que tiene relación con la Anapo desde hace muchos años y en la elección pasada sintió que era el tiempo de su reivindicación. Esa espinita del robo de las elecciones del 19 de abril de 1970 todavía existe entre quienes se sintieron frustrados. En la campaña me encontré con muchas personas que me decían que desde el 70 no habían vuelto a votar y que querían que yo ganara para reivindicar las ideas de la Anapo.

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C.O.- ¿Una especie de revancha?
S.M.- No, de reivindicación de la historia.

C.O.- ¿Qué influencia tiene el presidente Samper sobre usted y su alcaldía?
S.M.- Ninguna. Imagínese, si no va a tener influencia mi mamá, menos Samper quien no tiene ningún vinculo familiar conmigo (risas).

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C.O.- Se supone que son amigos cercanos ¿No?
S.M.-  Amigos sí, pero también lo veo poco. No sé por qué la gente dice que Mónica de Greiff es cuota de Samper. A ella la conozco desde que estaba en la universidad, mucho antes de que ella conociera a Samper.

C.O.- ¿Y Yuri Chillán, su secretario general?
S.M.- Yuri también fue mi compañero de estudios. Tanto a Mónica como a Yuri los nombré porque los conozco y porque sé cuáles son sus capacidades.

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C.O.- ¿Qué le abona a los alcaldes que han marcado esta ciudad: Peñalosa, Mockus y Garzón?
S.M..-  A Mockus le abono el tema de cultura ciudadana.  A Peñalosa, haber tomado la decisión de jugársela por un transporte público más eficiente, con Transmilenio, aunque hoy se vea equivocada. Y a Garzón, su compromiso con lo social.

C.O.- Y ¿Lo peor de cada uno de ellos?
S.M.-  De Mockus, su aislamiento de la realidad de la ciudad, aparte de su tema bandera. De Peñalosa que no se la hubiera jugado con el metro, aunque él tiene argumentos para haber tomado esa decisión. Y de Garzón, que no comunicó suficientemente lo que hizo.

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C.O.- Pero él era magnífico con los medios. Me extraña que diga eso.
S.M.- Sí, pero no comunicó cosas muy significativas que hizo por esta ciudad.

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