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María* tiene cuatro años y en su rostro hay una cicatriz, producto de lo que algunos llaman imprudencia y otros un incidente. Era la tercera semana de este año y mientras jugaba con un carro, en la localidad de Bosa, fue mordida por un perro pit bull. El ataque ocasionó el desprendimiento de una parte de sus labios, pero tras una intervención quirúrgica, la menor de edad quedó fuera de peligro.
El dueño del canino recibió un comparendo por no pasear a su mascota con bozal, que ante la ley es tipificada como un animal de “manejo especial”, debido a las condiciones de la raza. El Código de Policía y la Ley 746 de 2002 indican que quien traslade sin traílla a un perro recibirá una multa de cinco salarios mínimos legales diarios ($166.665), y “la multa podría ascender a diez salarios mínimos legales diarios ($333.330) por no portar el bozal en el caso de los ejemplares definidos”.
De acuerdo con el numeral 3 del artículo 126 de la Ley 1801 de 2016, “Ejemplares caninos potencialmente peligrosos”, en el país existen trece razas de cuidado y sus propietarios deben cumplir con varios requerimientos para su transporte o mantenimiento, así como correr con los gastos de los daños que produzca el perro.
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Dicho ordenamiento señala además que son considerados de “razas potencialmente peligrosas” todos aquellos perros que hayan sido adiestrados para defensa y ataque, o que en su historial hayan atacado a personas u otros perros, motivo por el que deben tener bozal en sitios públicos.
Precisamente, el dueño del pit bull que atacó a la niña en el sur de Bogotá no cumplía con estas obligaciones y, a pesar de haber sido multado, fue quien mejor salió librado de la situación. Si bien la niña fue dada de alta y está sin complicaciones, este caso abre un nuevo debate sobre la efectividad de las medidas que se imponen a los propietarios de mascotas de manejo especial y, asimismo, pone sobre la mesa el cuestionamiento de que “ninguna raza es potencialmente peligrosa por naturaleza”, como afirman expertos en el área.
Instinto y falta de adiestramiento en los perros de manejo especial
El ataque que sufrió la niña de cuatro años quedó grabado en video. Allí se observa cuando la menor de edad se acerca al perro con intención de tocarlo. La mascota reacciona de forma violenta al sentir cerca a la niña, motivo por el que se cuestiona si se trataría de una reacción defensiva del canino. A pesar de que el video puede ser interpretado de varias formas, expertos aseguran que estas situaciones son recurrentes y en varias ocasiones perros de cualquier raza han mordido, porque sienten que invaden su espacio.
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“El señor llevaba al perro sin bozal y la niña se le acercó. Si el perro es agresivo, él debió haberlo llevado con las medidas de protección. Las leyes se deben cumplir, porque uno ve por la calle a esos perros grandes sin bozal, con la excusa de que ‘mi perro es noble’, pero es que uno no sabe cómo es la reacción de estos perros en algunas circunstancias”, señaló la madre de la víctima.
Mauricio Mosquera Bastidas, representante de la Asociación en Defensa de los Derechos Caninos Razas Fuertes Colombia, y autor de la tesis “No existen razas caninas potencialmente peligrosas”, establece que aún con bozal los perros pueden atacar y esto no evita que haya mordeduras, lo que demostraría que la teoría de la ley no sería 100 % efectiva.
“La gente, muy equivocadamente por la gran desinformación del tema, cree que el perro por tener un bozal no debe atacar, porque suponen que el perro deduce al igual que el humano. Los animales actúan por instinto; es decir, los únicos instintos que tienen los animales al igual que los humanos son dos: instinto de reproducción e instinto de supervivencia”, señala.
Mosquera agrega que, además del uso del bozal, deben existir buenas prácticas de adiestramiento en perros que muestren signos de estrés, que puedan terminar en situaciones violentas. De hecho, en muchas ocasiones este elemento es usado como castigo y esto puede ocasionar comportamientos agresivos. “El bozal no sirve para evitar mordeduras, que no ladre en exceso o no coma cosas del suelo. Es muy incómodo para el perro, solo sirve como un parche para un problema que no saben solucionar. Si el perro muerde, soluciónalo con educación, pero no le pongas bozal”, indicó.
La situación con los perros de “cuidado especial” ha sido el detonante de otros hechos de intolerancia, como el caso en la localidad de Suba, en el que Jonathan Tacuma fue atacado con un destornillador por un sujeto al que le pidió que paseara a su perro con bozal. A pesar de que el perro no estuvo involucrado en la agresión, sí se convirtió en la punta del iceberg de un caso que terminó en un crimen.
Por esto, Mauricio señala que no está comprobado que existan razas caninas potencialmente peligrosas, más bien existen “individuos no aptos y mal sociabilizados dentro de cualquier raza o mestizaje, y comportamientos individuales provocados por el humano y su mala forma de educar, adiestrar y responsabilizarse de una mascota”.
Otros conocedores del tema afirman que situaciones como la que ocurrió en Bosa o Suba, que pudo haber sido protagonizada por cualquier otro canino, fomentan la estigmatización y, por ende, se ha creado en el imaginario colectivo un rechazo a determinadas razas de perros. Por otra parte, también cuestionan la ley actual, debido a que pareciera que no ha sido “estudiada con claridad”.
“Los legisladores justifican la ley de Perros Potencialmente Peligrosos, aludiendo que estas trece razas son capaces de causar daños por características como la fuerza, la contextura física o el tamaño, pero es que existen más de 200 razas caninas, de las 400 razas que hay en el mundo, que también son capaces de causar daño a una persona adulta, lo que cambia es que hay perros pequeños que por el evidente tamaño de los humanos no agreden, pero igual muerden con fuerza y pueden ser bastante agresivos”, agrega el representante de Razas Fuertes Colombia.
A una de las conclusiones a las que han llegado los expertos en el adiestramiento de perros es que, como en otros temas, la responsabilidad no recae sobre la mascota, sino sobre sus propietarios, quienes no “ponen límites de comportamiento”, y debido a esa ausencia de control y carácter (que no debe confundirse con maltrato animal) surgen leyes autoritarias y determinantes, que generan estigmatización y descontento.
Por otra parte, están quienes aseguran que las medidas que se han adoptado no son suficientes para controlar el cuidado y mantenimiento de estos perros “potencialmente peligrosos”, por lo que deberían plantearse recursos más estrictos para poder tener a estos animales, y que no se convierta en un tema de compra o venta de crías sin regulación.
“La manera de hacer entender a la sociedad es educando, sensibilizando sobre el tema que es desconocido para los políticos que copian y promulgan leyes; para los policías encargados de aplicar la ley que copiaron los políticos, y para los medios de comunicación, que generan una alarma social, publicando noticias sensacionalistas”, concluye Mauricio.
Estas son las razas “potencialmente peligrosas”
El numeral tres del artículo 126 de la Ley 1801 de 2016, “Ejemplares caninos potencialmente peligrosos”, señala que los caninos que pertenecen a las razas consideradas peligrosas, sus cruces o híbridos son: american staffordshire terrier, bullmastiff, dóberman, dogo argentino, dogo de Burdeos, fila brasileiro, mastín napolitano, bull terrier, pit bull terrier, american pit bull terrier, de presa canario, rottweiler, staffordshire terrier y tosa japonés.
La ley establece, además, que la lista queda abierta para que el Gobierno Nacional determine e incluya nuevas posibles razas o mezclas que puedan ser violentas y perjudicar a los humanos.
Señales corporales que anticipan ataques de perros
Expertos han identificado cinco aspectos previos al ataque de un perro y recomiendan estar alerta para reaccionar de manera oportuna.
– Movimientos y desplazamientos como rascarse u olfatear el suelo con insistencia.
– Bostezar, lamerse los labios, mirar hacia otro lado o moverse lentamente con la mirada fija.
– Estrés reflejado en jadeo, pupilas dilatadas, sudor en las patas, temblor y piloerección (el pelo del lomo se eriza).
– Focalización: si el perro aún no ha conseguido neutralizar la amenaza y se siente acorralado, comienza a prepararse para el ataque.
– Preparación para el ataque: el perro levanta los belfos, gruñe y enseña los dientes.
*Nombre cambiado por protección de la víctima.