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Enrique Peñalosa dice que no le está haciendo oposición al alcalde Gustavo Petro y que sólo le interesa el bien de Bogotá. Sin embargo, en esta entrevista con El Espectador, asegura que los más de 600 mil votos que obtuvo en las elecciones del pasado 30 de octubre le hacen asumir una responsabilidad para opinar en nombre de esos respaldos.
Así, el exalcalde y antiguo contendor del actual mandatario local arremete contra él, a quien señala de hacer propuestas irresponsables y sin sustento técnico y de ser muy bueno para hablar pero no para gerenciar. Peñalosa habló sin pelos en la lengua.
¿Cómo evalúa el primer mes de Gustavo Petro como alcalde?
Veo un desconocimiento preocupante de la ciudad en sus prioridades y un riesgo grave de que se haga más daño. El alcalde dice que va a cobrar peajes dentro de la ciudad, a los pocos días dice que más bien va a cobrar el estacionamiento, o dice que va a hacer jardines sociales de lujo y después que no, que mejor unas señoras los cuiden en sus casas.
¿A qué deberá esa indecisión?
Él no tiene proyectos, tiene expresiones emocionales. Sus propuestas ni siquiera son populistas, son antitécnicas, de una irresponsabilidad suprema. Por ejemplo, el alcalde nunca había mencionado el tema del tranvía en la campaña, pero lo invitaron a París, donde venden tranvías, y regresó a decir que los va a poner en la Séptima, en la Jiménez, en todas partes, sin un solo estudio que lo sustente. Esto es un tema serio; estamos hablando de los recursos de siete millones de habitantes y no se pueden hablar tonterías.
¿No se está pasando de pesimista?
Bogotá es la empresa más grande y compleja que hay en Colombia. Es un horror de eficiencia gerencial decir, por ejemplo, que va a crear una megasecretaría de obras con una cantidad de empleados y trabajadores distritales. Eso es de una ineficiencia aterradora y un despilfarro de recursos. Es mucho más eficiente tener contratistas. Aquí se requiere conocimiento, estudio y gerencia.
¿Quién pierde y quién gana con el cambio que Petro propone para la Avenida Longitudinal de Occidente?
En la campaña, Petro pensaba alegremente ponerse a hacer viviendas y colegios allí. Resulta que esa ALO, que es de 100 metros de ancho, donde caben hasta 14 carriles para carros, con ciclorrutas y aceras, y atraviesa Soacha hasta el peaje de la Autopista Norte, no sólo es la vía más importante de Bogotá sino la que más tráfico va a tener en Colombia en los próximos años. Siempre estuvo contemplado tener Transmilenio en el corredor central, y si se quiere tranvía, pues perfecto, pero ese no es el tema importante.
¿Entonces cuál es la discusión?
Pues que no importa si es tranvía o Transmilenio, lo que sí es grave es que Petro diga que va a construir edificios encima de la cesión de la ALO. Pero aquí se le enredó la vida porque para hacerlo tendría que cambiar el POT y éso lo cambian los concejales. Allí hay una mayoría que él no controla.
¿Cómo ve la alianza de los concejales de la Unidad Nacional de cara a la aprobación del cupo de endeudamiento que Petro necesita?
Cualquier análisis que se haga del aspecto financiero de la ciudad debe mirar qué es lo que se quiere hacer. Creo que en el caso de que tenga buenos proyectos, si son financieramente razonables, seguramente se le aprobarán los recursos de crédito.
¿Por qué critica la reticencia de Petro a expandir la ciudad al Norte?
Porque lo cierto es que la ciudad va a seguir creciendo muchísimo. Bogotá tiene hoy una de las densidades más altas del mundo: 215 habitantes por hectárea, y no es mucho el margen que hay para aumentar su densidad. La directora de Planeación (María Mercedes Maldonado) dice que van a hacer decenas de miles de viviendas dentro de la ciudad. Vamos a ver cuáles son las viviendas que hacen. Una cosa es hablar y otra hacer.
¿No lo ve factible?
Aun en las zonas de menor densidad se tiene un asiento de 150 mil viviendas por hectárea. En los barrios Recreo y Porvenir, lo que hicimos nosotros —además de espacios para colegios, parques y universidad— fue casi 26 mil viviendas para 150 mil personas. Lo hicimos en tres años, con la mejor calidad urbanística de Colombia. Ahora Petro dice que va a hacer demoliciones en el centro de Bogotá para hacer vivienda de interés. Vamos a ver cuántas hace.
¿Y usted qué sugiere?
Bogotá está creciendo por fuera. Ya está pasando y es gravísimo, porque está creciendo mal, con planeación urbana desastrosa en Chía, donde, por cierto, vivía el alcalde Petro. Ese tipo de conjuntos de estrato alto que no hacen cesión para parques públicos tiene desarrollo desastroso y es de baja densidad. En los últimos 12 años, más de la mitad de las viviendas de más de $500 millones que se han hecho en la Bogotá metropolitana están fuera de la ciudad. Entonces, si los sectores de estrato alto se van afuera, ¿de dónde van a salir los recursos tributarios para poder subsidiar y atender las necesidades de los sectores populares en Usme, San Cristóbal, Ciudad Bolívar y Bosa?
¿El Norte debería ser el objetivo?
En el Norte hay 5.500 hectáreas donde podrían caber fácilmente dos millones de habitantes, con desarrollo de alta densidad y edificios altos. Pero si Petro no lo hace, se hará en Chía, Sopó, La Calera o Tocancipá. Se van a dejar de ocupar 5.000 hectáreas para tomar 30 o 40 mil hectáreas a las afueras, totalmente dependientes del carro particular. Eso, urbanística y ambientalmente, es un desastre.
¿Cómo le parece el gabinete de Petro?
No los conozco muy bien pero algunos me parecen buenos. Me parece bueno Guillermo Alfonso Jaramillo, de Salud. Además tengo buenas referencias del gerente de Transmilenio, Carlos García.
¿Y le preocupa alguno?
Yo tuve una experiencia muy desafortunada con el señor Diego Bravo (gerente del Acueducto) cuando estuvimos en la Alcaldía. Ojalá que no sea lamentable su paso por ahí.
¿Cuál fue esa experiencia?
Mientras estuvimos en la Alcaldía les dimos a unos franceses, que operaban la planta de tratamiento, la posibilidad para hacer futuras plantas en la ciudad. Él, como director de la CAR, trató de sabotear toda clase de proyectos presionando para que nos comprometiéramos a hacer esas otras plantas en el río Bogotá que estaban prácticamente adjudicadas a los franceses. Ese hecho me pareció muy desafortunado.
Samuel Moreno dejó la ciudad muy convulsionada. ¿Cree que Petro será capaz de sacarnos del atolladero?
Financieramente, la ciudad está muy bien, tiene muy bajo nivel de endeudamiento. Hubo gente excelente en la Secretaría de Hacienda, como Juan Ricardo Ortega y Beatriz Arbeláez, así como María Camila Uribe en Planeación. Las obras están avanzando, pero me parece que la ciudad puede llegar a estar mucho peor. Las cosas que ha dicho el alcalde son gravísimas. Además de que no va a hacer la ALO, tampoco va a hacer la Novena hasta la NQS al Norte, una obra que ya se ha cobrado por valorización y cuya compra ya se les ha notificado a los dueños de los predios. A mí me parece que lo que Petro ha hecho toda la vida es hablar sin ninguna responsabilidad. Habla sin ningún fundamento técnico.
¿No cree en la viabilidad de sus proyectos?
Muchas de las cosas que él dice tan alegremente ni siquiera las va a poder hacer. Dice lo que se le va ocurriendo decir y nos distrae con el show del perro o los toros, pero éso no es lo importante para sacar a Bogotá adelante.
¿Petro podrá gobernar sin el Concejo de su lado?
Yo estoy seguro de que ese Concejo —y soy amigo de muchos concejales de la coalición mayoritaria— le va a aprobar los proyectos buenos y no va a ser un obstáculo, pero sí va a impedir que le haga daño a la ciudad.
Claro que según la más reciente encuesta, el 70% de los bogotanos aprueba su gestión…
Bienvenido, me parece bien que la gente lo respalde. La gente cree que él es bueno para manejar la imagen; es bonito lo del perro, lo de los toros y ojalá que tenga aprobación y le vaya bien. No tengo nada contra Petro, incluso me reuní con él después de que ganó. Me interesan los programas, los proyectos y la gerencia de Bogotá. No sólo amo a Bogotá y llevo 30 años estudiándola sino que obtuve casi 600.000 votos y siento que tengo una responsabilidad para opinar en nombre de las personas que me dieron su confianza. Yo no hago oposición, estoy listo y feliz para apoyar lo bueno del alcalde Petro.
Pasando a la política nacional, ¿cómo está el Partido Verde?
Muy bien. Tuvimos casi 800 concejales, diputados en todos los departamentos y como 50 alcaldes. Es un partido sano, con energía y estamos tratando de hacer lo que hace un político sano: contribuir a que el país progrese. Espero que no nos equivoquemos demasiado.
Dicen que usted va a terminar en un ministerio: Transporte o Vivienda. ¿Cuándo lo llaman?
No tengo ningún interés en terminar en un ministerio. Tengo una vida, gracias a Dios, muy interesante, con mucho trabajo a nivel internacional y con el placer de ser invitado por muchos alcaldes en Colombia a que les ayude.
¿Hubo molestia con el cuento de que Antanas Mockus querría regresar al partido?
No es un cuento, dijo en El Espectador que consideraría volver al partido si la dirección lo invitaba a volver. Yo lo que digo es que no había ningún interés en invitarlo. Nosotros tenemos muchas otras cosas en las que estamos trabajando y el tema de Antanas Mockus es irrelevante. Ese tema no existe.
¿Cómo están las cosas con Sergio Fajardo?
En la Gobernación de Antioquia ha sido un líder importante y seguramente hará un excelente papel. Él hace parte del partido y cuando termine, si quiere entrar a participar activamente, seguramente tendrá posibilidades de hacerlo.
El pulso por la ALO
Desde la campaña Gustavo Petro había dicho que no construiría la Avenida Longitudinal de Occidente (ALO) y lo ratificó cuando se posesionó.
El proyecto contemplaba hacer un corredor vial de ocho carriles que empieza desde el embalse de Muña hasta Suba y en el cual la ciudad y la Nación han invertido unos $80 mil millones.
Sin embargo, el hecho de que la ALO atraviese los humedales Juan Amarillo, La Conejera y Capellanía se convirtió en el principal argumento de Petro para negarse a realizar el proyecto, calificándolo como un atentado al bienestar de los humedales.
El anuncio del alcalde es el paso del tranvía por este sector con una sola calzada habilitada para el tránsito de vehículos particulares.
Queda pendiente que en una mesa de concertación la administración distrital y el Gobierno Nacional definan el futuro del proyecto.