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Policía de Bogotá, rezagada en tecnología

El nuevo comandante de la Policía de Bogotá priorizará la recuperación de 100 parques y hará énfasis en mejorar la vigilancia con cámaras, pues la ciudad solo tiene 507 y la mitad no sirven.

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El general Hoover Penilla Romero fue encargado como comandante de la Policía Metropolitana de Bogotá desde diciembre, pero apenas el 13 de enero ocupó el despacho desde el cual tendrá que liderar la estrategia de seguridad para proteger a los casi nueve millones de habitantes de la capital. El sucesor del general Humberto Guatibonza lleva 31 años en la institución y viene de comandar la Policía de Cali. Es consciente de que recibe bajo su tutela una ciudad en donde la gente camina intranquila por las calles.

¿Cómo encuentra Bogotá, siete años después de haber pasado por la policía judicial de la ciudad?

Hay optimismo con la nueva administración en cabeza del doctor Enrique Peñalosa, a pesar de todas las cosas que se puedan criticar de los años anteriores. No podemos defraudar este cambio que la ciudadanía está pidiendo.

¿Cómo recibe a Bogotá en términos de seguridad?

La ciudadanía sigue sintiéndose insegura a pesar de las buenas cifras que se tienen: 17 homicidios por cada 100.000 habitantes es una tasa con la que cualquier ciudad en este momento estaría satisfecha. Pero la ciudadanía sigue viéndose aquejada por el tema del hurto callejero, y sobre eso hay que hacer que las cifras positivas sean percibidas por la ciudadanía. Yo diría que el gran reto está en recobrar la confianza en la actividad de la Policía y de los entes del Distrito.

¿Cuál es el mayor mal de Bogotá en materia de seguridad?

El hurto y la inseguridad en las calles son la mayor queja de los habitantes cuando se les consulta en las encuestas. No podemos desestimar el homicidio y las lesiones personales, que siguen teniendo incidencia. En los últimos años se llegó a un piso en esos crímenes y no hemos podido avanzar más. Hay que quebrar esa tendencia y seguir disminuyendo los índices. Pero, a final de cuentas, a la gente le interesa salir de su casa a su lugar de trabajo o estudio, a hacer sus actividades cotidianas, sin ser víctima de una agresión.

¿Han podido notar que no todos los ciudadanos se sienten bien atendidos por la Policía?

Es una institución conformada por seres humanos, y por lo tanto implica también diferencias en los comportamientos. Pero es mayor el porcentaje de hechos bien atendidos. En ocasiones, un ciudadano que ha sido víctima de una agresión requiere la presencia del policía, y lo atienden como no corresponde. Esa agresión, la segunda, para el ciudadano es más grave que la primera. Tenemos que ser conscientes de eso.

Usted habla de la necesidad de que la ciudadanía confíe en la Policía, pero en los últimos meses ha habido varios escándalos, como los presuntos seguimientos a periodistas, que enlodan la imagen de la institución.

Es innegable, se han presentado unos hechos que han tenido gran impacto en la opinión pública, pero siempre será más alto el porcentaje de actos positivos de la Policía que de negativos. Lamentablemente, los segundos tienen una resonancia mayor. El compromiso es darle buenos resultados al ciudadano, que sienta que está respaldado con un comportamiento idóneo del policía. Eso parte de un cambio de actitud de los uniformados.

¿Ya ha hablado con el alcalde Peñalosa?

Hay una línea de comunicación, ya hemos podido interactuar, y definitivamente él es la cabeza de la ciudad. Él marca las directrices, es respetuoso de la actividad policial, pero va a jugar un papel primordial en la articulación de actividades y estrategias.

¿Cuáles son los objetivos para los primeros cien días como comandante de la Policía de Bogotá?

Se está hablando de 750 sitios para intervenir, que fueron seleccionados porque en ellos se concentran los mayores niveles de denuncia o de hechos delictivos. Estamos hablando también de la recuperación de 100 parques para entregarlos a la ciudad en las condiciones que corresponden en cuanto a seguridad. También buscamos la desarticulación de diez estructuras dedicadas al expendio de estupefacientes en entornos educativos, y continuar una tarea que viene desde el comando de mi general Guatibonza: desarticular las estructuras dedicadas al hurto de celulares.

¿Cuáles son las estrategias para lograr esos objetivos?

Tiene que haber una labor por parte del Plan Nacional de Vigilancia Comunitaria por Cuadrantes, en el que hay mayor sensibilidad hacia la ocurrencia de los hechos delictivos para hacer una prevención efectiva. Pero si ocurre el hecho tiene que haber una reacción pronta para lograr la captura del responsable. Cada vez que un hecho queda en la impunidad, hay altas posibilidades de retaliación y, por lo tanto, de que ocurra otro hecho delictivo.

¿Qué carencias tiene la Policía de Bogotá para afrontar la seguridad de la ciudad?

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Hablemos del tema del manejo de la línea de emergencias 123, al que la Policía es ajena, lo cual lleva a que se deje de contar con un elemento primordial. Además, cuando la capital del país tiene 507 cámaras de vigilancia de la Policía, de las cuales sólo 239 están funcionando, uno piensa que algo pasó que no permitió que progresáramos. Vengo de ser comandante en Cali, donde hay más de 1.200 cámaras y un centro de comando para su monitoreo. Y hay otras ciudades del país que a finales del año pasado pusieron en servicio esos centros de control, y Bogotá no tiene. Necesariamente, la capital debería estar por encima de las 3.000 cámaras. La ciudad con mayor población debería ser la de mayor capacidad en esos medios, y paradójicamente es la más rezagada. Sé que es una de las preocupaciones de nuestro alcalde y una prioridad de la administración distrital.

El alcalde Peñalosa dijo que Bogotá apoyará decididamente el posconflicto. ¿Cómo asume esa declaración la Policía de la ciudad?

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Creo que si hay una institución que definitivamente se ha preparado para el posconflicto y está ansiosa por que se logre un acuerdo en los diálogos, es la Policía. Es claro que tenemos que hacer todos los esfuerzos para que, una vez se firmen los acuerdos, podamos afrontar verdaderamente el posconflicto; dar las respuestas que correspondan a aquellas personas que están pidiendo reintegrarse, vivir en una sociedad. En nuestro caso, tenemos que garantizarles sus derechos y seguridad.

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