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El 2010 será recordado en la capital, como el año en que perdimos el rumbo y optimismo que habíamos logrado construir en más de una década habitantes y gobernantes. Y lo perdimos porque el Gobierno y parte de la dirigencia política están atrapados en escándalos, mensajes y decisiones confusas, falta de gestión, trancones, huecos e inseguridad.
Sin hacer juicios de valor o “condenas” oportunistas, como sí suelen hacer algunos miembros del Polo que Gobierna la ciudad, es inocultable la crisis de gobernabilidad en el Distrito Capital. Y no es solo porque unos contratistas estén denunciando lo que conocemos como “carrusel de la contratación”, sobre lo cual el Alcalde, su hermano y demás señalados tendrán que demostrar su inocencia ante las autoridades (de las que demandamos celeridad por la graves consecuencias de los hechos), sino porque estos tres años han pasado en medio de la más angustiosa muestra de incapacidad y pérdida de tiempo en asuntos urbanos y sociales determinantes para el desarrollo de una ciudad del tamaño de Bogotá.
Ha sido una irresponsabilidad mantener a Bogotá en función de una línea de metro, que parece un capricho cada vez más lejano de lograr, en medio de un evidente deterioro de sus vías, espacio público, seguridad, y del caos por el inicio incompleto y simultáneo de obras de valorización, con dos troncales incompletas y de un sistema integrado de transporte lleno de dudas.
No sobra mencionar la extraña actitud de algunos funcionarios nacionales, que parecían dedicados a tomar del pelo a unos funcionarios distritales despistados, que pretenden con un discurso, unos prediseños y sin claridad financiera, que la Nación se comprometa con por lo menos U$ 2 mil millones para cofinanciar esa obra. Y más extraña aún la actitud de una dirigencia política que sufre de un síndrome de cobardía o de ignorancia, o que teme decir la verdad, en el sentido que no están dadas las condiciones para construir una línea de metro.
No se trata de si nos gusta o no el metro, es que no podemos hacerlo, porque no hay plata para invertir en una obra que no solucionará la movilidad y menos la de los más pobres. Confusa e inexplicablemente el Concejo aprobó un recorte para inversiones en transporte público de la sobretasa y un endeudamiento por cerca de $1 Billón, esos recursos los necesitamos para inversiones sociales prioritarias, como la reubicación de barrios enteros construidos en laderas que están sufriendo y seguirán sufriendo las consecuencias del invierno, o la construcción y operación de por lo menos 100 jardines infantiles para atender 50 mil niñ@s menores de 5 años, de los más de 100 mil que no tienen una apropiada atención y protección.
Estos tres años han generado atrasos irrecuperables en la construcción de las nuevas troncales de TransMilenio para movilizar 3 millones de Bogotanos que se quedaron esperando esa opción, sistema que tiene problemas de calidad por su saturación, en los que hay que invertir. Mientras tanto, escuchamos de autopistas elevadas?, de no más troncales de transmilenio, pero sí por concesión?, de peajes?, de trazados diferentes de una línea metro? y nada se concretó. Y una obra por la carrera 7ª a portas de botar literalmente cerca de $100 mil millones. Claro que cuando unos andenes duran años en construcción y los contratos tienden a terminar enredados, en algunos casos es mejor que no hayan hecho nada.
Bogotá merece una mejor suerte, por lo que lo único que queda es desearnos y trabajar como nunca para lograr un próspero 2011. Por favor devuélvannos la ciudad, al menos como la encontraron, en las actuales circunstancias, eso ya es prosperidad.