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“Puedo bajar tranquilo al sepulcro político”

Enrique Peñalosa sigue combativo: dice unas frases duras y otras amables cuando se refiere a Lucho Garzón. Critica las primeras actitudes del alcalde Moreno y la nueva posición del presidente Uribe sobre el metro. Y revela una historia reciente que terminó en denuncia ante la Fiscalía General.

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Pensé encontrar a un Peñalosa cabizbajo, pero me equivoqué. Ignoro si ya había pasado una etapa de tormenta por la derrota, la que de todas maneras debió ser dura para sus planes, e incluso para su ego, aunque no lo quiera reconocer. Lo cierto es que, al parecer, unos días de meditación que se tomó en los Llanos Orientales junto a su hija, le tuvieron que ayudar.

Ahora está de nuevo en pie de lucha. Se nota su disposición a seguir opinando en voz alta y a hacer sentir su acuerdo y su disentimiento en las decisiones que se tomen sobre la ciudad. Con toda claridad, se ve que no se siente impedido para criticar, aunque se exponga a que le digan que no es objetivo en sus juicios. Apela para ello a la representatividad ciudadana que ostenta, según él, por los 600 mil votos que depositaron por su proyecto los bogotanos.

Sus reflexiones revelan varias cosas: una, que pese a las críticas ácidas que le hace al alcalde saliente, reconoce algunos aspectos de su gestión y, sobre todo, su imparcialidad durante los meses de la campaña. Dos, que no cederá un centímetro en las diferencias que públicamente sostenía con Samuel Moreno, pese a que sus posiciones le hayan costado, quizás, su última oportunidad de volver a ser mandatario distrital. Tres, que está distanciado del presidente Uribe —y éste de Peñalosa—, aunque ambos se nieguen a reconocerlo abiertamente.

Pero en definitiva, lo más sorprendente es que ante una ola reciente de rumores sobre su comportamiento en los meses de lucha por la Alcaldía, haya decidido, en vez de desechar el tema, irse por el camino de las denuncias penales, tal vez uno de los recursos que más evitan los políticos por los resultados imprevisibles y engorrosos que pueden tener los procesos judiciales.

Al final, la conclusión es que Peñalosa todavía está vivito y coleando, contrario a lo que dijo en la frase que sirve de título a esta entrevista. Y que tiene ganas de batallar. Por eso será, sin duda, una piedra en el zapato de Samuel Moreno en los cuatro años que están por venir.

Cecilia Orozco Tascón: ¿Como ha asimilado lo que pasó en las elecciones?

Enrique Peñalosa Londoño: Uno puede perder en política y mantenerse muy bien a nivel personal. Por supuesto que tenía muchos proyectos para Bogotá y llevo toda una vida soñando hacer lo que a mi juicio necesita la ciudad. Eso genera alguna tristeza. Pero individualmente vivo feliz y tengo trabajos particulares muy interesantes.

C.O.T.: En todo caso el impacto de los resultados políticos debe haberlo afectado…

E.P.L.: No hago política para sentirme importante, sino para impulsar una visión de sociedad y seguiré trabajando por ese proyecto.

C.O.T.: Por más que se empeñe, desde afuera le va a quedar difícil que avance lo que usted llama su proyecto de ciudad.

E.P.L: Gracias a Dios tuve la oportunidad de llegar a la Alcaldía y creo que desde allí logré que calara en el país el modelo de ciudad que ejecutamos. Lo que hizo Sergio Fajardo en Medellín, es tomado del modelo de Bogotá. En la actualidad se están construyendo o están funcionando transmilenios en ocho capitales colombianas.

En prácticamente todas las ciudades y los pueblos colombianos se ha sentido el impacto de nuestro ejemplo, con aceras, parques, ciclorrutas, megacolegios públicos, jardines infantiles, bibliotecas. En el plano internacional también hemos tenido eco importante.

C.O.T.: ¿Siente que Bogotá fue ingrata con usted?

E.P.L.: Más que el tema de la ingratitud, me preocupa que no tengamos clara una visión compartida de ciudad. Sin embargo, del otro lado hay gente que hoy aprecia el espacio público, que sabe el lío que enfrentará la ciudad si no se toman las decisiones adecuadas. Que entiende que la ciudad debe ser más para los niños que para los carros. Ese es el legado que he dejado. Entonces, como se dice, ya puedo bajar tranquilo al sepulcro… así sea el sepulcro político. (Risas).

C.O.T.: ¿Cuáles errores de campaña reconoce que cometió: la estrategia publicitaria, su imagen de arrogante y autoritario?

E.P.L.: El cuento de la arrogancia es sólo eso: un cuento. No conozco a nadie que haya trabajado conmigo que piense que soy arrogante. Tampoco resolvíamos los temas destituyendo a los funcionarios, como parece ser ahora el estilo.

C.O.T.: ¿El estilo de quién?

E.P.L.: No quiero referirme a nadie en particular. Lo que pasa es que en política hay demasiadas personas que no tienen un proyecto de sociedad y por eso no les importa estar de acuerdo con todo lo que les vayan a proponer. Cuando se tienen posiciones y alguien hace una propuesta con la que uno no está de acuerdo, se dice y se explica por qué. Es mucho más respetuoso plantear las diferencias que decirle sí a todo y después burlarse o no cumplir. A eso le llaman ser arrogante.

En cuanto al resto de supuestos errores que usted menciona, nunca una campaña había cambiado tanto la imagen positiva o negativa de alguien. En tres meses, mi imagen positiva bajó 30 puntos y la negativa subió lo mismo. No dije ni hice nada que justificara semejantes cambios. Al respecto he dicho que hubo un trabajo enorme de calumnias en los sectores populares, que tuvo éxito.

C.O.T.: ¿Quién le hizo “el trabajo”? ¿El Polo?

E.P.L.: Eso no lo puedo decir porque no lo sé. Pero lo que sí es cierto es que ese fenómeno no se dio en forma espontánea. Yo mismo vi tres personas en Transmilenio, evidentemente pagadas, que se subieron a hablar duro en los buses diciendo mentiras sobre Peñalosa. Se divulgó la mentira de que iba a privatizar la educación, que yo tenía taxis e iba a acabar con los taxistas, que iba a acabar con las tiendas porque era socio de Carrefour, y muchas mentiras más. Eso me hizo mucho daño.

C.O.T.: ¿Está sugiriendo que había gente a la que le pagaban para hacer el oficio de desprestigiarlo?

E.P.L.: Estoy seguro de que fue un trabajo profesional. No tengo ninguna duda de que era una tarea absolutamente sistemática y masiva.

C.O.T.: Mucha gente dice que a usted le hizo daño la cercanía del presidente Uribe, la campaña que él hizo al final por usted. ¿Cree que eso es cierto?

E.P.L.: No lo creo. Pienso que la intervención del presidente Uribe, al final, fue irrelevante porque no cambió nada en relación con lo que ya decían las encuestas.

C.O.T.: En las toldas de Samuel Moreno también se habló de guerra sucia, pero al revés: de su campaña contra él. ¿Qué comentario le merece esa afirmación?

E.P.L.: Hay que diferenciar: una cosa es la guerra sucia y otra es una campaña negativa. Esta última es legítima. Moreno, desde la consulta, hizo una fuerte campaña negativa en contra nuestra, hablando de los bolardos y otros temas. Posteriormente nuestra campaña señaló que había una alianza Samper-Moreno. También eso es legítimo, en mi opinión. Ahora bien, la guerra sucia es decir mentiras malintencionadas sobre el otro. Eso jamás lo hicimos nosotros.

C.O.T.: Recientemente se ha escuchado un rumor en varios medios de comunicación de que hubo una serie grande de correos electrónicos, algunos de los cuales habrían salido de su computador y de otros amigos suyos, no sólo para hacer guerra sucia sino para organizar un fraude en la Registraduría. ¿Eso es cierto?

E.P.L.: Se trató de un cuento completamente loco. El periodista Daniel Coronell en dos ocasiones se reunió conmigo y me mostró decenas de copias de correos, supuestamente interceptados, que contenían mensajes con un lenguaje de delincuentes. El 99% de esos mensajes eran entre unas personas con seudónimos. Tres o cuatro de esos, presuntamente salían o llegaban a mi computador.

Cuando Coronell fue a mi oficina y me contó, abrí mi computador para que él mismo revisara y pudo ver que no había entrado ni salido nada relacionado con esos correos. De todas maneras me pareció un intento tan serio de desprestigiarme, que decidimos poner una denuncia penal en averiguación, ante la Fiscalía. Me gustaría mucho que las autoridades investigaran e identificaran a los responsables del montaje que le presentaron al periodista.

C.O.T.: ¿Qué decían los mensajes?

E.P.L.: Realmente son mensajes tan absurdos que no se pueden creer. Involucran al alcalde Garzón, a otras personas del Distrito, a la encuestadora Gallup, e incluso a periodistas como Alejandro Santos, Yamid Amat y Rodrigo Pardo. Eso no tiene ni pies ni cabeza.

C.O.T.: Lo otro que dicen es que a usted lo perjudicó su posición contra el metro.

E.P.L.: Obviamente el tema del metro incidió. Fui consciente de que era más popular hablar bien del metro porque en política siempre las posiciones irresponsables son más fáciles y populares. Asegurar que se va a hacer el metro sonaba más bonito, pero veremos lo que va a pasar, desafortunadamente.

C.O.T.: ¿Su pronóstico es de fracaso?

E.P.L.: La movilidad en Bogotá va a colapsar. Me parecían graves las posiciones irresponsables del candidato Moreno, pero son más graves aún las de alguien que ya está elegido. Por ejemplo, la de sostener que no va a cobrar peajes a la entrada a Bogotá. La falta de claridad sobre lo que hay que hacer y el facilismo nos van a estallar en la cara.

C.O.T.: ¿No está sesgado por ser el “padre” del Transmilenio?

E.P.L.: En el mundo entero están copiando este sistema. Por ejemplo, en Nueva York van a hacer un par de líneas. Me da un poco de risa la visita de nuestro alcalde al Presidente de México dizque para que nos dé ayuda para el metro, cuando los colombianos somos los que estamos asesorando en estos momentos a la ciudad de México para la línea de Transmilenio que ya hicieron en la avenida principal y para hacer las diez líneas adicionales, que son la prioridad del alcalde Marcelo Ebrard.

C.O.T.: ¿Cómo queda Bogotá después de Garzón y qué espera de la alcaldía de Moreno?

E.P.L.: Además de haber aumentado significativamente los recursos para los programas de nutrición, algunos de los cuales como los de los colegios vienen de Mockus y nosotros, la ciudad se deterioró en muchos sentidos: en su espacio público. No se avanzó en nuevos parques, nuevas vías, aceras, programas de vivienda.

Finalmente, me llama mucho la atención cómo es que el alcalde Garzón invierte 23 mil millones de pesos en el diseño de la troncal de la Séptima y después no hace ninguna defensa de esa decisión. Es sorprendente cómo se dejó intimidar por las posiciones contrarias. Si no estaba convencido, ¿para que invirtió esa cantidad enorme de dinero?

C.O.T.: ¿Cree que no la ha defendido porque hoy la troncal no tiene respaldo popular?

E.P.L.: Por supuesto. Y no estamos hablando de algo menor. Los 23 mil millones se invirtieron, no en un estudio de factibilidad sino uno de diseño, que es lo mismo que haber comenzado la obra. Incluso hay otros temas. Cuando se hunde el reajuste de catastro, que le cuesta a la ciudad más de 200.000 mil millones de pesos, lo que debía haber hecho, independientemente de quien fuera el responsable, era haber reiniciado de inmediato el proceso de actualización catastral y no simplemente haberse lavado las manos.

C.O.T.: Se ha dicho que el cobro de valorización se demoró para esperar a que pasaran las elecciones para ayudarle a Samuel Moreno. ¿Usted lo cree así?

E.P.L.: No. Creo que dos años es demasiado tiempo para haber iniciado el proceso del cobro de valorización. Pero me parece que es valiente el alcalde Garzón por haber impulsado ese cobro. Lo respaldo en ese punto. Y no me quejo de que el Alcalde haya hecho nada para favorecer a Samuel Moreno en el proceso electoral.

C.O.T.: Y al revés, ¿para ayudarlo a usted?

E.P.L.: No. El Alcalde tuvo una posición imparcial en la campaña.

C.O.T.: ¿Qué espera de la alcaldía de Moreno?

E.P.L.: Por ahora sólo le he oído decir cosas simpáticas, pero nada que realmente le permita a uno pensar que la ciudad va a avanzar de manera estructural hacia un futuro mejor. Es como un médico que por hacerse el amable, le dice a su paciente que está agripado cuando lo que tiene es cáncer. Pero cuando la enfermedad avance, ¿qué le van a decir: que es un buen médico o que es muy malo?

C.O.T.: En cuanto ganó Moreno, todos los grupos políticos se subieron al metro, incluyendo al presidente Uribe. ¿Cómo le parece esa actitud?

E.P.L.: Eso es producto más de las emociones que del razonamiento de un estudio serio del tema urbanístico y financiero del transporte. Sólo pude entender la nueva actitud del presidente Uribe como una posición política. Pero hay que recordar que el Presidente dijo que apoyaría el metro si cubría costos de operación. Y ningún metro en el mundo cubre esos costos si se incluye, como debe hacerse, la depreciación; y menos aún con las tarifas que tenemos aquí.

C.O.T.: ¿Como están ahora sus relaciones con el Presidente? Lo veo crítico y distanciado.

E.P.L.: No solamente respeto y apoyo al Presidente, sino que lo quiero y me parece un gran ser humano. Eso no significa que esté de acuerdo con lo todo lo que él diga o haga.

C.O.T.: Cuando ganó Samuel Moreno, ganó la idea del metro, equivocada o no. Por eso es muy difícil que Uribe se salga del tema…

E.P.L.: Cuando llegué a la Alcaldía, el presidente Samper quería el metro para Bogotá y, aún así, no lo pudo hacer porque gente como Cecilia López, su directora de Planeación, le decía que era absurda esa inversión. Si eso le pasó a un presidente que quería hacer el metro, ¿qué le puede suceder a un mandatario menos entusiasmado? Pero además, lo importante no es que se haga o no una línea de metro, sino que se deje de hacer lo que realmente se requiere para solucionar la movilidad de la ciudad.

C.O.T.: ¿Es cierto que el Presidente le ha ofrecido ser su ministro?

E.P.L.: No es cierto. Tampoco estoy interesado en cargos públicos.

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