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Bogotá es la sexta ciudad más atractiva para hacer negocios en América Latina, su ingreso per cápita es US$13.889, sólo un poco menor al de Chile (US$14.700) y casi seis veces el de Nigeria, y en temas sociales, sólo por destacar dos, la cobertura en educación es del 99% y por la reducción en mortalidad infantil recibimos un premio el año pasado (13,2 por 1.000 nacidos vivos, una decimotercera parte de la de Nigeria). Se ha avanzado mucho en política social, pero faltan más avances en transporte masivo para no perder competitividad regional.
En 2018, en el borde oriental de Bogotá, comprendido en un rectángulo entre la Plaza de Bolívar y la calle 170, y desde la Avenida NQS y los cerros, se movilizarán más de 1,7 millones de pasajeros diariamente en transporte público.
Transmilenio sólo podrá atender 650.000 viajes diarios en ese corredor, es decir, un 38% del total de la zona. La única forma posible de atender el resto es con una línea de metro subterránea como la propuesta por los estudios de Sener y Metro de Barcelona, diseñada para 700 u 800 mil viajes/día. Esta capacidad de transporte equivale a 2 o 3 veces la capacidad de una troncal de Transmilenio. Sin embargo, a pesar de ser una infraestructura más barata, no se pueden construir más troncales en esa zona, porque no caben físicamente (Cras. 11, 13 y 15 son estrechas), y aún si cupieran, no habría espacio para vehículos particulares.
Luego de más de un año y medio de discusión técnica, la administración del presidente Uribe entendió esta argumentación y se ha comprometido a firmar antes del 31 de mayo el documento Conpes del proyecto. Esperamos que el nuevo presidente apoye esa acertada decisión política. O, ¿será que a los bogotanos nos toca votar nuevamente por el metro en la próxima contienda electoral presidencial para que la obra se haga?
*Gerente del proyecto Metro de Bogotá.