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Renace debate por río Bogotá

La administración propone cambiar el proyecto de construcción de una planta de tratamiento para este cuerpo hídrico. El Gobierno nacional advierte que sólo financiará proyecto original.

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Ante la presentación que hizo el lunes el Distrito de construir una planta de tratamiento de aguas residuales, bien sea en el sector de Tunjuelo o en el de Charquito, y no en Canoas, como estaba previsto hace casi 10 años, se reabre la polémica sobre el futuro para los planes de descontaminación del río Bogotá, pues el Gobierno asegura que su aporte de $190 mil millones sólo puede destinarse al proyecto Canoas.

Según el gerente de la Empresa de Acueducto y Alcantarillado de Bogotá (EAAB), Diego Bravo, la planta estaría ubicada más o menos a 46 metros por encima del nivel del agua a ser tratada. Esta condición haría necesaria la construcción de un sistema que transporte el líquido en contra de la fuerza de gravedad, vertiéndolo luego en la represa del Muña. En otras palabras, habría que realizar un costoso bombeo a una velocidad de 18 metros cúbicos por segundo las 24 horas de día.

Tal sistema, advierte Bravo, generaría altos costos de mantenimiento y operación, debido a su consumo energético, además de gastos adicionales que se reflejarían en la factura que pagan los capitalinos. El concejal del Partido Verde Antonio Sanguino calcula que el incremento sería del 7%.

Para evitarlo, el Distrito propone construir la planta en otra zona con menor elevación, que podría ser el sector de Tunjuelo o el de Charquito (cercano a Canoas, en Soacha).

Pero el tiempo corre en contra de la propuesta de la actual administración pues, como lo denunció ayer la excandidata a la Alcaldía de Bogotá Gina Parody, la próxima semana vence el plazo que puso el Gobierno para entregarle a la ciudad los $190 mil millones del Fondo Nacional de Regalías destinados a la construcción de la planta de Canoas. Según la excongresista, estos recursos podrían perderse si el EAAB no agiliza los trámites para el desembolso.

Al respecto, Iván Mustafá, viceministro de Agua, le dijo a este diario que “si antes del 4 de mayo no se acreditan los requisitos para el giro, la aprobación del proyecto pierde su efecto y se liberan los recursos a otros proyectos”. Además, afirmó que la financiación del Gobierno sólo puede invertirse en el proyecto y en los términos en los que ya fue aprobado, pues son recursos de destinación específica.

Una vez más, el Distrito enfrenta la tarea —como en el caso del cupo de endeudamiento para el metro o la construcción de la Avenida Longitudinal de Occidente— de convencer al Gobierno de cambiar planes ya pactados por anteriores administraciones.

Bravo explicó que le ha planteado al viceministro de Agua, de manera informal, la opción del bombeo de las aguas con opciones menos costosas que las de Canoas. Agregó que mañana se reunirá con Mustafá para presentarle los análisis económicos efectuados por los asesores de la EAAB.

Tanto la administración distrital como algunos expertos coinciden en la necesidad de crear una nueva planta de tratamiento que refuerce el trabajo que hoy se realiza en la planta del Salitre (ver gráfico). Jaime Lara, profesor de la Universidad Javeriana y experto en tratamiento de aguas residuales, dice que podría construirse otra planta en una zona diferente, pero eso implicaría nuevos retrasos e inconvenientes adicionales, como la compra de más predios, mientras que en Canoas ya está el terreno.

Lo cierto es que mientras el Gobierno y el Distrito llegan a un acuerdo, pasa el tiempo y quedan menos de 15 días para poder utilizar los recursos.

Un río de promesas

El dilema de la planta de Canoas se remonta a finales de 1992, cuando en la administración de Jaime Castro se evaluaron los estudios hechos hasta ese momento para la descontaminación del río Bogotá. Las recomendaciones fueron claras: la única solución para limpiar el río era construir tres plantas en las desembocaduras de los ríos Salitre, Fucha y Tunjuelo.

Así quedó definido dentro del Plan de Ordenamiento Territorial del 2000. Pero dos años después, aduciendo la necesidad de una alternativa de menor costo y mayor facilidad de implementación, el Distrito decidió cambiar el modelo. Fue durante la administración de Antanas Mockus que se optó por crear dos plantas: una en la desembocadura del río Salitre y otra en Canoas. Lo cierto es que hoy sólo funciona la de Salitre, que costó $130 millones, y su capacidad descontaminadora se reduce a la mitad del caudal que recibe (8,5 metros cúbicos de agua por segundo).

El compromiso es que con la planta de Canoas, el río Bogotá, al que a diario llegan 900 toneladas de basura, se descontaminaría después de un siglo de promesas que se ha llevado la corriente.

Así funcionará el sistema de descontaminación del río Bogotá (infografía):

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