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El invierno llegó a la capital y la sitió por sus cuatro puntos cardinales. Con aguaceros de más de 12 horas ha provocado inundaciones en calles y viviendas y deslizamientos de tierra que ya han cobrado cuatro vidas. Al río Bogotá se lo tomó por asalto, lo desbordó y logró así anegar más de dos mil hectáreas en el municipio vecino de Mosquera y la vía que de Suba conduce a Cota. Mantiene en estado crítico 84 zonas de la ciudad y consiguió que 300 familias tengan que ser reubicadas.
Su agresiva presencia en todo el país obligó al Gobierno Nacional a declarar la calamidad pública en 28 departamentos, en los que el Ejército, la Fuerza Aérea, la Policía, la Defensa Civil, los Bomberos, los acueductos, las alcaldías y gobernaciones trabajan para amainar su efecto destructor.
Para Bogotá propusieron declarar la urgencia manifiesta, una figura constitucional que permite a las administraciones contratar sin necesidad de licitación las obras más apremiantes.
Por cuenta del fenómeno de ‘La Niña’, que permanecerá al menos hasta marzo, Bogotá seguirá recordando sus orígenes milenarios: una gran laguna.