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Hasta el día de hoy nadie sabe nada de ellos, como si se hubieran desvanecido en el aire frío de la Sabana.
Lo que ha perturbado el sueño de Édgar Laverde, hermano del desaparecido, es la angustia de no saber nada de ellos. La incertidumbre funciona lentamente, como un suplicio que se instala en la mente y desde ahí trabaja mientras se duerme, mientras se cepilla los dientes, mientras almuerza con la mirada perdida en el horizonte. “Yo preferiría saber que alguien se los llevó , a no saber absolutamente nada. La falta de información lo va minando a uno. Alguien tuvo que ver, oír, saber algo de ellos”.
La noticia de la desaparición comenzó a esparcirse el miércoles por la noche, cuatro días después del último contacto con ellos. “Mi hermano compra y vende fincas. Buena parte de su tiempo él anda en lugares donde la señal de los celulares no es la mejor, entonces el hecho de que no contestara, era algo normal, rutinario. De la misma forma sucede con mi mamá, quien es una señora de 73 años, que tiene problemas con la tecnología. Por esto, sólo hasta el miércoles por la noche, alertados por la familia de Angélica, la novia, comenzamos las averiguaciones y ahí nos dimos cuenta de que nadie daba razón de ellos”, explica el hermano del desaparecido.
Desde entonces, tanto las autoridades, el Gaula del Ejército, la Policía de Cundinamarca, el CTI de la Fiscalía, como los familiares se han lanzado tras el rastro de los tres desaparecidos. Por su parte, Édgar Laverde ha concentrado sus esfuerzos en otro tipo de averiguaciones. “En el negocio de mi hermano son muy frecuentes los pleitos, las peleas por una cerca, por el lindero de una tierra, etc. Lo que he intentado esclarecer, junto con la colaboración de mis hermanas, es saber si Javier tenía enemigos, gente que lo estuviera buscando, que le anduviera siguiendo el rastro. Pero no he encontrado nada. Si él supiera que estaba en riesgo, no estaría con mi mamá todo el tiempo: de esto no me cabe duda”.
Alrededor del caso hay un halo de misterio. Todos, tanto la familia como los organismos de seguridad, tantean sin tino en medio de la niebla en la que se esfumaron Laverde, su mamá y su novia. El comandante de la Policía de Cundinamarca, coronel Alejandro Castañeda, afirma que, hasta el momento, no han sabido nada acerca de extorsiones o amenazas que les permita concluir que se trata de la acción de un grupo armado o de delincuencia común. La búsqueda aún continúa.