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Hasta ahora, la única alternativa viable para buscar un equilibrio es una estrategia de «Prueba, Rastreo y Aislamiento». Los pocos países que hicieron una transición exitosa del confinamiento completo a la apertura parcial aplicaron esta estrategia que consiste en 1) hacer pruebas masivas, 2) rastrear los contactos de los individuos contagiados para poder determinar la fuente del contagio e identificar a aquellos que hubieran podido ser infectados por el individuo positivo, y 3) aislar, al menos durante 15 días, todos los casos positivos o sospechosos para evitar más contagios.
Esta estrategia permite limitar el aislamiento a la población en riesgo de infectar a otros, al mismo tiempo que la mayoría de la población podría retomar actividades bajo las condiciones de bioseguridad necesarias. Consciente de esto, Colombia aumentó sustancialmente la capacidad de hacer pruebas: hay 60 laboratorios para diagnóstico de COVID-19 en el país que procesan cerca de 18.000 pruebas diarias. Este nivel todavía no es suficiente, pero es un paso en la dirección correcta.
¿Cómo vamos con el aislamiento efectivo de los casos positivos detectados dentro de la estrategia «Prueba, Rastreo y Aislamiento»? En este momento, dependemos esencialmente de la buena voluntad de las personas para quedarse en casa una vez que son diagnosticadas como positivas. En algunos casos, la buena voluntad puede ser suficiente. Sin embargo, existen muchos hogares para quienes el aislamiento de su único generador de ingreso es complicado, trágico. Equivale a elegir entre no contagiar a otros individuos y no poder proveer para sus familias. Por lo tanto, muchos deciden salir y trabajar a pesar de haberse confirmado su contagio e incluso muchos prefieren no acudir a hacerse la prueba por temor a ser positivos confirmados.
Un subsidio monetario a las personas que hayan resultado positivas y, además, lo necesiten por su condición de vulnerabilidad socioeconómica, permitiría cumplir efectivamente con el aislamiento requerido sin incurrir en un costo demasiado alto para ellos y sus familias. Esta iniciativa cumpliría un propósito de justicia social en sentido de proporcionar ayuda cuando es realmente necesaria a cambio de que la persona proteja a su comunidad sin sacrificar su propio bienestar.
Actualmente hay alrededor de 50.000 casos contagiados en Colombia. Incluso si este número aumentara a 200.000 casos infectados en un momento dado y si todos recibieran un apoyo de $300.000 por cada mes que tengan permanecer aislados, el programa tendría un costo de $60.000 millones por mes, que es aproximadamente el 0,006% del PIB colombiano.
Además de proteger el bienestar de los individuos contagiados durante el aislamiento, esta política también podría aumentar la probabilidad de que los individuos se hagan la prueba de COVID-19 como parte de la estrategia nacional de prevención y mitigación. La reticencia a hacerse la prueba puede obedecer a un estigma asociado con el COVID-19 o a creencias infundadas sobre la enfermedad o la misma prueba. También existe el temor de quedar desprotegido económicamente durante el aislamiento.
Para que la estrategia de prueba-aislamiento-rastreo sea efectiva en Colombia, necesitamos cambiar los imaginarios de las personas respecto a la prueba y garantizar su bienestar socioeconómico en caso de requerirse su aislamiento. La implementación de una estrategia como la que proponemos ciertamente implica superar algunos obstáculos. Por ejemplo, no debe duplicar pagos de EPS y ARL en casos de individuos positivos con empleos formales, lo cual requiere el diseño de un proceso de focalización apropiado.
Pero dados los beneficios en comparación con los costos, la focalización no parece ser un requisito indispensable. El monto debería ser lo necesario para permitir que una familia cumpla el aislamiento en casa, pero no tanto para incentivar a que alguien se infecte. Finalmente, es fundamental, al mismo tiempo que se garantiza la transferencia, insistir en la responsabilidad de todos en el cuidado de los otros y la solidaridad.
* Columna escrita Por Alejandro Gaviria, Raquel Bernal, Giancarlo Buitrago y Rachid Laaj