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Los vecinos, comerciantes y trabajadores de la carrera 11, entre calles 100 y 92, afectados por el hundimiento que generó el cierre en esta vía desde hace 29 días, esperan con urgencia los resultados del estudio de la Universidad Nacional, contratado por el Acueducto de Bogotá, que determinará las causas y los efectos del suceso y determinará si se reabre de nuevo o permanecerá cerrada hasta que se realicen las obras necesarias.
Entre tanto, la desolación sigue reinando en estas cinco cuadras de la carrera 11, como lo viene haciendo desde que el 14 de diciembre se produjera el hundimiento en la calzada entre las calles 97A y 98.
Desde entonces, la vida es otra para los vecinos y transeúntes de este sector de El Chicó. Guillermo Cujía, empleado de la droguería Farmatodo, asegura que para hacer un domicilio desde la calle 95 con carrera 11 hasta la calle 13, los múltiples recovecos que debe seguir implican que se tarde más de 15 minutos en un trayecto que antes, cuando no estaba cerrada la vía, duraba apenas 2 minutos.
La historia se repite aquí y allá. Y es apenas obvio. “Chapinero es una localidad de tránsito y esta es una vía principal”, asegura la alcaldesa menor de la localidad Blanca Inés Durán.
“Las complicaciones de movilidad, con los múltiples desvíos, evidencian que somos frágiles”, asegura Marco Tulio Gutiérrez, presidente de Conaltur, empresa de buses que a diario recorren esta zona de la ciudad y cuyos recorridos se retrasan hoy más de 20 minutos por cuenta de los desvíos que deben tomar para sortear el cierre. “No hay vías alternas para responder rápida y eficientemente a ese tipo de sucesos”.
Con el caos en la movilidad, también ha golpeado el coletazo económico de todos aquellos que viven de negocios en el sector.
“Las ventas se nos han caído. Como ya no pueden pasar los buses y la gente debe ir a buscar transporte en otras calles, he tenido pérdidas de hasta $30.000 diarios”, asegura Guillermina Mojica, vendedora de uno de los quioscos asignados por el Distrito en la calle 96 con carrera 11. Para ella la preocupación por el cierre de la vía no es poca, ya que tiene un crédito con una entidad financiera a la que debe pagar mensualmente $220.000. Con las ventas por el piso, conseguir el dinero es muy difícil.
Por su parte, Carlos Pacanchique, quien también es vendedor ambulante, ahora tiene mucho más tiempo libre para dedicar a sus jornadas de ajedrez con otros compañeros del sector, una de las pocas alternativas en medio de la soledad, pues al cierre de la vía se sumó la temporada de vacaciones, que alejó a la mayoría de los clientes. Ahora el quiosco de Carlos se ha convertido en punto de información, al que se acercan peatones desorientados que le preguntan cuál es la calle que deben buscar para poder tomar un bus que los lleve a su destino.
Residentes de los edificios aledaños al punto del hundimiento, como Diego Gómez, también manifiestan que no han recibido mayor información sobre el futuro de la carrera 11 por parte de la Alcaldía local. Al respecto, la alcaldesa de Chapinero dijo que han realizado visitas con el Fopae, pero no reuniones colectivas, ya que, igual que el resto de los habitantes, están a la espera de los estudios de la Universidad Nacional, cuyos resultados preliminares deberán ser divulgados mañana por el nuevo gerente del Acueducto, Diego Bravo.
Por ahora continúan las hipótesis al respecto: el Distrito ha insistido que la constructora Pijao, que adelanta la construcción de un edificio justo al frente del hundimiento, debe responder por el incidente; la constructora, a su vez, asegura que el daño se debió al fuerte invierno y responsabiliza a la Empresa de Acueducto de Bogotá por lo sucedido.