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La idea es que los buses articulados transiten por allí de manera subterránea, con el fin de no afectar la movilidad.
A la altura del Hotel Tequendama se construirá un paso deprimido por donde los buses ingresarán a la carrera séptima. En la superficie se harán obras de adecuación del espacio público, como plazoletas y caminos peatonales, que tendrán un área aproximada de cuatro mil metros cuadrados.
Al frente del Museo Nacional se adecuará una estación subterránea que contará con los mismos diseños del sistema Transmilenio, accesos peatonales y vehiculares, máquinas registradoras y puertas automáticas. En este tramo subterráneo los buses podrán seguir su camino por la carrera séptima o retornar a las troncales de la carrera décima y la calle 26.
Independientemente de la decisión que se adopte en el futuro para la movilidad de la séptima, se dejará habilitada la vía subterránea. De la misma forma, el transporte que circula por esta vía tendrá un retorno subterráneo que volverá a salir a la superficie en la calle 34.