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Tres bogotanos cuentan cómo fueron atracados en transporte público

Olga, Andrea y Manuel aseguran que a ninguna hora del día se sienten tranquilos cuando montan en bus, buseta o colectivo.

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Olga Erazo, una ciudadana de Bogotá, narró la forma en cómo la atracaron en un bus que cubre la ruta Lijacá, Usaquén, avenida Novena, avenida 68 y calle 100.

Le sucedió el pasado 17 de agosto a las 6:00 a.m. sobre la Avenida 68 con calle 13. “Yo llevaba más o menos 15 minutos de recorrido cuando por la puerta de adelante se subieron dos hombres jóvenes, vestidos de forma normal nada llamativo, quedaron más o menos colgando ya que el bus iba lleno en exceso”.

Olga dice que al principio no se veía nada raro, hasta que un conductor del bus que iba en el carril de al lado hizo señas advirtiendo que los hombres eran ladrones. “Empezaron a acomodarse de una forma extraña y le comenzaron abrir el bolso a la señora que estaba justo al lado de ellos en la escalera para subir. Mientras uno le abría la cartera, el otro lo tapaba”.

“Algunas personas, incluida yo, empezamos a advertirle a la señora que la estaban robando, pero uno de los ladrones se dio cuenta y como no pudo robarla entonces esperó a que el bus llegara a un semáforo se subió más sobre la escalera y nos escupió en la cara a todos los que estábamos cerca a la puerta de adelante. Luego se bajaron corriendo y nos enteramos que la señora no llevaba nada en el bolso (según sus palabras), y por eso no puso mayor atención al tipo ni hizo bulla”.

Andrea Peña, por su parte, contó que hace varios meses se encontraba en la casa de un amigo en el barrio Nuevo Kennedy y que a las 9 p.m. salió un tomar un bus hacia el barrio Suba Rincón. “Lo cogí en la avenida Ciudad de Cali con carrera 86. El colectivo cubría la ruta Suba, Aures, Villa María”.

“Acercándonos al Portal de las Américas el conductor dejó la puerta abierta, y en el pare de un semáforo abordaron 3 hombres muy armados. Uno se fue hacia la parte de atrás, el otro al medio, y el último se quedó en la puerta. “El celular”, “ la plata”, “esa pulsera” decían los hombres. Cuando me preguntaron yo le dije: “no tengo celular ya me lo robaron, y plata no tengo mire”, y les mostré mi billetera que por aquel día sólo tenía lo del pasaje”.

Andrea cuenta que cuando se bajaron el conductor no cerraba la puerta. “Parecía un cómplice. Algunos pasajeros que no les robaron el celular empezaron hacer llamadas a familiares. Le gritaban al conductor: por su culpa, cierre la puerta, y golpeaban en la ventana”.

“Más adelante, en Patio Bonito, apareció un policía. Se le comentó el caso, pero siguió en una moto y no puso cuidado. El camino de ahí hasta la casa fue eterno y horrible, desde ese día no volví a quedarme tan tarde por allá y siento temor a cualquier hora del día”.

Manuel De Angulo, habitante de Bogotá, también contó su historia que le sucedió el año pasado. “Eran las 8 de la noche, me dirigía con mi novia, desde el hospital San Ignacio (Universidad Javeriana) hacia el norte de Bogotá (calle 116 con cra 7). Nos subimos en un bus cuya ruta tomaba toda la carrera Séptima hasta la calle 147. El bus estaba lleno. Mi novia tomó el primer puesto detrás del conductor, al lado de un hombre con un bebé en brazos, y yo me paré al lado suyo, pues no había más puestos disponibles. En total éramos 3 personas de pie”.

“A la altura de la carrera 7 con calle 82, cuatro hombres pararon el bus y se subieron ubicándose así: dos en la parte trasera, uno de pie al lado mío y uno en la puerta del bus. Pensé que se trataba de artistas que interpretarían algo en el bus, como muchas veces sucede. El bus estaba quieto, pues el tráfico a esa hora no permitía avanzar más de 20 metros por minuto. En ese momento el hombre que estaba mi lado, saca un puñal, lo pone a cinco centímetros de mi cuello y grita: aquí todos ya saben que es esto así que van bajándose todos de los celulares. El hombre que se había ubicado en la puerta del bus le grita al conductor: quieto pirobo que esto no es con usted, si se las da de héroe aquí más de uno termina chuzado».

Manuel asegura que le raparon de las manos el celular al hombre que llevaba un bebé, tomaron dos celulares más de personas en la parte trasera del bus, y el hombre que lo amenazaba con el puñal lo requisó con la otra mano, y le dijo que le diera el celular o lo mataba ahí.

El robo no duró más de tres minutos y la gente afirmaba que ya habían oído de esa banda que operaba por esa zona. Al día siguiente me dirigí a un CAI móvil en la zona de la Av. Las Américas con 59 para poner la denuncia por hurto con arma blanca. La policía decidió no recibir la denuncia ni darle trámite bajo la siguiente excusa: Mano, se nos acabaron los formatos para denuncia. Diligencie el formato de pérdida que le venden en la papelería de enfrente que eso le sirve para reponer el celular”.

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