Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
¿Es posible que en un espacio de la ciudad se propicie la convivencia de ricos y pobres sin lugar a la discriminación? La actual administración cree tener la respuesta: se trata del proyecto del centro ampliado de Bogotá, en el que no solamente se planea construir 40 mil viviendas de interés prioritario para los ciudadanos que antes sólo podían vivir en la periferia, sino además abrir espacios para la inversión privada, como lo asegura el alcalde Gustavo Petro.
Aunque reconoce que no será fácil, que no podrá lograrlo de la noche a la mañana y que lo más complicado será transformar la cultura de los ciudadanos, el mandatario insiste en que se trata de un primer paso para empezar a superar la segregación: “Mantener una ciudad con ricos a un lado y pobres al otro es continuar con la lucha de clases. Lo que buscamos es una ciudad más democrática”.
Su visión coincide con la de expertos internacionales en el tema, como el profesor Dennis Frenchman del Instituto Tecnológico de Massachusetts, para quien “las ciudades brillan con la diversidad, con la creatividad, con la cultura, por lo que hay que diseñar modelos que contemplen usos mixtos”. Según Frenchman, entre los retos está atraer a las industrias de nuevo al centro, crear trabajos allí y proveer un rango amplio de servicios.
En sentido similar se manifestaron ayer los expertos en investigación urbanística de la firma danesa Gehl Architects, David Sim y Vannesa Ahuactzin, invitados por el Banco Interamericano de Desarrollo. Ambos concluyeron que la peatonalización de la carrera Séptima y su revitalización desde el barrio Las Cruces hasta el Museo Nacional, en la calle 28, es un buen inicio para la transformación del centro de la capital (ver mapa).
Pero, ¿cómo lograr en concreto que se dé la convergencia de la que habla el alcalde? David Sim lo explica en términos sencillos: “La mejor manera de juntar a pobres y ricos es a través del juego y la recreación. Un rico y un pobre tienen muchos más problemas negociando una situación si están en una mesa comiendo, que si están en una cancha jugando fútbol. Lo que debemos lograr en las ciudades es que la gente comparta experiencias”. Su propuesta indica que no son pocos los retos que tendrá la actual administración.
Para la secretaria de Hábitat y líder del proyecto, María Valencia, “la idea no es que todo el centro ampliado sea de interés prioritario, porque estaríamos construyendo también segregación. Combinar la población es uno de nuestros retos más significativos porque somos un país profundamente clasista y ésta es una guerra en la que el urbanismo puede incidir”.
Jorge Pulecio, secretario de Desarrollo Económico, también impulsa la apuesta: “Homogeneizar el suelo es más barato, pero la apuesta aquí es la mezcla de usos y, en últimas, de la sociedad ”. Según Pulecio, además de viviendas VIP se debe propiciar la creación de hoteles, centros de negocios, oficinas y todo tipo de mobiliario urbano.
En cuanto a las posibilidades reales del proyecto, el alcalde es realista: “Una opción es sacar a los pobres hacia afuera y dejar a los ricos adentro. La nuestra es revitalizar atrayendo poblaciones diversas. ¿Eso se puede hacer? Yo pienso que sí. Lo que no puedo garantizar es el éxito”.