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Creecen las dudas alrededor de la muerte del grafitero que en diciembre terminaba el bachillerato. Diego Felipe Becerra Lizarazo murió cuando le faltaban 12 días para cumplir 17 años. Sucedió el pasado viernes, en el barrio Pontevedra, mientras aparentemente pintaba un grafiti. Al lugar llegaron unos policías. Uno de ellos disparó. Todo lo demás es ahora materia de investigación por parte de la Fiscalía. Un caso prioritario, han dicho las autoridades.
Ayer se conoció el testimonio del supuesto conductor de un colectivo de servicio público que asegura haber sido asaltado media hora antes de la muerte del muchacho (ocurrida a eso de las 10:30 p.m.). “Eran tres chinos y una china”, explica en el denuncio que puso apenas el pasado lunes en la Fiscalía, cuando el escándalo por el asesinato ya se había tomado el país mediático. Se trata de la versión que daría peso a la explicación que da la Policía, que afirma que trataba de capturar a unos ladrones que se acababan de bajar de una buseta.
Según el conductor, quien tiene 50 años y cuya identidad no ha sido revelada por seguridad, el viernes a las 9:30 p.m. se encontraba cumpliendo con su ruta en la avenida Boyacá con calle 12, cuando se montaron tres jovencitos y una muchachita. Por el camino su esposa, que lo acompañaba en la cabina, “presintió” que en el vehículo había ladrones. “Por eso me guardé $200.000 del producido en el bolsillo y sólo dejé a la vista $60.000”.
Antes de llegar a la 127, uno de los muchachos le apuntó con un arma. “Una pistola negra, lo sé porque fui militar”. Mientras, la muchacha que lo acompañaba robaba a los 10 o 15 pasajeros “sus teléfonos celulares, sus bolsos, todo”. Los supuestos ladrones se habrían bajado del colectivo pocos minutos después y, según el denunciante, el que cargaba el arma era el mismo Diego Felipe Becerra Lizarazo. “Le veo la cara en el periódico y parece que lo estuviera viendo por el vidrio… me decía que le hiciera despacio o si no me hacía estallar el arma”.
Al tiempo en que se conoció este testimonio, se filtró a los medios la grabación de una llamada de unos cuatro minutos hecha esa noche por uno de los pasajeros del colectivo a la línea de emergencias 123. “Señor, mire, es que nos acabaron de atracar aquí, en una buseta. Nos quitaron los celulares, nos quitaron la plata… tres tipos y una mujer… la china va bien vestida”.
Después de conocer las dos supuestas pruebas, Gustavo Arley Trejos, el padre de Diego Felipe, aseguró que se trata de un montaje, pues su hijo no era más que un muchacho amante de la pintura, y pidió a la Policía que si la investigación resulta en que éste no tuvo nada que ver con el presunto atraco destituyan a los uniformados implicados en su muerte.
Varias dudas rondan su cabeza: si Diego Felipe y sus amigos eran los atracadores, ¿en dónde quedó el arma? ¿Y las cosas hurtadas? ¿Por qué la Policía no capturó a los compañeros de la víctima, siendo que éstos se presentaron en la Clínica Shaio, en donde murió el muchacho y estaba la autoridad? Y otro punto: ¿por qué el conductor da un número de colectivo y, en la llamada, el ciudadano da otro?
Ayer el director de la Policía Nacional, general Óscar Naranjo, prometió que hará todo lo que esté en sus manos para que la justicia se imponga en este caso. También habló al respecto la fiscal general, Viviane Morales, quien dijo que este sábado podrían estar listos los resultados de los análisis de Medicina Legal. Para ese día, los amigos de Diego Felipe preparan una marcha de protesta por su muerte. Mientras tanto, el policía que le disparó sigue separado de sus labores de vigilancia y sólo hace tareas administrativas. Eso afirmó la Policía.