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Una vez más, la número 14 desde el fin de semana pasado, la ciudad se despertó con el lado más rojo y crudo de las noticias. En la madrugada de ayer cuatro personas fueron asesinadas en distintos puntos de la capital. Tres de los casos tienen el sello indeleble del sicariato. La cuarta víctima, que pereció en un asalto a un bus en la avenida Ciudad de Cali con Esperanza, en el occidente de la capital, fue un subintendente de la Policía, a quien los tres asaltantes del vehículo amarraron al asiento (con las esposas del uniformado, que iba de civil), golpearon sin piedad y, por último, le dispararon. Miguel Martínez Tarazona murió cuando era trasladado hacia un centro de salud en el interior de una patrulla de la institución.
El primero de los homicidios de la noche del viernes ocurrió en el sector de Entrerríos, cuando dos hombres en una motocicleta le cerraron el paso a un taxi, conducido por una mujer que se movilizaba con su hija y su madre. Al bajarse del vehículo para reclamar, la conductora recibió dos disparos y murió en frente de su familia.
Más adelante, dos encapuchados ingresaron a un establecimiento comercial y, sin mediar palabra, apuntaron y dispararon contra dos hombres que se tomaban un trago en el lugar. Ambos fallecieron en el instante. El hecho se produjo en el sector de Álamos Norte.
El martes en la noche, en un alimentador de Transmilenio que circulaba en la localidad de Ciudad Bolívar, un joven fue asesinado a tiros por tres hombres que dispararon desde afuera del vehículo; el joven ya había sido amenazado con anterioridad, aunque las causas aún se desconocen.
Ante estos hechos, las autoridades rápidamente se apresuraron a abrir los micrófonos para condenar y anunciar sesudas investigaciones que permitan dar con los culpables. El coronel César Pinzón, comandante de la Policía Metropolitana, afirmó que ya se estaban buscando los autores del atraco al bus donde pereció el subintendente Martínez.
Con más cuerpos enfriándose en Medicina Legal, Bogotá es una de las ciudades más seguras de Latinoamérica, con cerca de la mitad de los homicidios (por cada cien mil habitantes) que se registran en Washington, según dijo el ministro de Defensa, Gabriel Silva, para quien la reciente ola de sicariato en la ciudad es evidencia de que la Seguridad Democrática funciona, pues los violentos se han venido a la ciudad luego de haberse sentido acorralados por las Fuerzas Militares en el campo.
A lo anterior se suma la suerte de polémica que se dio esta semana debido a unas afirmaciones de la secretaria de Gobierno, Clara López, quien aseguró que el número de homicidios bajó con respecto a lo registrado el año pasado. El concejal Orlando Parada desmintió a la funcionaria al asegurar que la cifra de 2008, sin problema, ya fue superada por un centenar más de casos.