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Este laboratorio de la universidad espera abrir los primeros días de agosto.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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El laboratorio hace parte de la Facultad de Odontología. Allí se estudiarán virus zoonóticos.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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En la puerta de entrada hay un monitor en el que se registran varios datos, como la temperatura del interior y el estado de cada una de las divisiones del lugar. Estas separaciones se clasifican por colores para autorizar o no el paso.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Este laboratorio es el primero de contención de nivel 3 de seguridad biológica (BSL3) que se habilita en Colombia.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Estos espacios contienen cualquier riesgo de difusión de aerosoles o salpicaduras de fluidos o líquidos corporales. Por eso, el sistema de aire es lo más importante.
Foto: Gustvo Torrijos
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Los filtros garantizan que si se presenta un accidente, como que se riegue un frasco con virus, el aire salga limpio. El proceso se hace por medio de unas turbinas y unos ventiladores, que están ubicados dos pisos arriba, justo en el pasillo que conecta a la universidad con el Hospital San Ignacio.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Para entrar, el personal autorizado debe contar con un traje especializado, que cuesta cerca de $8 millones.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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En estas cabinas de seguridad biológica se trabaja con los virus “vivos”. Aquí se pueden realizar secuenciación genética, por ejemplo.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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El traje cuenta con un casco de plástico, botas de caucho blancas, un par de guantes hasta el codo y un motor con un filtro para que no exista algún riesgo de contagio con los virus que allí se estudian.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Sebastián Velandia es el oficial de bioseguridad y se encarga de monitorear 24/7 este laboratorio y de velar porque todas las normas de bioseguridad se cumplan.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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Nelly Roa, directora del Centro de Investigación Odontológica.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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María Fernanda Gutiérrez, investigadora principal del proyecto.
Foto: Gustavo Torrijos Zuluaga
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