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Entre el 16 y el 21 de febrero del 2000, el corregimiento de El Salado, del Carmen de Bolívar (Bolívar) vivió el peor de los escenarios de terror. Durante esos seis días, 450 paramilitares del bloque Norte, al mando de Salvatore Mancuso y Jorge 40, torturaron y asesinaron a más de 60 personas, mientras tocaban gaitas y tambores frente al resto de la comunidad.
Foto: Iván Muñoz Franco
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Como consecuencia de la masacre, casi 4.000 se desplazaron y el pueblo quedó convertido en un pueblo fantasma. Entre 1997 y 2004, solo de El Carmen de Bolívar salieron desplazadas más de 90 mil personas.
Foto: GUSTAVO TORRIJOS
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José Manuel Tapia fue una de las personas asesinadas. Tras la masacre, las familias llevan años rogando por verdad y reparación.
Foto: GUSTAVO TORRIJOS
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Luego del vaciamiento del territorio, las tierras pasaron por varias manos: de empresarios antioqueños a la cementera Argos. Esta última inició un proyecto de cultivo de teca para madera hasta que algunos de los terrenos fueron reclamados por las víctimas.
Foto: Iván Muñoz Franco
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Carlos Agámez y Ricardo Ortega viven en la vereda El Respaldo. Ellos son dos de los beneficiarios a los que les restituyeron sus predios en 2016 y 2017. Sin embargo, parte de sus familias no regresaron.
Foto: Iván Muñoz Franco
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Organizaciones como la Comisión Colombiana de Juristas, que representa a las familias de las víctimas, han alertado en repetidas ocasiones sobre la continuidad de la presencia y acciones de grupos armados en la zona y la falta de reparación integral por parte del Estado.
Foto: GUSTAVO TORRIJOS
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En la cancha donde hace 23 años los paramilitares abandonaron más de 30 cuerpos, hoy hay un símbolo de paz. La comunidad de El Salado se resiste a dejar su territorio. En cambio, llevan una lucha por la restitución de las tierras, la vida digna y la construcción de memoria.
Foto: Iván Muñoz Franco
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