Crónicas de Carnaval: la oportunidad de rebusque en las fiestas

Mario y Tatiana, una pareja de esposos barranquilleros, sobreviven todo el año a través de la informalidad laboral, pero en carnavales, aunque sólo sea por cuatro días, sus ingresos son mayores.

Foto: Pixabay.
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Para muchos es Batalla de Flores y para ellos, batalla de ventas. ¡Quien lo vende es quien lo goza con el rebusque en La Arenosa!  Esa es la frase que define a Mario y Tatiana, una pareja para quienes el fin de semana de carnaval se convierte en la oportunidad perfecta de obtener dinero extra.

Son las 10:00 de la mañana y en plena Vía 40 decenas de personas se aglomeran en busca de una botellita de agua, una latica de cerveza o una cajita de talco para ensuciar al resto y, por supuesto, en este escenario de demanda aparecen Mario y su esposa Tatiana representando la oferta.

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Desde hace más de 9 años, la venta de todo tipo de productos hidratantes como agua, jugos, gaseosas y cerveza, sumado a los productos de diversión como espuma y talco, han sido la constante de sustento de vida para estos esposos que subsisten el resto del año a través de esta actividad.

Viven juntos hace 14 años y tienen dos hijos: Daniela, de 13 años y Juan Diego, de 8 años. Son moradores del barrio La Pradera, en el suroccidente de Barranquilla, y han sacado su familia adelante con la venta ambulante. Son católicos y amantes del carnaval, todos los años salen a las fiestas disfrazados y con la mejor energía para ofrecerles sus productos a residentes y turistas.

Bajo el sol caliente de un sábado en Barranquilla, a las 2 de la tarde, y con una temperatura de 38° centígrados, Tatiana logra vender en menos de 10 minutos, 30 latas de cerveza a $3.500 pesos cada una, y 7 botellas de agua de $2000 pesos. A esa hora del desfile los asistentes tienen sed. Tras una jornada llena de mucha música y baile la gente se antoja de una cerveza, y también aprovechan para comprar espumas de $5.000 mil pesos, pues quieren continuar con la recocha.

El reloj marcó las 5:30 de la tarde, justo en el atardecer barranquillero, y la pareja de esposos se quedó sin una sola botella de nada. La venta fue exitosa y la neverita vacía lo confirma.

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