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Embelesado por un atardecer —un crepúsculo que se contempla mejor desde el muelle de Puerto Colombia—, un hombre le da la espalda al viento para encender un cigarro con el mechero que guarda en el bolsillo de su camisa. Tiene más de tres horas de estar sentado sobre la estructura, con los pies en el aire y sosteniendo en una de sus manos un pedazo de nailon. Todavía no ha atrapado un pez. Asegura que antes, cuando se podía recorrer el muelle de 1.219 metros de longitud, era más fácil pescar.
Son casi las 6 de la tarde y sobre lo que en 1920 fue el principal terminal marítimo de Colombia hay nueve personas: cinco de ellas intentan atrapar peces, las otras cuatro están distraídas mirando el ocaso.
El muelle de Puerto Colombia, considerado a finales del siglo XIX como el segundo más largo del planeta, está fraccionado en cuatro pedazos y el 7 de febrero se cayó el monumento de bienvenida. Empresas privadas y del Estado han realizado estudios para reconstruir este Bien de Interés Cultural (BIC), pero sólo han sido proyectos de papel, porque ninguna de esas propuestas que se empezaron a gestar desde el año 2000 se han tenido en cuenta.
El Ministerio de Cultura en el informe “Inversión intervención 1997-2010” señala que en 2009 se invirtieron 80 millones de pesos en un estudio técnico para recuperar el muelle. Un año antes, esta cartera del Gobierno Nacional, a través de la Resolución 1223, aprobó el Plan Especial de Manejo y Protección (PEMP) de la estructura, con el que se conoció el área afectada, el nivel permitido de intervención y las condiciones de manejo de la obra.
En el documento queda constancia de que el muelle de Puerto Colombia es propiedad del Ministerio de Transporte y que el exgobernador del Atlántico Eduardo Verano de la Rosa incluyó en su plan de desarrollo departamental 2008-2011, “Unidos, todo se puede lograr”, la rehabilitación de la estructura. Pero de esto último no ha pasado nada. El gigante sin dolientes, que hace más de ocho décadas dejó de ser el principal terminal marítimo del país, se está cayendo a pedazos.
Según el exmandatario, en 2010 se contrató un estudio para determinar si era viable o no la recuperación del muelle y la investigación concluyó que el Bien de Interés Cultural está “totalmente deteriorado”. Pero otra cosa piensa el secretario de Cultura de Puerto Colombia, Iván Wharff, quien asegura que el muelle va a aguantar el tiempo que sea necesario para que se restauren los primeros 200 metros de la estructura. “De no ser así, se hubiese caído hace rato”.
El año pasado, el gobernador del Atlántico, José Antonio Segebre, dijo que se utilizarían $6 mil millones por concepto de regalías y los recursos que se adquirieran con la venta del Distrito 20 de Carreteras (predio de 4 hectáreas que está ubicado en Barranquilla) para reconstruir parte del muelle. Sin embargo, el mandatario ahora señala que el lote no se puede vender porque es un bien de utilidad pública.
El director de Patrimonio del Ministerio de Cultura, Juan Luis Isaza, afirma que la reconstrucción de la estructura depende en gran medida de la gestión que la Gobernación esté realizando en relación con este terreno. Aclara que su “destinación es específica para la recuperación del muelle”.
A cuatro meses de que finalice el año 2013, no se sabe cuándo se iniciarán los trabajos de reconstrucción del BIC. Los porteños hace tiempo que dejaron de creer en estudios. Parece que se resignaron a ver morir al gigante que convirtió a Barranquilla en la Puerta de Oro de Colombia.
“El Ministerio de Cultura, a la fecha, no ha recibido por parte del departamento del Atlántico y el municipio de Puerto Colombia un proyecto dirigido a la conservación de 200 metros de la estructura del muelle; por lo tanto, no conoce sobre la inversión que se requiere y el tiempo estimado para la ejecución de una propuesta en este sentido”, dice Isaza.
Los porteños quisieran creer que este proyecto, la enésima propuesta que se conocerá para reconstruir el muelle, sí pasará de los papeles a la ejecución, pero no se hacen ilusiones, ya están acostumbrados a ver como el mar se traga lentamente la estructura por donde arribaron miles de inmigrantes a finales del siglo XIX y comienzos del XX.