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El dueño de la bodega hizo público su secreto porque el guardar el horno superó con creces la idea inicial de conservarlo bajo su custodia por menos de un año "me dijeron que sería por solo cuatro meses, mientras encontraban un espacio para ubicarlo en el Hospital, y mire por donde va eso. Ese horno me está perjudicando, y lo peor es que nadie se ha querido hacer responsable de él", indicó Jorge Palacio.
En el 2003, el gerente del Hospital Pediátrico le dio a guardar el horno a Palacio porque en el centro de salud no había espacio.
Dos años después de tener el horno guardado, Palacio empezó a tratar de devolverlo, habló con el hospital, con la Alcaldía de Barranquilla y con la Contraloría Distrital, pero el tema quedó olvidado.
"Me dijeron que no había presupuesto para eso, que debía pasar una cuenta de cobro y esperar cuatro años más para ver si me podían dar algo. Una persona de allá me preguntó si quería devolver el horno porque ya le había sacado toda la plata que podía, y que mi obligación era donarlo", declaró Jorge Palacio, después de acercarse a la Oficina de Liquidaciones del Distrito en la última semana.
El horno fue donado por parte del Ministerio de Salud en el 2003, luego el distrito se lo pasó al Hospital Pediátrico. El contralor distrital de Barranquilla le dijo a El Heraldo que "el director Barros se quedó quieto y dejó el horno en una bodega para no quitarle el negocio a la empresa que disponía los desechos sólidos – Asear S.A.-. El propósito desde un principio era que el equipo nunca funcionara. Haremos las investigaciones fiscales para encontrar a los responsables, porque hubo negligencia", aseguró Jorge Iglesias.